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MITOLOGÍA MEXICANA.

dado a el por los mexicanos; y al cierre del festival en su honor los fuegos en los templos y viviendas se apagaban, y vueltos a prender de uno prendido ante este ídolo.

Centeotl, la "diosa de la tierra y el maíz;" y conocido, también, por otra palabra que significa "ella quien nos apoya". Se trata de una diosa devotamente adorada por los totonacas, que creían que en el transcurso del tiempo, ella los liberaría de la esclavitud de otros dioses y aboliría los horrores del sacrificio humano. A ella sólo le ofrecían palomas, codornices, liebres y tales animales inofensivos. Ella fue la Ceres mexicana. Mictlteuctli, "el Dios del infierno" y su compañera. Le hacían sacrificios en la noche, y sus sacerdotes se vestían de negro durante su asistencia a los altares.

Joalteuctli, "el Dios de la noche"; fue la divinidad que daba sueño a los niños, mientras que Joalteuctli era la diosa de cunas y presidia sobre los bebés y la vigilancia nocturna.

La siguiente deidad era la más honrada por los mexicanos y considerado como su principal protector— Huitzilopochtli, o Mexitli, "el Dios de la guerra," el Marte mexicano.

Este fue el gran poder que llegó a ser, (de acuerdo a su tradición), protector de los mexicanos; conduciéndoles por años en su peregrinación y al final, les asentó en el lugar donde posteriormente fundaron la gran ciudad de México.

"A él construyeron ese magnífico templo tan celebrado por los españoles. Su estatua era de tamaño gigantesco, en la postura de un hombre sentado en un banco de color azul, desde las esquinas del cual surgían cuatro serpientes gigantescas. Su frente era azul y su rostro y la parte posterior de su cabeza estaban cubiertos con máscaras de oro. Llevaba una cresta en forma de pico de un pájaro. En su cuello había un collar de diez figuras de corazón humano. En su mano derecha llevaba un mazo azul, enorme y retorcido—en su izquierda un escudo, en el que había cinco bolas de plumas dispuestos en forma de cruz, desde cuya parte superior se elevaba un estandarte de oro con cuatro flechas, que los mexicanos creían que habían sido enviadas desde el cielo para realizar las acciones gloriosas de su historia. Su cuerpo estaba preparado con una gran Serpiente dorada y adornado con varias figuras de animales menores, hechos de oro y plata y piedras preciosas, cada uno de los ornamentos tenía un significado peculiar."*

Siempre que los mexicanos contemplaban guerra, este Dios era implorado para protección y le ofrecían un mayor número de víctimas humanas que a cualquiera de las otras deidades. La única figura que encontré en México sobre la cual los anticuarios parecían estar de acuerdo en la representación de este Dios, (aunque no con todo el esplendor descrito por Clavijero,) fue la siguiente: es en bajorrelieve y está en la colección de Don Mariano Sánchez y Mora, ex-Conde del Peñasco.

* Ver Clavijero and McCulloh.