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MÉXICO.

Además de estas tribus, hubo otras en el país en la época de la conquista. Los Tarascos que habitaban Michoacán, los barbaros Otomies, Olmecas y Xicalancas y Mixtecos y Zapotecas;—estos últimos son considerados por Humboldt, inclusive superiores a los mexicas en cuanto a civilización y fueron probablemente anteriores, a la fecha de emigración a los Toltecas. Además de esto, se debe tener en cuenta que el antiguo Imperio Mexicano no abarcaba (como se supone generalmente,) la totalidad de lo que hoy es la República de México, o anteriormente la Nueva España. Al este, estaba delimitada por el río Coatzacoalcos; en el norte, no se extendía más allá de Tuxpan; al oeste, estaba bañado por el Pacífico; y en el sur, llegó, con toda probabilidad a cerca de los límites de lo que ahora son las provincias de Chiapas y Tabasco.[1]

Se recordará, que después de la "peste y el hambre" que redujo los números de Toltecas, la mayor parte de los sobrevivientes emigraron a Yucatán y Guatemala; estos eran un pueblo altamente civilizado,—Vivian en casas y construyendo templos—a quien, quizás, los mexicanos estaban endeudados por el germen de su refinamiento posterior. ¿No es, entonces, muy probable, que las antiguas ruinas encontradas por el Sr. Stephens, dispersas en Guatemala, Yucatán y Chiapas, fueron los palacios y templos de esta raza errante? Me impacta, que nadie puede comparar incuestionablemente el jarrón Tolteca encontrado en el departamento de Tula y descrito en la página 108, las esculturas de piedra de sacrificio, en la página 119; y de hecho las características generales de la escultura, ídolos y figuras hasta ahora representadas, con aquellas dibujadas por el Sr. Catherwood y dudan de la identidad o cercana conexión entre la gente. Tenemos toda evidencia de la gran civilización entre los mexicanos, como han observado en las páginas anteriores. Tenían templos, dioses, jardines, magníficas viviendas y toda la parafernalia de un espléndido Imperio. Este Imperio estuvo en plena potencia y gloria en la época de la conquista española. Su límite sur limitaba casi con Guatemala y Yucatán y, con la parte más distante, había, sin duda, una comunicación se mantuvo con la Capital. ¿Por qué, entonces, no podían los palacios de Uxmal, Palenque y Chiapas, ser habitados y sus altares y templos utilizados como lugares de sacrificio en los días de Cortés, así como las alturas de Chapultepec—o el Teocalli de México?

El silencio de los historiadores contemporáneos con respecto a las antiguas ciudades de Yucatán y Guatemala, no es ningún argumento en contra de que fueron habitadas. Los dos mejores escritores, Cortés y Bernal Díaz, eran soldados, no anticuarios. Vinieron por la conquista, no para investigación; y es muy lamentable que la historia de Guatemala, que se sabe existia hace unos años en ese país, en el manuscrito original de Diaz, (y que una vez estuvo posesión del Sr. Whitehead, de México) se ha perdido totalmente en los tumultos y confusión de ese país.

Me parece imposible creer que el valle de Mexico fue la única sede de refinamiento, buen gusto y lujo en el itsmo, o que un

  1. Ver Humboldt, Clavijero, y McCulloh