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EMIGRACIÓN DE LAS TRIBUS.

poderoso imperio existió en todo su esplendor, mientras las pirámides, templos, palacios y edificios que están representados en los dibujos que acompañan estas cartas, fueron abandonados en el bosque y a sus bestias. No puedo creer que en un espacio geográfico tan pequeño podría haber tales anacronismos palpables,—tanta luz en un lugar con tanta obscuridad a su lado;—que la gente, en el apogeo de refinamiento social y arquitectónico, debían haber tenido vecinos a una distancia de 100, 200 o 300 millas, que eran absolutos salvajes, mientras, unos pocos grados hacia el sur, hubo otro estrato de la civilización conocida en el Perú.

No confío en todas las fechas asignadas por los historiadores mexicanos, para el ascenso y caída de los Toltecas y aztecas. Hay dudas entre los mejores escritores sobre estos temas. El período durante el cual continuó su emigración desde el norte, puede ser correcta; pero pongo en duda la exactitud del tiempo dado para el inicio y la propagación de sus respectivas monarquías, especialmente, cuando recordamos las cantidades que cayeron en batalla o bajo el cuchillo de sacrificio. Los imperios estaban sumamente poblados, y parecería que necesitaban siglos para reunir a toda la población que existía en el Valle de Anáhuac después de los estragos que finalizaron la influencia tolteca.

Además de esto, los mexicanos alcanzaron gran refinamiento desde barbarie absoluta, o de la ignorancia comparativa y los malos hábitos que habían contraído durante una largga emigración. Esto requiere tiempo. El crecimiento de las naciones es gradual. ¿Cuánto tiempo se requierió para amontonar la colina de Xochicalco—a cavar la zanja de una legua y media—a sacar sus inmensas piedras—para traerlas desde sus cuevas distantes—llevar a la Cumbre del montículo—a amontonar en los varias pisos de la pirámide—y, por último, cubrir el conjunto con talla elaborada? ¡Cuánto tiempo requiere para preparar la mente de una nación, paso a paso, la idea y la construcción de un edificio así;—que, debemos recordar, no es sino uno de miles!

Es difícil determinar lo que podría haber sido el alcance de nuestro conocimiento de todas las preguntas con las que empezó a esta carta, si los santos padres, en lugar de hacer fogatas con registros mexicanos, los hubieran estudiado con celo anticuario. Sin embargo, yo al menos estoy satisfecho, que si no sabemos nada del origen de la gente de América, por lo menos estemos seguros de que Palenque, Uxmal, Copán, México, Xochicalco, Teotihuacan, Cholula, Papantla, Tuxpan y Mitla, eran las viviendas y los templos de naciones civilizadas en la época de la conquista española. Si alguna vez la ciudad de la cual el Sr. Stephens ha escuchado, existente entre las montañas, (sin visitar hasta ahora por hombres blancos,) es penetrada por alguna futura banda de viajeros aventureros, quizás, podrá resolverse el misterio. Que esa ciudad existe, no lo creo por ningún motivo improbable, cuando que se recuerde, que cerca de la ciudad de Cuernavaca, quizás no más, de setenta millas de la Capital de México, hay una aldea India poblada y bien gobernada, disfrutando de sus costumbres nativas y se niegan a mantener relaciones con los españoles. ¡Que tan más probable es que debería haber tribus primitivas de las que no tenemos la más mínima información flo-