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MÉXICO.


México, no debe, sin embargo, halagarse, de que el mundo está humildemente de rodillas buscando la admisión en su portal. No es así. Se ha exhibido por mucho tiempo la imagen de un hogar mal regulado y pendenciero para tentar a la humanidad para convertirse en sus reclusos, a pesar del encanto de su belleza. No creo que ella nunca avanzará a cualquier grado de grandeza, sin emigración extranjera a sus costas; aun así, para atraer una afluencia de artesanos y obreros, maduros desde los campos mejorados y los talleres hábiles del resto del mundo, ella debe demostrarse digno de su llegada por el futuro pacífico y próspero, que ella promete para protegerlos.

Si México, sin embargo, considera necesario seguir un estrecho sistema de exclusión, similar a la que sufrió mientras era colonia de España, confieso que solo veo pocas perspectivas para su futuro. Ella querrá la ilustración de ejemplo—la virtud de emulación. Mientras Santa Anna siga a la cabeza de los asuntos y sea capaz de mantener el control sobre el ejército por pago o por apego a su persona—mientras su notable genio continúe preservando la tranquilidad. Pero puede ser paz de miedo,—subordinación al miedo—la mudez de esclavitud. Si, entretanto, opta por llevar la gente gradualmente a un conocimiento de sus derechos y un hábito de autonomía, mientras que para siempre, destruye los disturbadores de la paz, — él merecerá un lugar alto en la historia del progreso de este continente.

¡Pero si por el contrario, es seducido por la posesión del poder o sólo sigue manteniéndolo por despotismo y saqueo;—si el resultado de su administración es infructuoso, y aquellos que vinieron en autoridad bajo promesas solemnes de purificar el Gobierno serán demostrados falsos a su confianza;—si tales sólo son los resultados de tanta guerra y tumulto, la caída de México está, en efecto, cercana!

Las nubes de rebelión que tanto tiempo han bajado sobre el país, descenderá en baños de sangre,—y una guerra de retribución, o, de castas, como en Guatemala, deberá terminar el círculo y abandonar nuevamente el buen territorio de México a los bosques y sus bestias o ser botín de algún invasor extranjero.


En cada caso, su destino debe ser muy interesante para el pueblo de los Estados Unidos. Si la paz y su tren de atención resulta, serán bendecidos con éxito y felicidad, nuestro apuesta y simpatía con su sistema republicano debe ser grande y duradera. Si anarquía y desmembramiento de sus Estados sigue, estaremos afectados por un vecino peligroso y molesto enemigo. Pero si se trató de una ocupación extranjera, la sangrienta guerra que debe derivarse, sólo terminará con la expulsión de los intrusos y el restablecimiento del republicanismo en este continente.