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E. BLASCO.

trate bien se venderá doble. ¡En la América del Sud le queremos como á ser sobrenatural!

 A pesar de lo que el abonado decía, Vaucorbeil haría sacrificios grandes por presentar al público parisiense nuestro tenor, y acaso este día no está lejano.

 Gayarre, sin embargo, no tiene prisa. Sabe que á pesar de ser la Grande Opera el desideratum de tantos artistas, las compañías que en este teatro cantan las obras son generalmente medianísimas; la dirección y el público, aunque á los madrileños les parezca extraño, le dan aún más importancia al baile que á la ópera, y en esto hay mucha culpa de la dirección misma, porque no cuenta con un artista verdaderamente extraordinario. La Opera necesita á Gayarre, y él no la necesita á ella; de modo que debe repetir á sus solas aquello de que lo que está de Dios, á la mano se viene.

 En cambio adora á Italia, recuerda sus triunfos de Viena y de Rusia; tiene cariño verdaderamente filial á Madrid.... ¡Oh, Madrid! Algo ha pasado en él que ha producido á Julián cierta sonrisa amarga. Yo no sé quién ha dicho en un periódico, hablando de un tenor extranjero, que al cantar los Hugonotes había hecho olvidar á todos los que habían cantado antes que Gayarre.

 — ¡Pronto me han olvidado! exclamaba hace tiempo.....

 En honor de la verdad, el patriotismo obligaba a no olvidar; pero en estas apreciaciones particulares no entra el público, aquel público que cuando nos aplaude á