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E. BLASCO.

los días hacer su visita á la santa anciana, que vivía feliz viendo al hijo querido adelantar rápidamente en sus negocios.

 Parecían dos enamorados. Poco le importaban á Cadenas la Bolsa, las minas, la política, cuanto hay en el mundo, á la hora de ir á besar en la frente á la madre querida.

 ¡Antes que ella, no había nada!

 Y no hay que dudarlo, el que es buen hijo, será forzosamente buen padre, buen ciudadano, buen amigo.

 Cadenas tenía, al empezar á vivir, muchos envidiosos.

 ¡Cuántas veces he oído en los cafés, en la chimenea del Casino, en los saloncillos de los teatros, murmurar de él sin motivo fundado!

 Pero la envidia no contó con la habilidad de la víctima.

 Cadenas es un hombre práctico. En su casa hay un gran libro exclusivamente dedicado á lo que allí se llama el sablazo de los amigos.

 Acaso el lector que lleve muchos años de ausencia de España, ó el americano que lea este libro, ignorarán lo que es un sablazo en la tierra de los hidalgos y caballeros.

 Un sablazo es la petición del dinero que no se devuelve.

 Cadenas se propuso que lo acribillaran los madrileños, y la envidia calló.