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MIS CONTEMPORÁNEOS.

dureza. Manzanedo ha conseguido largamente ambas cosas.

 Su inmensa fortuna produce, como es natural, odios, envidias y observaciones insolentes.

 El dinero que se adquiere en las artes no molesta á nadie. Los políticos y los hombres de negocios tienen siempre en contra al resto de la humanidad, que no concibe, por ejemplo, la ganancia de un millón en media hora. A nadie se le ocurre denostar á la Patti porque gana en una noche diez mil francos; pero el obrero que compone un cristal roto en él palacio de Sintoña y no cobra por aquel cristal más que ocho reales, detesta y murmura entre dientes del dueño de la casa, si sabe que ha sido obrero como él; porque el vidriero no espera cantar nunca una ópera, pero cree que tiene el mismo derecho que su igual para ganar seiscientos millones.

 Y sin embargo, hay que reconocer, siendo verdaderamente imparcial, que no se llega á una fortuna colosal sin una gran inteligencia. Inteligencia limitada, circunscrita á los negocios y nada más, pero no por eso menos respetable.

 Veces hay en que yo preferiría saber hacer un clavel artificial á escribir un drama.

 Manzanedo, como vecino de Madrid, es un ser vulgarísimo; con lo que él ignora publicaría yo una Enciclopedia á ninguna otra parecida; pero su fortuna, que tantos comentarios merece, no se hace siendo tonto.