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E. BLASCO.

pero expresadas con suma gracia. Observador profundo, estudiaba el corazón humano en sus propias hijas, de las cuales contaba lo siguiente, sumamente práctico:

 — Cuando yo sacaba las niñas á pasear — decía — solía observar cosas como ésta.

 Pasaba junto á nosotros un muchacho; nos saludaba; una de las niñas decía:

 — Papá, ¿quién es ése?

 — Un excelente muchacho que vive de su modesto sueldo, con el cual mantiene á su madre. ¡Ni una deuda, ni un vicio, nada! ¡Un hombre de bien!

 Las niñas seguían su paseo, sin darle gran importancia á la respuesta.

 Pasaba otro joven que me saludaba también.

 — Y ése, ¿quién es? — volvían á preguntar.

 — ¿Ese? Un perdido, un calavera deshecho, un engañador de mujeres....

 Las dos niñas se volvían á mirarle inmediatamente!

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 Sus observaciones sobre el arte de la escena eran siempre nuevas.

 — Ustedes se equivocan siempre — exclamaba — al juzgar sus propias comedias. El público piensa siempre de ellas lo contrario que el autor. ¿Y sabe usted por qué? Porque el público ve la comedia de cara, mientras que ustedes la ven siempre de espalda.

 Y hay mucho de verdad en esto.