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LUZ MJAR

do el rigor del dominio, aun en muchos códigos i en el nuestro, la mujer permanece sometida a la autoridad del marido, despojada de la capacidad jurídica de que goza de soltera, queda considerada en la condición de los menores, los locos i los fatuos... Debe obediencia al esposo, habitat donde él tenga por conveniente, entregarle la administración de sus bienes, i soportar que disponga de los gananciales aun cuando ella contribuya a su adquisición con su esforzado trabajo, como ocurre a menudo. En cambio, la mujer no puede ejecutar ningún acto civil, no tiene facultad para vender sus propios bienes, ni aun para comprar otros, sin el consentimiento del marido. Le debe eterna fidelidad i en caso de infracción, el marido puede matarla autorizado por la lei que le absuelve; pero ella está obligada a soportar las infidelidades diarias, el maltrato i hasta los golpes, sin apartarse jamás del hogar conyugal, pues en caso de hacerlo el marido puede pedir el depósito de la mujer, i ésta someterse a tan depresiva condición o perder el derecho a la pensión alimenticia.

 Antiguamente que la mujer vegetaba en la ingnorancia i la inacción, que su papel se desarrollaba en la tranquilidad del hogar, siendo su ideal la obediencia al marido, la resignación a los sufrimientos i el amor a los hijos, tal estado de cosas podía subsistir sin grandes trastornos individuales i sociales. Mas hoi que la mujer cultiva su inteligencia, lucha por la vida, trabaja eficientemente, produce, forma su carácter en el esfuerzo, se nutre de principios científicos, libera su conciencia, se dignifica, refina i ennoblece sus sentimientos, ama i vive la libertad por las nuevas modalidades que inpone la vida moderna, la organización actual del matrimonio, resulta anacrónica, absurda, perjudicial, fuente de graves conflictos domésticos que proyectan funestas consecuencias a la moral social.

 I no sólo desde el punto de vista de la evolución femenina, también por parte del hombre, vemos que sus pasiones se elevan, que su ideal de esposa