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LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE

jero. No pudo asegurarse de si era una voz de hombre ó de mujer. No logró saber lo que decia, pero cree que hablaba en español. El estado del cuarto y de los cuerpos fué descrito por este testigo, como lo describimos ayer nosotros.

«Enrique Duval, un vecino, platero de oficio, depone que fué uno de los que primero entraron á la casa. Corrobora el testimonio de Muset, en todo. Inmediatamente que forzaron la entrada, volvieron à cerrar la puerta, para no dejar penetrar la multitud, que se juntó muy pronto, a pesar de lo avanzado de la hora. Este testigo cree que la voz aguda, era de un italiano. Está cierto que no era la de francés. No puede asegurrar que era una voz de hombre. Puede haber sido de una mujer. No conoce el idioma italiano. No pudo distinguir las palabras, pero está convencido, por la entonación, que el que hablaba era un italiano. Conocía á la señora L. y su hija. Había conversado muchas veces con ambas. Está seguro que la voz aguda no era la de ninguna de las dos víctimas.

«Odenheimer, hostelero. Este testigo se ofreció voluntariamente. No hablando francés, fué examinado por medio de un intérprete. Ha nacido en Amsterdam, Pasaba por la casa al tiempo de los gritos. Duraron algunos minutos — probablemente diez. Eran prolongados y fuertes — terribles y aflictivos. Fué uno de los que entraron a la casa. Corrobora los datos de los demás, con una sola excepción. Está seguro que la voz aguda era de un hombre — de un francés. No pudo distinguir las palabras proferidas. Eran fuertes y precipitadas desiguales y dichas aparentemente con tanto miedo como cólera. La voz era áspera — no tan