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EDGAR POE. — NOVELAS Y CUENTOS

por sí mismos. No se podia escapar á esta conclusión. Llegué hasta la ventana libre de muebles, quité el clavo con alguna dificultad, é intenté levantar el marco. Resistió á todos mis esfuerzos, como lo habia esperado. Conocí entonces que debía existir un oculto resorte; y la corroboración de mi pensamiento, me convenció de que mis premisas eran reales, por más misteriosas que todavia me aparecieran algunas circuntancias relativas á los clavos. Una cuidadosa investigación me hizo encontrar bien pronto el escondido resorte. Lo apreté, y satisfecho de mi descubrimiento, me abstuve de levantar el marco.

«Entonces volví á colocar el clavo en su sitio y lo contemplé atentamente. Una persona al salir por la ventaná podia haberla cerrado de nuevo, y el resorte hubiera calzado — pero el clavo no habría podido ser puesto en su lugar. La conclusión era clara y limitaba de nuevo el campo de mis pesquisas. Los asesinos debían haber escapado por la otra ventana. Suponiendo, entonces, que sobre cada marco habia un resorte idéntico, como era probable, debía haber alguna diferencia entre los clavos, ó al menos, entre los modos de su colocación. Habiendo subido al armazón del lecho, registré minuciosamente el segundo marco, por sobre la cabecera de la cama. Pasando mi mano por detrás de ella, encontré bien pronto y oprimí el resorte, que era, como había supuesto, igual á su vecino. Después lo miré. Era tan grueso como el otro, y aparentemente metido de la misma manera — hundido casi hasta la cabeza.

«Vd. diria que yo estaba confundido; pero si Vd. piensa eso, es porque no ha comprendido la naturaleza de las inducciones. Para usar una frase de juego (spor-