Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/104

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 Un maestro Lacedemonio, á quien por burla se preguntaba ¿que enseñaría á su discípulo? respondió: le ensenaré á amar las cosas honestas. Si yo hallase entre nosotros á semejante hombre, le diria al oido: guardaos bien de hablar asi, porque jamas tendréis discípulos; pero decidles que les enseñaréis á charlar, agradablemente, y yo respondo de vuestra fortuna.

 En vez de las armas que en otro tiempo se pintaban en los coches y carrozas, en el dia se les adorna á costa de grandes gastos, de pinturas escandalosas, como si fuese mejor darse anticipadamente á conocer á los pasageros por un hombre de malas costumbres, que por un hombre de calidad. Lo que mas incomoda, es que sean las mugeres las que han introducido este uso, y las que le sostienen. Un nombre sabio á quien se enseñaba una carroza de esta especie, no bien hubo echado los ojos sobre los paneles de ella, cuando dejó á su dueño diciendole: Enseñad esta corroza á mugeres de corte; un hombre honrado no se atrevería á servirse de ella.

 Nuestros jardines estan adornados de estatuas, y de pinturas nuestras galenas. ¿Y