Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/135

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siado grande para tí; tus sentimientos, tus deseos, tu inquietud, tu mismo orgullo, tienen otro principio que ese estrecho cuerpo en que te sientes encadenado.

 Si el alma es inmaterial, puede sobrevivir al cuerpo, y si le sobrevive, está justificada la Providencia. Aun cuando yo no tuviese otra prueba de la inmaterialidad del alma que el triunfo del malo y la opresion del justo en este mundo, esto solo no me dejaria dudar de ella. Una disonancia tan chocante en la armonía universal me haria que procurase resolverla. Me diria á mí mismo: no acaba todo para nosotros con la vida; con la muerte todo vuelve á entrar en el órden. Yo á la verdad me veria indeciso al preguntarme ¿donde está el hombre, cuando todo lo sensible que habia en él se ha destruido? Esta pregunta no es una dificultad para mí, tan luego como he reconocido dos sustancias. Es cosa muy sencilla que durante mi vida corporal, no percibiendo nada sino por mis sentidos, se les escape lo que no está sometido á ellos. Cuando se ha disuelto la union del cuerpo con el alma, concibo que puede destruirse el uno, y conservarse la otra. ¿Por que la destruccion de