Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/166

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mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles la vida agradable y dulce; he aquí los deberes de las mugeres en todos tiempos, y lo que debe enseñarselas desde su infancia.

 El ascendiente que las mugeres tienen sobre los hombres no se es en sí mismo un mal, es un don que les ha hecho la naturaleza para la felicidad del género humano; mejor dirigido, podria producir tanto bien cuanto hace de mal en el dia. No se conocen lo bastante las ventajas que la sociedad sacaria de darse una educacion mejor á esta mitad del género humano que gobierna á la otra mitad. Los hombres serán siempre lo que quieran las mugeres: si quereis, pues, que ellos sean magnánimos y virtuosos, enseñad á las mugeres lo que es grandeza de alma y virtud.

 El imperio de las mugeres sobre los hombres no le tienen porque los hombres lo han querido, sino porque asi lo quiere la naturaleza: existia en ellas ántes que pareciesen tenerlo. El mismo Hercules que creyó hacer violencia á las cincuenta hijas de Tespio, se vió sin embargo forzado á hilar junto á Onfala; y el fuerte Sanson no lo fué tanto como Dalila. Este imperio es de las muge-