Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/172

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mérito; enseñadlas á reconocerle, á amarle, y á amarle por sí mismas; probadlas que bien sean amigas, mugeres, ó queridas, este hombre puede hacerlas felices. Traedlas á la virtud por la razon: hacedlas conocer que el imperio de su sexo y todas ses ventajas no penden solamente de su buena conducta y sus costumbres, sino tambien de la de los hombres: que tienen poca influencia sobre almas viles y bajas, y que no se sabe servir á su querida sino como se sabe servir á su querida sino como se saber servir á la virtud. Estad seguros que entónces, pintandolas las costumbres de nuestros dias, les inspiraréis un sincero disgusto ácia ellas; mostrandolas las gentes de moda, se las haréis despreciar, les daréis desvío ácia sus máximas, desprecio para sus vanas galanterías: les haréis nacer una mas noble ambicion, la de reinar sobre las almas grandes y fuertes; la de las mugeres de Esparta, que era mandar á hombres.

 Las mugeres no cesan de clamar que las educamos para ser vanas y coquetas, que incesantemente las divertimos con niñerías para permanecer nosotros con mas facilidad siendo los amos; y se nos quejan de los defectos que las echamos en cara. ¡Que lo-