Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/203

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cuando un niño desea alguna cosa que vé y se le quiere dar, es mejor llevarlo al objeto que traer este al niño. De esta práctica saca una conclusion que es propia de su edad, y no hay otro modo de sugerirsela.

 Un niño quiere desordenar todo lo que vé: quiebra, hace pedazos todo lo que puede alcanzar; empuña un pájaro como empuñaria una piedra, y le ahoga sin saber lo que hace. ¿Por que asi? Al momento la filosofía va á señalar, por razon de este modo de obrar, nuestros vicios naturales, el orgullo, el espíritu de dominio, el amor propio, la malignidad del hombre. El sentimiento de su debilidad (se añadirá quizá) incita al niño á hacer actos de fuerza, y á probarse á sí mismo su propio poder. Pero ved á ese anciano quebrantado y achacoso, tornado por el círculo de la vida humana á la debilidad de la infancia: no solamente permanece inmóvil y tranquilo, sino que tambien quiere que todo lo esté en su derredor: la menor mudanza le turba y le desasosiega, y quisiera ver reinar una calma universal. ¿Como produciria tan diferentes efectos en las mismas edades una misma impotencia unida á las mismas pasiones, si no hubiese