Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/40

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y usar de rodeos para decir su parecer á Oronte. No es este el Misantropo; es un hombre de mundo cortés, que le cuesta trabajo engañar á aquel que le consulta. La fuerza del carácter exigia que se le dijese ásperamente: vuestro soneto no vale nada, arrojadlo al fuego; pero esto hubiera quitado lo cómico que nace del embarazo en que se encuentra el Misantropo, y de sus yo no digo eso repetidos, que sin embargo en realidad son otras tantas mentiras. Si Filinto á su ejemplo le hubiese dicho en este lugar: ¡ola! ¿que dices tú, pues, traidor? ¿Que tenia que replicar? En verdad que no merece la pena de permanecer Misantropo para no serlo mas que á medias; porque si se permite la primera consideracion y la primera alteracion de la verdad, ¿donde estará la razon suficiente para detenerse y para no llegar á ser tan falso como un cortesano? El amigo de Alceste debe conocerle. ¿Y como se atreve á proponerle que visite á los jueces, es decir en términos políticos, que trate de corromperlos? ¿Como puede suponer que un hombre capaz de renunciar aun á las conveniencias por amor á la virtud, lo sea de faltar á sus deberes por