Página:Pensamientos (Rousseau) - Tomo II.djvu/82

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y como no se puede mostrar á los hombres sino como representando siempre, no se les conoce mejor en nuestros libros que sobre nuestros teatros. En vano se querrá hacer y rehacer cien veces la vida de los reyes: ya no tendremos un Suetonio.

 Plutarco sobresale por estos mismos pormenores en que no nos atrevemos ya á entrar. Tiene una gracia inimitable en pintar á los grandes hombres en las pequeñas cosas; y es tan feliz en la eleccion de sus rasgos, que muchas veces una palabra, una sonrisa, un ademan, le basta para caracterizar á su héroe. Anibal con un chiste tranquiliza á su ejército, y le hace marchar riendo á la batalla que dio en Italia. Agesilao á caballo sobre un palo me hace amar al vencedor de un gran Rey. Cesar atravesando una pobre aldea hablando familiarmente con sus amigos, deja ver, sin pensar en ello, al picaro que decia querer solo ser igual á Pompeyo. Alejandro bebe una medicina sin decir una sola palabra;[1] este es el mas bello momento

  1. Habiéndole suministrado su médico Filipo esta medicina, en el momento de tomarla Alejandro recibió una carta de Parmenion, en que lo decia que Filipo, ganado por Dario, rey de los Persas, con quien Alejandro estaba en guerra, pensaba envenenarle; pero Alejandro entregó dicha carta con una mano al facultativo, y tomo con la otra la saludable bebida, siendo un pronto restablecimiento el efecto de su noble confianza. (Nota del traductor.)