Página:Platón - La República (1805), Tomo 1.djvu/88

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de los naturales; y á mi ver no era ménos lúcida la que formaban los de Tracia. Hecha nuestra oracion y vista la ceremonia, nos volviamos á la ciudad. Pero Polemarco hijo de Céphalo, divisando de léxos, que nos encaminabamos á casa mandó al criado que corriendo nos hiciese aguardar; el qual tirándome por detras de la capa me dixo: Polemarco os ruega que le aguardeis. Volvíme yo y le pregunté, dónde estaba su amo: tras mí viene, dixo; esperadle un momento. le esperarémos pues, replicó Glaucon. De allí a poco llegó Polemarco, y Adimanto hermano de Glaucon, y Necerato hijo e Nicias[1], y algunos otros que volvían de la pompa. Ó Sócrates, me dixo Polemarco, paréceme que o encaminais á la ciudad? No te parece mal, le dixe yo. Polem. Por ventura veis quántos somos nosotros? Sóc.Sí. Polem. Ó poder pues mas que estos, ó quedaros aquí. Soc. Todavia hay un medio, que es persuadiros que nos dexeis ir. Polem. Cómo podreis persuadirlo, sino queremos oir vuestras razones? Glauc. De ninguna manera. Polem. Resolveos pues, en el supuesto que no las hemos de oir. Adim. No sabeis que á la tarde se correrán hachas[2] á caballo en honor a la Diosa? Sóc. Á caballo? Esto es nuevo. Cómo? correrán á caballo, llevando en la mano hachas que se las darán unos a otros? Polem. Sí, y ademas celebrarán la fiesta[3] pannychida, que es digna de verse. Por tanto nos levantarémos en cenando, y verémos esta fiesta

  1. (6) Nicias. Este es el famoso Nicias que pereció en el sitio de Siracusa, durante la guerra del Peloponeso.
  2. (7) Hachas á caballo. Certamen equestre lampadario que se celebraba en Atenas en las fiestas de Minerva: de Prometheo y de Vulcano. Pausanias en su attico refiere que en la academia habia un altar dedicado á Prometheo, desde el cual acia la ciudad corrian los comperidotes llevando en su mano una hacha encendida. Aquel que la conservaba así hasta llegar al término de su carrera, ganaba la victoria: pero si se apagaba en manos del que corría primero, perdia ya toda esperanza de vencer. Un segundo ocupaba su lugar y luego un tercero, y si por desgracia se apagaba el hacha en mano de todos los concurrentes á nadie se adjudicaba el premio. Á este certamen hace alusión Lucrecio, quando en el libro 2. dice, hablando de las generaciones que se suceden unas á otras: et quasi cursores vitai lampada tradnnt, y como corredores se entregan unos á otros la antorcha de la vida. Paréceme con Simplicio que los atenienses en obsequio de la diosa Diana resolvieron ofrecer al público este espectáculo en su solemnidad. Juan Meursio era de sentir que el certamen de que habla Platón en este lugar, fue el que dio principio a las Panateneas menores, que se celebraban todos los años, a diferencia de las mayores que eran cada cinco. Pudieron muy bien celebrarse en seguida de la fiesta Bendideia el 20 del mes targelion, como insinúa Proclo en el comentario primero al Timeo de Platón; pero del texto de este fi1osofo no puede inferir Meursio lo que pretende, siendo cierto que el certamen lampadario, y la fiesta charisia ó pannychida, se refieren allí como partes continuadas de las fiestas Bendideias.
  3. (8) La fiesta. Llamada en griego nαγγυχις, porque la celebraban, pasando toda la noche en vela, divirtiendose con bayles y danzas en obsequio de las Gracias, á cuya causa fué llamada tambien esta fiesta ebãrisia. Al vencedor, que era el que mas sufrimiento tenia para resistir el sueño y cansancio, se le asignaba por premio una torta. La pieza intitulada pervigilium veneris, ó vigilia de las fiestas de Venus, debió componerse en ocasion muy semejante á ésta: no pudiendose dudar que los latinos hubiesen tomado el modélo de los griegos.