DE
MANON LESCAUT
PRIMERA PARTE
Me veo obligado a trasladar al lector a la época de mi vida en que conocí al caballero Des Grieux. Fué unos seis meses antes de mi viaje a España. Aun cuando era muy raro que yo saliera de mi soledad, mi condescendencia con mi hija me obligaba algunas veces a emprender pequeños viajes, que procuraba abreviar todo lo posible.
Regresaba un día de Ronen, donde fuera, a ruego suryo, para gestionar un asunto en Normandía sobre la herencia de unas tierras cuyo derecho ha blale yo cedido a ella, y que procedían de mi abuelo materno. Como tomara el camino por Evreux, donde dormí la primera noche, llegué al día siguiente a la hora de comer a Passy, que dista de aquél unas cinco o seis leguas. Al entrar en este pueblo me sorprendió encontrar a todos los habitantes muy alarmados. Salían precipitadamente de sus casas para correr en tropel hacía una mala hostería, ante cuya puerta veíanse dos galeras. Los caballos, aún enganchados y vaheantes de fa-