Página:R.E.-Tomo IV-Nro.16-Id.04.djvu/6

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mantuvo inteligencias en la Corte con el partido austríaco, hasta que la venalidad de la Berlips y las veleidades de la Reina, y en fin, la partida para Viena del viejo Conde de Harrach, le obligaron á cambiar de rumbo, sin arriesgarse del todo, navegando siempre entre dos aguas, lo que hacía decir á las Córtes: Monterrey vive al uso.

Tras de Monterrey entró el Marques de Leganés, D. Diego Mexía Felipe de Guzman; bien parecido, agradable, franco y liberal, no bastándole sus rentas á lo magnífico de su mesa y rumboso de su equipaje; Leganés estaba mejor quisto en el vulgo, que conservaba buena memoria de su padre, y estimaba las prendas del hijo, que en el Milanos y Cataluña, y antes en Oran, se distinguió como soldado; odiaba al Almirante con toda su alma, y esto bastaba para que se alejase de la Noeburg. En cuanto á D. Francisco de Ronquillo, habia tenido plaza en el Consejo de Hacienda, y luego el Corregimiento de Madrid; mas por despecho de perderle ó temor de Oropesa, vuelto aquellos dias de su destierro, y ahora apoyado por la Reina, buscaba la alianza del Cardenal; por manera, que el de Leganés y Ronquillo venían al Campo francés, uno por odio á Cabrera, y otro á Oropesa; ninguno por el ínteres público.

Ronquillo entró como los otros, callada y secretamente, en la cámara de Portocarrero, y de allí á poco llegó Urraca con D. Sebastian de Cottes, que quería ser mucho, y no era más que un Licenciado astuto y de consejo.

Lo que en aquella junta dijeron y acordaron estos cortesanos y repúblícos, lo ha conservado la historia para su afrenta.



Fragmento III.

Viven con el desorden
Tan bien hallados.
Que quererles dar vida,
Será matarlos.


Cambiáronse las fórmulas de obligada cortesía entre Portocarrero y sus huéspedes, y al punto tomó la palabra el Canónigo, que era como si la tomara el propio Cardenal. Empezó Urraca abriendo el arcano que allí los tenia á todos reunidos, y dándoles parte de lo ocurrido aquel día entre el Arzobispo y S. M. el Rey, extendióse en largas consideraciones sobre la grandeza de aquel suceso, que ensalzaría el nombre de todos, y más el ilustre de la casa de