Página:Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de Chile - Tomo XXI (1831-1833).djvu/26

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GRAN CONVENCION

de caer en desprecio, mas bien llenamos este lugar con una trascripcion que pueda presentar ideas útiles, que no con negocios interiores que nos harian incurrir en la mas vergonzosa ridiculez Parece que se quiere que nosotros forjemos asuntos interesantes, aun cuando nada ocurra, porque se concibe como absolutamente necesario el decir algo del interior. Hemos sido reconvenidos muchas veces por este silencio; i suplicando que se nos indiquen las materias que deberían publicarse, nos responde uno, que a un monigote le oyó quejarse de que el Gobierno tardaba mucho en resolver las cuestiones del Vicario Apostólico con el Cabildo Eclesiástico: otro hace una crítica de los abusos de las Chinganas; aquél se queja de la falta de aguas, i un desconocido nos pide cuenta de un rumor en que se dice que Barnachea contrajo matrimonio con la hija del cacique Mariluan, después de haber abrazado el paganismo con toda solemnidad, para proporcionarse ausilios con que hacer la guerra al país i colocar en el mando a don Ramon Freire: cada cual presenta el objeto de sus intereses como asunto de la mas alta importancia, sin considerar que para escribir para el público se necesitan datos seguros i asuntos de trascendencia jeneral. Quisieran algunos que nos introdujéramos hasta el sagrado de los negocios domésticos para entretenerles su frivola curiosidad. Mas nosotros no hemos contraido ese empeño, sino solo el de instruir a nuestros lectores de cosas en grande, relativas al órden de la administracion i a los principales sucesos del mundo civilizado. Por ahora nada hai que llame la atencion en cuanto a la situacion política del país: la quietud domina por todas partes: los funcionarios llenan sus deberes, i los ciudadanos viven tranquilos. Si se echa una ojeada por la administracion de justicia, es preciso tener presente que ésta, a causa del influjo de nuestras antiguas instituciones, es un mar permanentemente borrascoso, donde no gobierna la aguja, ni el timon, i donde la fortuna es a veces mejor guia que la destreza para salvarse de los naufrajios del foro. La comision de la Gran Convencion trabaja con empeño en la reforma del Código Fundamental, i esa lentitud que se le observa, procede de que una obra semejante exije todo, menos precipitacion i lijereza. Acerca de esto hai una ocurrencia que no debe pasase en silencio, i contraeremos a ella el presente artículo.

En los números 137 i 138 de El Mercurio de Valparaíso se ha publicado un discurso dirijido en 13 de Octubre último a la Gran Convencion en que se le exhorta a que abandone la empresa de reformar la Constitucion. Si cuando se remitió ese artículo fué intempestivo, porque la reforma estaba ya irrevocablemente decretada por el Congreso Nacional, lo es mas ahora i quizá su publicacion es maliciosa por el estado en que se halla el proyecto de reforma. No se conoce el objeto benéfico con que se haya dado a luz ese discurso, i mas bien parece que llevara por fin el excitar desconfianzas i sembrar recelos. En todo él no hai una razon que convenza la necesidad de conservar un Código defectuoso, ni un fundamento en que parezca apoyarse el fatal pronóstico de su autor. Si quiso imitar a Casandra, repitiendo las palabras con que el poeta describe su vaticinio, podia haberse empeñado en representar razones para ser creído. Mas un hacinamiento de lugares comunes, de relaciones vulgares i de temores puramente gratuitos, no hacen mui recomendable su profecía.

En otra parte hemos dicho que si hai pueblos que se conformen con leyes malas, Chile no está en ese estado, porque sus circunstancias son mui diferentes. En pueblos habituados a esas leyes es peligroso reformarlas, porque se atacan las costumbres, la opinion i las preocupaciones; mas los chilenos no están acostumbrados todavía a los defectos de la Constitucion de 828, i por esto se han prestado con tanta docilidad a la mera insinuacion que se se les hizo para correjirlos.

Es tambien cierto que la exacta observancia de las leyes, aunque sean malas, constituye la estabilidad de los Gobiernos; mas esas leyes tienen en sí mismas recursos eficaces con que hacerse observar, i nuestra Constitucion carece absolutamente de ellos. Fué infrinjida por los mismos que debían hacerla respetar, i no prescribió remedios para este caso. Establece un Poder Ejecutivo que asegure la tranquilidad pública, i no le da las facultades suficientes para correjir a los que intenten perturbarla, a ménos que no las obtenga de un Tribunal de Justicia después de haber seguido con ellos un pleito ordinario. Un Gobierno sometido estrictamente a la actual Constitucion tiene precision de pedir, en un lance comun en el estado actual de un país recien emancipado, facultades estraordinarias, o de arrogárselas por sí mismo. Lo primero es ridículo i lo segundo un crímen; pero sin no u otro recurso, no puede decirse que hai Gobierno, ni medios de remediar males urjentes. ¿Puede dejarse sin reforma una Constitucion de esta clase? ¿Se alborotarán los pueblos porque se proporcionan al Gobierno los medios necesarios con que cumplir sus deberes mas sagrados?

El temor insensato del abuso no es motivo para que se prohiba el uso reglado de alguna cosa; i no por el recelo de que el Gobierno pueda abusar de su autoridad, se ha de dejar al país espuesto a convulsiones por solo satisfacer las teorías de algunos patriotas demasiado exaltados.

No es necesario inculcar los defectos de ese Código, porque ya están tan demostrados, que la opinion pública los reconoce como evidentes, i se ha pronunciado mucho tiempo há en favor de la reforma. Ella i el convencimiento han sido