Página:Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de Chile - Tomo XXI (1831-1833).djvu/47

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de las Asambleas para obrar, nunca podrán obrar con acierto, porque la indolencia, la falta de espíritu público i de sueldo que le dan importancia i las ocupaciones de los individuos que componen esos cuerpos, son impedimentos que no es posible superar, porque de las últimas pende su bienestar, i que, por otra parte, conociendo que efectivamente el papel que hacen en sus raras sesiones es nulo por no decir absurdo, se niegan a reunirse con la asiduidad que requieren las necesidades públicas. Teniendo los gobernadores locales bajo su inmediata jurisdiccion los diferentes ramo de policía, carecen de los medios únicos que pueden activarla. Ni tienen sueldos para proveer a su subsistencia, ni fondos de que echar mano para pagar a sus ajentes; se hallan en la precision de dirijirse a los intendentes para pedir auxilios, i mientras se pasan oficios, mientras se contestan, mientras se ponen a su disposicion las tropas que solicitan, las noticias vuelan, los delincuentes las saben, se ponen en salvo, frustran de ese modo los alcances de la autoridad i repiten a cada momento sus hostilidades, alentados por la facilidad con que se sustraen al rigor de las leyes. No es bastante que el órden i la armonía reinen en la capital; es preciso que reinen tambien en las provincias, sin las cuales la existencia de la capital sería demasiado precaria. Las Asambleas i los gobernadores locales son directamente contrarios a la prosperidad de las provincias i un contrapeso mui débil cuando el despotismo quisiese organizar su imperio en toda la República.

Si la propuesta de las ternas de intendentes por las Asambleas es ilusoria i puede ser perjudicial, la terna de los jueces de letras propuesta por esas corporaciones, a mas de ser perjudicial, es absurda. Si las Asambleas pueden componerse de hombres de pocas luces por lo limitado de sus demás atribuciones, no sucede lo mismo en el caso de las ternas de estos majistrados. Para colocar en las judicaturas provinciales esos poderes terribles, que tienen una influencia absoluta sobre todos los intereses, no basta conocer su conducta, es preciso consultar su capacidad i sus talentos si entretanto hai quien pueda apreciarlos. Pero, si las Asambleas se componen en jeneral de hombres legos en materias de jurisprudencia, ¿cómo pueden apreciar esas preciosas cualidades sin las cuales todo se envolvería en un laberinto de confusiones? La justicia, administrada por la incapacidad, lo pondría todo en un desórden espantoso. Las propiedades, invadidas por las sutilezas, se verian espuestas a caer en poder del tinterillo mas rapaz i tramposo i no habria seguridad para el hombre honrado. Si en las Asambleas hubiese un Diputado de bastante influencia i conocimientos para señorear las opiniones de los demás, obrando por pasion o por intereses particulares, ¿cuál seria el resultado de la eleccion? Nombrar algun prevaricador que, traicionando los altos fines de su sagrado ministerio, vendiese la justicia con el escándalo que se ha visto en algunas provincias. Siendo propuestas las ternas por la Corte Suprema, i componiéndose esa Corte de aquellos hombres venerables, de aquellas virtudes i conciencias acrisoladas que tanto lustre han dado i que tanto honor hacen a la majistratura chilena, no es difícil enumerar las consecuencias felices que habria de traer tan prudente eleccion.

Ya llegamos a la cuestion eminente, a la cuestion de alto bordo que ha provocado los simulados temores de algunos liberales espantadizos: Las facultades del Poder Supremo. Si hablamos de la necesidad de ampliar esas facultades, nos echarán en cara el despotismo con todas las pasiones viles que forman su domesticidad entre los pueblos esclavos. Harán vibrar con terror las cuerdas de las proscripciones i de los grillos; pero los pueblos no se alucinan ya con fatuos clamores. El despotismo es tan imposible ya en Chile como fácil la anarquía, si el Presidente continúa en las facultades que le señala la Constitucion del año 28. Es singular que en un país republicano, en un país donde se halla planteado el sistema representativo popular; un país que no tiene enemigos esteriores que temer, cubierto de localidades inespugnables, i cuyas inaccesibles cordilleras forman una especie de federacion natural i pintoresca con la elevacion de los cerros que le cruzan en todas partes i en todos sentidos, es singular, repetimos, que un país tan raro en su clase, en que hai necesidad de mantener un ejército permanente para asegurar su tranquilidad, haya quien se atreva a desconocer el verdadero estado político de ese país i a negar que el Poder Ejecutivo deba ser revestido de una autoridad suficiente para dar impulso a la administracion, reprimir las aspiraciones de algunos revolucionarios i castigar la insolencia de algunos escritores incendiarios que han envuelto su prestijio nacional en los desjugados borrones de la maledicencia disfrazada con el lijero velo de la derision i alegoría. Si la autoridad falta a sus deberes, debe ser atacada con documentos positivos, de un modo directo i no con chistes poéticos que le quitan todo lo que tiene de majestuoso. Un Gobierno sin majestad es solo bueno para concitar desprecios, i llegando los desprecios a surjir una vez por las gradas del poder, el país se halla próximo a ser despedazado por las convulsiones de la anarquía.

Cuando veamos al país con una; lei de elecciones adaptada a sus necesidades, cuando veamos el derecho de votacion conferido solo a los ciudadanos que tienen en realidad responsabilidades, cuando tengamos un sistema de hacienda organizado de modo que, en lugar de hacernos esperimentar un déficit anual que nos roe las entrañas, deje a favor del Erario un alcance para satisfacer la deuda pública i obviar a las necesidades de la industria, cuando la moral i el amor