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SESION EN 3 DE JULIO DE 1844

necesidad de mas empleados; pero al mismo tiempo habria mayor ganancia. Señor, yo no hallo la mas mínima dificultad; si encontrase alguna, lo confesaría con mucha franqueza; pero para mí no hai absolutamente ninguna. Sin embargo, si la Cámara quiere proceder con mas acierto sobre el particular, puede esperar que se presente a su consideracion el reglamento que debe servir para el arreglo de estas Cajas de Ahorros. Pero, repito, para mí es mui realizable esta medida.

El señor Seco. —Quiero suponer, señor, que el plan que se propone sea realizable; mas a mi modo de ver, no puede bastar el sueldo que se da al soldado para mantenerlo ni para llenar sus emerjencias. Esto lo haré ver con una cuenta mui sencilla. Lo ménos que puede gastar el soldado en comida es real i medio, que hacen 45 reales mensuales; le quedan pues dos pesos escasos; con esto tiene que gastar en lavado, en el vestuario, en el calzado i demas necesidades. ¿I se cree que esta cantidad sea suficiente para llenar todas sus exijcncias? De ninguna manera. No deben pues descontarse al soldado ocho ni cuatro reales; deben dárseles sus ocho pesos i aun cuando fuera mayor todavía su sueldo, no seria de opinion que se le obligase a depositar alguna cantidad. ¿Cuáles son los precios de las cosas que el soldado puede proporcionarse como alimento? Lo mas barato es el pan, fréjoles, queso; el soldado no come viandas ni manjares, si no es por una casualidad, cuando se los dan los jefes; está condenado a la privacion de todos los goces de la vida. ¿I a este hombre que sufre frio i el hambre con mas rigor que otra clase alguna de infelices, se le ataca de este modo, privándole de una parte de su sueldo, que todavía es miserable? Nó, señor; esto no puede ser. Se ha dicho que esto le servirá de estímulo para que no se deserte, i ¿cómo no le sirven de estímulo los palos que saben que ha de recibir si se deserta? ¿Cómo no le sirve de estímulo el conocimiento que tiene de que si se deserta, le frontarán al cuerpo con 200 o 300 palos? (Risas en la barra).

El señor Pinto. —Voi a contestar a una indicacion del señor Ministro. El uso constante de las Cajas de Ahorros es que, depositada alguna cantidad por una persona, se recibe el dinero, i al mismo tiempo se da al imponente una libreta, en la cual se certifica la cantidad que ha puesto; viene despues en otro mes a poner una nueva cantidad; de este modo, teniendo su libreta particular cada uno, la llevará mensualmente a la Caja de Ahorros para anotar en ella las entregas que hiciere. De modo que el menor trabajo que tendrían los secretarios seria llevar estas libretas, firmadas una por una, i hacer esta misma operacion todos los meses.

El señor Bustamante. —Se ha manifestado por un señor Diputado las ventajas que resultarían de fijar un peso mensual cada uno de los soldados en la Caja de Ahorros; se han manifestado tambien las grandes dificultades que esto traería tanto aprobando el proyecto presentado por la comision, como la proposicion hecha por un señor Diputado; se ha espuesto tambien, que a pesar de sus ventajas es incompleto i no llena todo el pensamiento del señor Ministro; ha sido atacado con algunas razones; pero el señor Ministro ha dicho que para proceder con acierto, seria mejor que esperase la Cámara el proyecto del Gobierno, en que ofrece allanar las dificultades que se nos presentan i que nosotros no podemos obviar. Yo creo que a no tomar esta medida, votaríamos por un proyecto imperfecto. Yo opino, pues, que es mas prudente que hasta que ese proyecto se halle completo i realizable se retarde la presente discusion.

El señor Cifuentes. —Las observaciones que se acaban de hacer por el señor Diputado preopinante se reducen a atacar el proyecto como incompleto. Yo he convenido en que se autorice al Gobierno para llevarlo a cabo porque ninguno mejor que él podria tomar todas las medidas necesarias al efecto. Acerca de las demas observaciones que se han hecho, he visto que no son de gran consecuencia, i que todas ellas se pueden allanar estableciendo una mesa que se ocupe en recaudar estos caudales i hacer todos los demas arreglos necesarios. Todo esto se puede mui bien dejar al arbitrio del Gobierno, agregando a la facultad que se le conceda la especificacion de los casos en que se debe entregar este dinero, en cuáles nó i aquellos en que deba perderse. Señor, lo que tratamos aquí es de mejorar la condicion del soldado; parece que la Sala toda está de acuerdo en esta idea; pero en lo que hai duda, es en si será mas conveniente entregarle los 8 pesos o darle 7 solamente; este es el punto en cuestion. El soldado que se enganchó con la seguridad de ganar 6 pesos i se obligó por 8 años, está en la obligacion de servir todo ese tiempo por el sueldo que encontró establecido al tiempo del enganche; de modo que en rigorosa justicia no hai que darle mas que 6 pesos; lo demas es una gracia que se le concede. Si se ha condenado a vender su vida por 6 pesos, en tiempos en que no habia una guardia nacional que le aliviase de sus fatigas como ahora, ¿qué razon habria para creer que en el dia no puede sostenerse con 7 pesos? Yo no lo creo señores, i me parece que si así como se le dan 7 pesos se le dieran 8 o 10, todos los gastaria i nosotros seríamos los que arrebataríamos el ahorro de su familia, nosotros que queremos establecer que el soldado sea llamado a otro destino mas elevado, a otra posicion mas ventajosa; yo hasta ahora no he oido ninguna observacion que haya podido combatir de un modo satisfactorio esta idea que tanto propende a la mejora del pais.

El señor Presidente. —Señores, el pensamiento es excelente, brillante, inmejorable; cuenta con