Página:Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de Chile - Tomo XXXIV (1844).djvu/279

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido validada
279
SESION EN 16 DE AGOSTO DE 1844

puso el Gobierno al crearlas, mui dispendioso, i cada vez mas difícil el simplificarlas miéntras no se les dé una planta enteramente nueva i conveniente, casi puedo asegurar que, segun los pocos datos que están a mi alcance i el conocimiento que tengo de la estructura de estas oficinas en otros paises, podrian las nuestras, con mitad de gastos, servir perfectamente el objeto a que son llamadas. A falta, señor, de otras noticias, haré ver los personales que existian en el año anterior, que son los mismos que en el presente, según tengo entendido. Haré una observacion, contrayéndome sólo a esta partida, a pesar de que, como podria probarlo, todas las demas oficinas fiscales padecen del mismo vicio. Hai en la Aduana de Valparaiso 60 i tantos empleados; de éstos en la Contaduría 5; 5 en la parte que se llama Administracion; para servir en la de Cuenta i Razón, Liquidación i Comprobacion, 18; 38 en las dos Alcaidías; 3 en la Oficina de Vistas, fuera de otros administradores, etc. He visto la oficina de Havre i conozco la de Bordeaux. Puedo asegurar a la Sala que con un servicio infinitamente mas laborioso, coma que son veinte veces mayores los negocios que se hacen por esas oficinas, i sin embargo, el costo total de cualquiera de éstas que me propongo, por ejemplo, no es, vuelvo a repetir, tan costoso como es nuestra oficina de Aduana i de Resguardo en Valparaiso. Una i otra cuestan al Estado 131,845 pesos. Es un principio jeneralmente reconocido que tanto mas se acercan de la perfectibilidad todas las contribuciones cuanto ménos cuestan sus gastos de recaudacion. I costando al Fisco, como se ha visto, tan gran suma una sola oficina en el ramo de aduanas, bien se deja conocer lo dispendiosa que viene a ser esta contribucion miéntras se sostenga la planta que tienen las oficinas encargadas de recaudarlas, i todavía esto no seria un gran mal, si no existiese otro mayor que ya he denunciado en la imperfeccion con que llenan el servicio público que se les pide. Disminuyéndose los gastos en esta oficina, sin quedar peor servida, se aumentarian las entradas del Estado. Es tan cierto que hai empleados de mas en esta oficina, que actualmente falta un secretario, i el Gobierno creyó ahorrar este gasto sin perjudicar a la oficina, trayéndolo a llenar otro empleo a que lo llamaba su capacidad. Dejaré de ser lato en mis observaciones sobre esto, pues las hago con con el objeto de suplicar a la Cámara a nombre de la comision mista que autorice al Gobierno i si está autorizado ya, que le inste a que haga pronto la reforma dicha. Habria concluido mi discurso, pero reparo que hai un teniente de resguardo en San Antonio i otro en el Papudo, i esto me mueve a hacer una indicacion: a saber: que veo con dolor que se haya desatendido una exijencia de utilidad pública que casi puede decirse que cada dia va siendo de mayores consecuencias: hablo del puerto de San Antonio i de Papudo, que existen ahora como propiedad particular.

Propiedad particular, señor, en esta clase de puertos! Es una anomalía en nuestras instituciones. Los puertos han sido declarados libres i con el objeto de favorecer la industria i la agricultura i dejan de prestar este servicio, desde el momento en que es forzoso a los productores el llevar sus frutos a determinadas casas i personas, consignando sus entradas en quien no le asiste la confianza de ser bien servidos o en graneros que llevan el riesgo de deteriorar sus especies.

Esto, señor, causa grandes males: 1.° porque los propietarios de esos establecimientos pueden complotarse a exijir tal bodegaje, que hagan mas caros los derechos de almacenaje i por la misma razon aumenten los costos de la especie en venta. Otro de los inconvenientes es la obligacion en que se hallan los productores de llevar sus cosechas a determinadas bodegas. Es un hecho que en San Antonio el bodegaje es convenido entre los dos únicos propietarios del puerto que no baje de un real por tercio de frutos.

En el Papudo ya no es la misma cosa: no se exije allí ya por todo el tiempo que estén los frutos en bodega; el dueño ha establecido que cada introductor de efectos a su establecimiento deberá pagar de seis en seis meses; lo que aumentando progresivamente el valor del objeto, se ve el productor obligado o bien a vender anticipadamente o a sufrir un recargo de costos que haga ménos productivo su comercio. Todo esto lo indico mui lijeramente a la Cámara para ponerla en conocimiento del mal que existe.

Para remediarlo, seria necesario hacer una mocion mui en forma; varias veces lo he intentado; pero veo que no basta que el patriotismo los dicte, puesto que vienen a tener un efecto mui tardío; creo tambien que será conveniente hacer sobre esto al Gobierno una recomendacion. Habiendo cumplido con el encargo de la comision, no hago oposicion a la partida: votaré por ella; pero miéntras tanto, he cumplido con mi deber.

El señor Presidente. —Todas las indicaciones que ha hecho el señor Diputado son importantísimas; pero no pueden tener lugar por ahora, sino que se necesita de una mocion particular, que siendo de un interes público tan notorio, la Cámara no trepidaría en admitirla.

El señor Toro. —Yo desde luego me prestaria gustoso a hacerla; pero el temor de que corra la suerte de la que ántes he presentado, me detiene; bien se sabe que la mocion del Estanco, que presenté el año pasado, es víctima de resistencias, que temo encuentre cualquiera otra cuestion que yo proponga, por de interes jeneral que parezca; sin embargo, pasaré, sobre todo, i presentaré una mocion sobre los puertos, como lo ha indicado el señor Presidente.

No habiendo oposicion a esta partida, se dió por aprobada.