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SESION EN 4 DE SETIEMBRE 1844

los bienes materiales son ajentes de la civilizacion e influyen directamente en el bienestar de los pueblos. No hai propiedad, no hai valores sin sociedad; porque sin sociedad no hai dominio. El valor implica utilidad para los hombres, i posesion o uso de esta utilidad esclusivamente de uno, con el derecho de impedir a los otros el usar de ella. De consiguiente, todo valor o propiedad es una cosa útil a la especie humana, reconociendo un dominio. Si el derecho de propiedad es social en su oríjen, lo es tambien en su importancia, El que pasee valores los usa, i al usarlos, ejerce socialmente sus facultades.

Cada propietario viene a ser el custodio i conservador de esperiencia i conocimientos útiles a los demas hombres. Toda especie de propiedad viene a ser una fraccion del grande universo, un trozo del gran libro de la naturaleza en que toda intelijencia puede aprender a sacar provecho de la materia para su conservacion i bienestar.

Así se verifica que la propiedad es un producto del hombre, i a pesar de su egoísmo, útil para los hombres. En este respecto, los bienes de fortuna son la civilización materializada. Si se examina la propiedad, ella refleja el corazon i la intelijencia del hombre en sus respectivas épocas; i sí se profundiza este examen, ella revela el porvenir de las jeneraciones sucesivas. Ni será improbable que alguna vez se encuentre que las garantías públicas i las individuales; la libertad, la igualdad, la tolerancia de cultos, la libertad de imprenta, el sistema de impuestos, la abolicion de estancos i la solucion de varios problemas sociales se encuentre, decíamos, que se derivan del derecho de propiedad i de los objetos que él comprende.

Es admirable la conciliacion del dominio esclusivo de la propiedad con la utilidad de ella para todos. Por una lei fatal, el hombre necesita producir para conservarse, i con la misma necesidad ha de poseer sus productos con dominio absoluto, para que la utilidad de ellos se conserve, se conozca i se trasmita viniendo así a reproducirse.

Tan esencial es a la sociedad la propiedad como los cambios con que aquella se transfiere i se subdivide, mudando de poseedor i recibiendo nuevas i variadas formas. El mundo físico es el manantial inagotable de utilidad para el hombre: todo su bienestar físico i moral recibe de él una provision tan abundante e interminable, como son limitados i variables sus efectos i pensamientos. La utilidad de las cosas existe en ellas mismas, pero el hombre las descubre con el trabajo. Este castigo que el hombre tiene que sufrir es tambien su título para ser soberano en la tierra i la escala por donde las sociedades se acercan a un porvenir que presienten. El trabajo, que es la aplicacion de las facultades del hombre sobre la materia en su acepcion jeneral de industria i en sus especiales de agricultura, comercio, etc., conserva i mejora en una progresion ascendente la condicion de los pueblos que lo practican; i debe confiarse en que las sociedades a fuerza de acumular sus productos, i con ellos su esperiencia i conocimientos, arribarán a una época en que produzcan mucho con poco trabajo.

Las sociedades como sus individuos están en constante accion sobre la materia; el cambio de valores es su ejercicio permanente: el poseedor que ya ha agotado su facultad de producir una utilidad, pasa su producto a otro, quien a su vez lo utiliza a su modo; así la industria se trasmite i se jeneraliza, i por este mismo medio la utilidad de las cosas va siempre variando i mejorando.

Este comercio de valores i servicios en la sociedad se comunica e intima con el de ideas i conocimientos i ámbos, recíprocamente influidos e intimados, concurren con un gran continjente a aumentar el caudal de la civilizacion.

Así la riqueza pública i el bienestar de los pueblos es inseparable de la propiedad i de los medios o facultades para hacerla mas útil.

La riqueza de las naciones es la cuna de los conocimientos físicos i morales impresos sobre la materia por la intelijencia i la mano del hombre: es el movimiento en que se asienta la civilizacion a que han alcanzado, o el grande archivo en que se halla el grado de comunicacion del hombre con la naturaleza.

Mas, sien lo el estudio i descubrimiento de la naturaleza sucesivo e infinito, la industria i el bienestar de los pueblos marcharán paralelos siempre adelante, progresando hasta donde el hombre toque los límites que le ha predestinado su Creador; en la serie de siglos que la humanidad tiene que correr llevará su caudal de ideas i conocimientos constantemente estampados sobre la materia; porque solo la propiedad puede conservar comunicar, trasmitir i jeneralizar la civilizacion.

¿I el individuo de la única especie que en la creacion es propietaria que no quiere o no sabe sacar provecho de sus facultades para conservarse i mejorar su suerte a qué condiciones se reduce?

¿Puede llamarse persona el que no ejerce su parte de dominio en la naturaleza; el que no quiere tener mas industria, que la bestia que se allega al alimento i lo devora por instinto?

Ese ser no es hombre, debe contarse en el número de las cosas i de los animales; como ellos, merece la esclavitud, i ser llevado al mercado con su respectivo precio; porque no trabaja, porque no conoce las necesidades i los goces son los medios que conducen a la sociedad a su perfeccion.

La importancia social de la propiedad nos ha llevado mas allá de los límites de este trabajo: volveremos al asunto.

No debe pues permitirse a los intereses egois