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SESION EN 13 DE SETIEMBRE 1844

proyecto, no pudo tener presente esta circunstancia, la cual considerarán los señores Diputados para negar su aprobacion al proyecto de que se trata.

Concluiré, señores, manifestando a la Cámara que la aprobacion, tanto del proyecto orijinal presentado por el señor Diputado por Elqui, como del que se halla ccntenido en el informe de la Comision de Hacienda, nos espondrian a una crisis económica de grave trascendencia; nos dejaria espuestos a vernos en conflictos semejantes a los que en otro tiempo aflijieren a la República, si se reprodujesen los males que anagaban i turbaban diariamente la subsistencia del órden público; lo que sucedería, si se viesen sin pago los empleados en todos los ramos de la administracion pública a los cuales, se les pagaban con billetes o libranzas contra aduanas, en que tenian que perder hasta un 70 por ciento; en fin, nos espondria a un estado de dislocacion, perdiendo la tranquilidad i órden de que estamos en posesion hace algunos años.

Recomiendo a los señores Diputados el justo aprecio que en su concepto merezcan las observaciones que acabo de hacer. Si consigo, como lo espero, que el proyecto que se discute sea desechado en jeneral, entiendo que habríamos hecho un servicio a la causa pública, un verdadero bien a la masa de la Nacion, i que por este medio nos preservamos del grave mal de una bancarrota, a que sin la renta del Estanco quedaríamos espuestos.

El señor Toro. —Conozco señor Presidente, lo importante que es el tiempo para la Cámara; trataré por lo mismo, de ser tan conciso como me sea posible, para contestar el largo discurso que acaba de pronunciarse. Se trata nada ménos que de una cuestion mui importante, en que a pesar de todo lo que acaba de decirse, no hai cosa alguna que pueda hacerme variar en nada mi opinion.

Permítaseme ántes de todo esplicar, que si en la sesion anterior dije que el señor Diputado preopinante se había manifestado un acalorado defensor del Estarco, i si esta espresion importase algo que pudiese denigrar a la persona a quien se referia, debe tenerse en mucho la intencion con que fué dicha, la ocasion en que tuvo lugar, i mas que todo los antecedentes. Si esa palabra se encuentra escrita en mi discurso anterior, si realmente la dije, como no lo dudo, desde que lo ha sentado el señor Diputado secretario, no se crea por un memento que yo tuviese intencion alguna de ajar su persona. Esto no significa otra cosa para mí, sino que él tomaba con teson la defensa de una institucion que yo, con el mismo esmero, trataba de echar por tierra. Me contraeré a contestar las razones que en oposicion a las que aduje en mi anterior discurso, se acaban de oir.

Se me hace cargo de que no contesté a las observaciones que se me hicieron entónces. Pero si son las mismas que acaban de reproducirse, yo no sé cómo se me haga tal acusacion.

Hace mucho tiempo, no ménos de un año, a que tuvo lugar el principio de esta discusion. No he leído lo que entónces dije; pero sí, estoi cierto de que lleno de razones i fundamentos para sostener la abolicion del Estanco, mal pude haber emitido las necesarias para oponer a las que presentaban con el objeto de sostener el monopolio. Pido la mayor atencion a la Cámara en un asunto tan importante, para que me siga en en todos los fundamentos que esponga i que sirvan de contestacion a lo que acaba de oírse.

Se asegura que esta renta es tolerable. ¿Pero cómo puede sostenerse tal principio cuando es palpable que esta misma renta es inmoral, injusta, odiosa i perniciosa? Una renta que da márjen al atraso de la industria nacional, ¿podrá mirarse como tolerable? I si esto es cierto ¿cómo podrán nunca los pueblos recibirla con afecto i sin resistencia? ¿Se ha fijado el señor Diputado a quien respondo, en el infeliz que al comprar un medio de tabaco para satisfacer una necesidad para él imperiosa, sólo encuentra en su lugar una esperanza burlada? ¿Ha reparado para decir que es tolerable al comerciante en menor, obligado a comprar en determinado punto, sin que le sea dado siquiera escojer la calidad de la especie ni tampoco la persona a quien la compra, para espenderla en detalle? ¿Actualmente no se ha seguido causa i se ha sentenciado a un dependiente de don Santiago Ingram por una cantidad de tabaco comprado en la factoría de Valparaiso con la guia i todos los requisitos necesarios para su establecimiento de minas, i sin embargo, ha perdido este capital el individuo i le ha sido decomisado, sólo porque no compró el tabaco en el depósito de Petorca o Aconcagua, que era el que correspondía al establecimiento? ¿Se ignoran acaso todos los ajamientos que recibe la propiedad por las inspecciones diarias a que está sujeta por todos los ajentes subalternos del monopolio? ¿Las visitas, espoliaciones i allanamientos no son males a que está sujeto i sufre cada dia el ciudadano? ¿I todo no prueba hasta la evidencia que esta renta es vejatoria i odiosa para el pueblo que la sufra?

Téngase presente por un momento, recuerde la Cámara que en 1827, cuando fué revolucionado Chiloé, los promotores del desórden revolucionario no encontraron mejor aliciente para mover esos pueblos pacíficos a la insubordinacion que el ofrecerles la abolicion del Estanco. De pronto bajaron un real al valor asignado a cada mazo de tabaco: se mandaron fuerzas que sofocaron el motin i pacificaron aquella provincia i sin embargo, continuó el Gobierno la rebaja establecida de un real en mazo. Hasta hoi se encuentra esa provincia pagando ménos caro que el resto de la República el consumo de esta necesidad. ¿I de dónde proviene esta falta de regularidad en la renta? ¿por qué se encontró