Página:Sub Sole.pdf/105

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fué dispersada a los cuatro vientos, i siniestros silbidos sumaron el aire. Cuando pasada la impresion del tremendo susto ámbos se miraron. Petaca estaba tan pálido como su primo, pero su naturaleza enérjica hizo que se recobrase bien pronto, encaminándose al sitio de la esplosion, el cual estaba tan limpio como si le hubiesen rastrillado. Por mas que miró no encontró vestijos del fusil. Cañuela, que lo habia seguido llorando a lágrima viva, se detuvo de pronto petríficado por el terror! En lo alto de la loma, a treinta pasos de dístancia se destacaba la alta silueta del abuelo avanzando a grandes zancadas. Parecía poseído de una terrible colera. Jesticulaba a grandes voces, con la diestra en alto, blandiendo un tízon humeante que tenia una semejanza estraordinaria con una caja de escopeta. Petaca, que habia visto, al mismo tiempo que su primo, la aparicion, echó a correr por el declive de la loma, golpeándose los muslos con las palmas de las manos, i silbando al mismo tiempo su aire favorito. Miéntras corría, examinaba el terreno, pensando que así como el abuelo habia encontrado la caja del arma, él podía mui bien hallar, a su vez, el cañon o un pedacito siquiera con el cual se fabricada un trabuco para hacer salvas i matar pidenes en la laguna.