Página:Sucesos de las islas Filipinas por el doctor Antonio de Morga (edición de José Rizal).djvu/380

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tribunal no conoce de las causas tocantes á los Naturales, por ser tan nuevamente convertidos[1].

Todas estas islas estan pacíficas, y se gobiernan desde Manila, teniendo Alcaldes mayores, corregidores y tenientes, que cada uno en su distrito y provincia gobierna y hace justicia; las apelaciones de sus autos y sentencias van á la audiencia real, y en lo que es el gobierno y la guerra, lo provee el gobernador y capitan general.

Los principales, que antes tenían en sujeción á los demas Naturales, ya no tienen poder sobre ellos, en la manera que tiránicamente solían, que no fué el menor beneficio, que estos Naturales han recibido, en haber salido de tal servidumbre[2]; si bien es verdad que lo que es las esclavonias, de atrás han quedado en pié como antes[3], y el rey nro. Señor mandó por sus cédulas, que á los principales se les guardasen las honras de tales, y los demás los reconociesen, y les acudiesen con algunas obras[4], de las que con su gentilidad solían; y así se hace con los señores y poseedores de Barangayes, que los que son de aquel barangay estan debajo de su gobierno; y cuando coge su arroz, van un día á ayudarle, y lo mismo si hace la casa, ó la repara de nuevo; y este principal señor de barangay, cobra tributos de sus parciales, y se encarga dellos, para los pagar al encomendero[5].

Fuera destos, cada pueblo tiene un gobernador por elección, que con sus alguaciles se llaman Vilan-

  1. Sabia previsión, porque de otra manera acaso se hubieran retraído los Indios de la Cristianización.
  2. Ya probamos en las notas de los páginas 29, 281-89-95-99, 300, etc. que en el cambio de señor, fueron de mal en peor los parias filipinos
  3. Por consiguiente el beneficio que pretende Morga haber obtenido el país, sólo sería en favor de los Timawa ó plebeyos libres, que después con tanta facilidad esclavizaban los Españoles encomenderos «que no cuidaban más que de sus intereses á costa de las pobres haciendas y vidas de los encomendados».
  4. Todo esto es ahora histórico.
  5. El oficio subsiste hasta ahora aunque no el honor.