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DOCTOR P. OBLIGADO

dor, no se limitó á embellecer esta capital, sino á levantar otra nueva desde sus cimientos, como la muy hermosa que hoy ostenta la joven República Oriental del Uruguay.

 Después de abrillantar su descollante figura con hazañas singulares en las campañas de Flandes, Namur, Zaragoza y Gibraltar, á Zabala, que habia perdido el de persignarse en Lérida, de valor de vascongado y tesón de lo mismo, le tocó hacer entrar en vereda el varios alcabaleros retrecheros y contribuyentes olvidadizos.

 El mismo año de su arribo á este Gobierno (1717), fué el primero de la terrible peste que alcanzó hasta Córdoba, recrudeciendo diez años después.

 Los indios se levantaron por varios puntos, y los portugueses, asomando las narices por sobre las murallas de la Colonia del Sacramento, íbanse extendiendo como mancha de aceite hasta quedar chatos por todas partes. Muy luego metió en un zapato á lusitanos y charrúas y hasta en dos á tobas, guaraníes y toda la indiada, asi en la Pampa como en la Banda Oriental, en el Chaco y Paraguay.

 Tras los salvajes se insurreccionaron los cristianos, y en pos de Antequera los comuneros, y antes y después mamelucos y paraguayos; y á pesar de las múltiples atenciones de tanta dilatada campaña, no descuidaba el adelanto de los pueblos en su honrosa y progresista administración.

 Y á este gran hombre que con su solo brazo metió dentro de la estrecha plaza de la colonia á contrabandistas y portugueses, echó á los que pretendían echar raíces sobre la hermosa bahía que muestra en anfiteatro á Montevideo, expulsó á Antequera, repuso á los jesuítas, dio el cada uno lo que era suyo, sembró de bienes la inmensa zona desde los confines del Paraguay hasta la Patagonia, y cuando, promovido al rango de teniente general, le vino el nombramiento para la presidencia de Chile, le llegó la muerte en Santa Fe.


III

 Pero ante la crónica suntuaria de aquella época, mérito mayor que el haber decomisado doscientos mil cueros y ocho mil marcos de plata y embargado todos los bienes de la Compañía del Asiento en represalia de la usurpación de Gibraltar, aplauso más grande que por todo ello le fué discernido entre las damas de antaño por haber introducido, ¿qué les pa-