Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/110

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games al anochecer a una colina adornada de manzanas, i situada un poco a la izquierda del camino. Al rededor de los manzanas, se veian siembras de habas, arvejas i maiz: este lugar era habitado por un indio rico llamado Antinao. Sus toldos estaban una legua mas léjos. Un gran fuego i un sabroso asado de oveja, nos puso en buen estado para pasar la noche. El carpintero i Muñoz, como caminaban a pié, se habian quedado atras, pasaron sin vernos, alcanzaron a los toldos i hallaron a los indios ocupados en embriagarse; invitados, luego imitaron el ejemplo de sus huéspedes, como lo vimos a la mañana siguiente.

13 de enero.—Al amanecer, llegaron a caballo Antinao i su hermano Coña; estaban en guerra abierta con las leyes del equilibrio, resultado de la borrachera del dia anterior; a pesar de eso, me gustó el primero; tenia la cara despejada, franca, i de color menos cobrizo que los otros indios que ya habia visto: me besó la mano en señal de fraternidad, hice lo mismo, i nos invitó a ir a sus toldos. Le dejamos partir adelante i le seguimos. Llegando, encontramos a su hijo vaciando el resto del barril de aguardiente. El carpintero i su compañero que se habian embriagado el dia ántes, no tenian las ideas mui lúcidas. Antinao les habia hecho promesas magníficas, si querian quedarse para construirle una casa; Creyeron que todos los dias se parecerian al precedente, i seducidos por este porvenir con color de aguardiente, me pidieron licencia para quedarse hasta mi vuelta: despues de muchas observaciones se la dí. El perro Tigre mas acostumbrado a la sociedad de ellos que a la nuestra, i como estaba mui despeado, se decidió a compartir su suerte. Regale chaquiras i cuentas de vidrio a las indias, i viendo unos avestrucitos domesticados, como tenia ganas de mandar uno a mi familia en Valparaíso, pedi que me lo diesen como en retorno, i me fué concedido; desgraciadamente murió a los tres dias. Nos despedimos de Antinao i nos pusimos en marcha; nuestro batallon sagrado se habia disminuido de dos de sus miembros. Caminamos como una legua fardeando colinas, i bajamos a una pradera, a la izquierda de la cual se divisaban algunas casas de paja. Allí, nos dijo Cárdenas, que vivia el cacique Trureu-pan. Queriamos seguir adelante, pero habiamos contado sin nuestro huesped, como dice el adajio, o mejor sin el indio que habiamos encontrado el dia ántes. Éste cuando nos dejó, habia alcanzado a los toldos de Trureu-pan en donde vivia. Allí habia esparcido el alarma: tanto mas que un individuo llamado Montesinos, chileno de Valdivia, habia contado a un Pehuenche que andaba en