Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/112

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marchando de frente, i arrastrando por el suelo la estremidad de sus lanzas, cuyo hierro tenian en la mano; se apearon, las fijaron en el suelo, i se sentaron de manera a formar cìrculo completo al rededor de nosotros: iba a principiar el parlamento.

Como se ve, querian intimidarnos; mientras tanto, yo buscaba a Lenglier que desapercibido habia desaparecido. Los caciques le mandaron buscar: la causa de su demora era que temiendo, con justa razon que los indios aprovechándose de nuestra presencia en el parlamento, nos robasen lo poco que nos quedaba, habia ido a dar una vuelta para cuidar las monturas en la otra orilla; ademas siendo, obstinado como buen Breton, se le habia puesto en la cabeza que nunca se debian tomar a lo sério las cosas de los indios, a quienes despreciaba (siempre he sospechado que la causa de su desden era que los indios no sabian fumar una cachimba de una manera decente) i mientras lo buscaban, él se ocupaba en tomar tranquilamente un refresco de harina tostada mezclada con agua. Los caciques a cada rato me preguntaban si no venia mi compañero; no querian perder sus gastos de escenario; pero Lenglier no venia. Mientras que se en tregaba a las delicias de su ulpo, un Pehuenche, pasando al galope, le arrebató su sombrero. ¡Qué atrevimiento! Un sombrero que habia tenido el honor de lucir en el lago de Nahuel-huapi i en el Limay, que habia tenido la suerte de escapar al naufrajio i a las persecuciones de Paillacan: un sombrero que él queria regalar al Museo de curiosidades de Santiago, le era robado, i como por traicion. No corrió detras del indio, porque no hubiera podido alcanzarlo, pero fanfarroneó un largo rato i enojado no quiso venir a la primera indicacion. Me confesó despues que no habia reflexionado lo que hacia, i que lo sentia mucho, porque su ausencia indicaba una especie de desprecio para con los caciques esta falta de política podia influir en su disposicion para con nosotros. Al fin llegó, se sentó a mi lado i comenzó la funcion. Mientras que todo eso sucedia, llegaba de tiempo en tiempo uno que otro indio atrasado, se apeaba, i principiando por los caciques, dirijia a cada uno de los asistentes la palabra—Eyminai a cuyo saludo contestaba cada uno: he he i despues tomaba su asiento en el cículo.

El espectáculo era imponente para cualquiera que no hubiese conocido el carácter de los indios: el relincho de los caballos, los hierros de las lanzas luciendo al sol, el tric-trac producido por el choque de los sables, (sables viejos, enmohecidos) daban a la escena un aspecto guerrero i algo solemne. José Vera, el chileno tránsfugo, de pié,