Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/13

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años permaneció casi incógnito en Chile, de donde se fué a Lima, i allí el 21 de marzo de 1621 dio el testimonio jurado de todo lo sucedido, que se imprimió en Madrid en el año de 1768. Pero si este tuvo la honradez de decir francamente la verdad, otros abusaron de ella propalando bajo su nombre mil patrañas, ponderando el asombroso crecimiento de entreambas ciudades: la belleza de sus edificios, la grandeza de sus palacios, la suntuosidad de sus templos techados de oro, lo delicioso de sus jardines, huertas i paseos, la inmensidad de sus riquezas i la abundancia tan excesiva de oro i plata, que aseguraban ser de estos preciosos metales los muebles de las casas, hasta la batería de la ciudad. Parece que no discrepaban mucho de estas grandiosas i halagüeñas ideas algunas relaciones de los pocos que fugados del mortífero Estrecho, lograron ir al Rio de la Plata como insinuamos arriba i vinieron a Chile.

I si bien es verdad que ocupados los españoles de este reino en la guerra de Arauco, no pensaron por entonces ir en pos de ellos, no sucedió así en la otra banda de la cordillera. En 1610 el licenciado don Luis del Peso emprendió este viaje, i en mayor escala don Jerónimo Luis de Cabrera en 1620, quien como Gobernador del Tucuman pudo armar un ejército, i provisto abundantemente de víveres i caballadas i entrando por la provincia de Córdova no paró hasta llegar cuando ménos a los Pehuenches, entre los cuales halló rastros de su espedicion el padre Rosales cuando fué a pacificarlos treinta i dos años después. Escarmentados con la inutilidad de tan costosa espedicion los españoles del Tucuman no se atrevieron a emprender otra semejante, aunque no dejaron de hacer algunas tentativas por el lado de Mendoza i también por las costas Patagónicas en el siguiente siglo, sin obtener el menor resultado. No fueron tan inútiles las diversas tentativas que por mar i tierra hicieron los españoles en Chile tan pronto como el marques de Baides asentó la paz con los araucanos. En 1643 el padre Jerónimo de Montemayor embarcóse en Chiloé con el capitán Hurtado en busca de los Césares i desde los 47° regresó sin haber dado con ellos, pero lleno de consuelo por haber hallado numerosas tribus de indijenas en la costa del continente, i teniendo noticias de que existian otros habitantes en el interior del pais. Unos veinte años después repitió el mismo viaje con el jeneral don Cosme Cisternas con mayor entusiasmo i aunque navegaba en tres piraguas libaron al Estrecho, reconocieron sus costas, pero sin hallar mas que desengaños i falsas noticias de lo que habia mas adentro del pais. En 1665 mandó al padre Nicolás Mascardi a