Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/147

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Trumpul, cerro de una forma notable. Del lado opuesto al lago, su pared es perpendicular, sale de la yerba de una pradera, i tiene como ciento cincuenta pies de altura; del otro lado, tiene el mismo declive, que el terreno: unos 25 grados.

Entre el cerro Trumpul i el lago, se ve la choza de José Vera; éste nos esperaba al pié del cerro. Nos apeamos para descansar un poco i consultarnos sobre la conducta que debíamos observar en los dias siguientes. Nos corroboró todos los rumores que habian ocasionado las calumnias de Melipan i tambien nos dió la noticia que los dos peones, que quedaron en rehenes, se habian escapado. Respecto de mi viaje al Cármen, no pudo decirme nada de cierto, sino que iria en esos dias a los toldos de Huitraillan, cuya jente iba él a conducir por el precio de treinta yeguas, i si tenia ganas de aprovechar esta ocasion, se ponía a mi disposicion para conseguir el permiso del cacique. Esta proposicion merecia meditarla; por otra parte estábamos cerca de los toldos de Huentrupan, a donde podiamos llegar al dia siguiente mui temprano, i me resolví a alojar en la choza de Vera. Bajamos al lago por una pendiente mui fuerte que nos obligó a hacer muchos caracoles. Allí vi por la primera vez a Hueñupan que habia sido criado en Valdivia, en casa de don Ignacio Agüero. No supimos, sino mas tarde, que era uno de los asesinos de Bernardo Silva, muerto en la Mariquina, pero el aspecto estraño de su fisonomía me sorprendió. Produjo el mismo efecto en Lenglier: hablábamos de esoa José Vera, i nos dijo que era hombre de un jénio maniático, exaltado i algo loco. José Vera vivia ordinariamente en los toldos de Trureupan, pero habia venido a las orillas del lago para la cosecha, i se habia construido una habitacion mitad toldo, mitad ramada. La mujer de José Vera era cristiana, i su hermana era casada con Hueñu-pan; las dos habian sido criadas en Valdivia. Allí debimos resignarnos a comer carne de caballo, por habérsenos concluido el cordero que teniamos para pasar la cordillera i José Vera no tenia ganado. Comimos de mala gana, pero prometimos abstenernos de esa carne, todas las veces que pudiesemos hacerlo. Un poco mas lejos de la casa de Jose Vera, se concluye el lago de Lacar: ahora podremos hacer una descripcion completa de él.

En este punto la línea divisoria de las aguas, abandonando su direccion Norte Sud, hace una infleccion como de ochenta kilómetros hacia el Este, deprimiéndose al mismo tiempo, i encerrando al lago de Lacar que aparentemente colocado en el otro lado de la cordillera, vacia sus aguas en el Pacífico.