Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/170

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peones, me contestó, que todo lo habian merecido, que le habian robado un cuero con aguardiente i en vez de trabajar lo poco que era de su obligacion, solo se habian ocupado en emborracharse i pelear, i por último que al fugarse, se habian llevado unos cuchillos i dos lazos. En fin, que su conducta habia sido mui diversa de lo que prometieron i de mis recomendaciones. Desgraciadamente, mucho habia de cierto en este asunto.

Inacayal i Hueñupan montaron a caballo i se despidieron, yo iba a hacer otro tanto, pero el cacique me sujetó para que le enseñase a tirar con un naranjero que le habia llevado entre los regalos: lo cargué con bala i apunté a un cuero que habia colgado en un horcon de la ramada: casi todos los caballos dispararon con el tiro; no contaban con eso los indios. Despues el cacique quiso tirar a su turno, pero con un fusil de piedra que tenia en el toldo: apuntó; al encender la pólvora de la cazoleta, el viejo apartó la cara cerrando los ojos i levantando el fusil; por su puesto no dió en el cuero, quiso entónces que yo repitiese la operacion, i se admiró mucho de mi puntería. El cuero estaba a unas veinte varas de distancia. Los indios prefieren las armas de chispa a las de fulminantes, temiendo siempre que se les concluyan éstos.

Al despedirme me trajo un caballo diciéndome que lo llevase, que al otro dia iria José Maria, su lenguaraz, por una corneta de las que yo habia dejado, en los toldos de Huincahual; me despedi llevándome el caballo. Pero Paillacan no es hombre que dejase salir de su casa una persona a quien le sobraba algo en el bolsillo. Me habia visto guardar dos pitrines del añil, que habia llevado para cambiar con Quintunahuel, trato que no se habia concluido porque su mujer no estaba presente. Me alcanzó a toda carrera pidiéndome el añil. Incomodado por este viejo bribon, pedigüeño, i para librarme de sus importunidades le di lo que pedia, i alejándome de él alcancé a Inacayal; de una carrera llegamos al Caleufu. Esa noche dejé dormir a Inacayal, que no debia estar de buen humor con la recepcion de su viejo pariente, i aplacé para el dia siguiente una esplicacion decisiva sobre mi pasaje.