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CAPITULO VI.
Lavado.—Patos.—San Antonio de Iraola.—Escursion.—Tchelchiuma.—Eliza Bravo.—Chincoleu.—Llanquitrue i su historia.—Cartas.—Crueldades.—Pablo Moron.—Puelmai i su hijo.—Esplicacion.—Cacería.—Preparativos.—Salida por el Caleufu.—Rio Chimehuin—Sangría.—Meditación


8 de marzo.—Como no teniamos que hacer, i la ropa estaba bastante sucia, fuimos al rio para lavarla con el poco jabon que habiamos podido sustraer a la voracidad de los indios; cuando digo la voracidad de los indios, no hablo en estilo figurado, los indios son mui golosos con este manjar; no conocen el verdadero uso del jabon. Ellos para quitarse la grasa, emplean una tierra que debe contener potasa. Fuimos al rio con pretesto de lavar; teniamos tambien la libertad de tomar una observacion de latitud con el instrumento, aunque para esta operacion nunca nos faltaba pretestos, ya un baño etc.

En donde lavábamos vimos muchos pescados del largo de 25 i 30 centímetros que se acercaban sin desconfianza, nadaban tambien en el mismo lago algunos patos i quetrus. Una pareja de patos, hembra i macho, segun las costumbres monógamas de esas aves, volaron cantando. Uno que debia ser la hembra hacia oir un silbido i el otro una especie de grito mui estraño, parecia al grito de un perro castrado.

De los espinos de la orilla volaban bandadas de tortolitas de la especie que Gay llama tortolita araucana.

Lavada la ropa, volvimos a los toldos i fuimos a platicar al del tio Jacinto en donde se hallaba tambien Dionisio el lenguaraz. Se puso en discusion el asunto que nos ocupaba dia i noche: el viaje a Patagónica, i de allí se vino siguiendo el hilo de la conversacion a los malones que daban los indios en la vecindad de Patagónica, i los repetidos ataques contra el pueblo. Contó Dionisio que habia tomado parte en una de esas espediciones. Era una partida de quinientos indios, que fueron a dar un asalto al fuerte de San Antonio de Iraola i acuchillaron tres cientos españoles (argentinos).

Como no teniamos mas ovejas para comer, i Dionisio conocia algunos indios que tenian majadas, le propuse que me acompañase a esos toldos. Lenglier se quedó para limpiar el fusil de Inacayal, nosotros montamos a caballo, orillamos el Caleufu remontándolo como tres leguas, lo vadeamos i tomando un estero que se llama Tchelciuma, llegamos a una toldería, en donde pude comprar siete ovejas. Habia allí un indio que hablaba castellano, habiendo vivido como cautivo siete años en Chillan. Era de la banda del caudillo Pincheira,