Página:Viaje en las rejiones septentrionales de la Patagonia.djvu/89

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A las siete todos estábamos listos: alsalir, el agua estaba bastante ajitada, ajitacion inevitable en un caudal de este volúmen, que saliendo de un lago grande por una abertura relativamente estrecha, encuentra obstáculos i no puede tomar inmediatamente un curso regular. El rio se presentaba así: en un espacio de quinientos metros, hasta una vuelta en donde hai un rápido, que pasamos bastante bien, el curso es regular i no carece de cierta majestad: la superficie es lisa como un espejo, el agua perfectamente clara, se divisa el fondo compuesto de piedras redondas de unas veinte pulgadas de diámetro: tiene como ochenta metros de ancho, i tres o cuatro de profundidad, la corriente rápida, de unas siete millas. En este punto la seccion transversal es mui notable: a la derecha hai colinas bastante elevadas de las cuales hemos nombrado una: el cerro de la Estatua, el rio corre al pié mismo de esas colinas, miéntras tanto que a la izquierda una especie de dique natural le mantiene en su lecho, i el fondo del valle está cincuenta metros mas a la izquierda; de modo que el Limay no corre por el fondo del valle, sino que a media cuesta: su lecho parece un acueducto formado por la mano de la naturaleza para trasportar una masa de agua desde un punto a otro del mismo nivel, haciéndola pasar mas arriba del fondo de un valle mas abajo. El rio sigue rápido pero uniforme dando algunas vueltas, conservando sin embargo su direccion jeneral al Norte. Así, orillando siempre la ribera izquierda, encontrando varias islas bajas con algunos arbustos, navegamos sin accidente hasta las diez de la mañana. El fondo de lo recorrido habia variado entre uno i cuatro metros, la corriente de seis a siete millas por hora.

A las diez llegamos a un codo bastante desarrollado i en vez de orillar la concavidad, lo que no tenia inconveniente, visto el gran radio de la curva, i lo que hubiera sido mejor, porque en este lugar, la pendiente se dirijia hácia el fondo del valle i debia ser allí mayor el caudal de agua, tuvimos la desgraciada idea de seguir la cuerda del arco para cortar derecho. De repente sentimos tocar el fondo, algunos minutos de friccion contra las piedras bastaron para quebrar una de las tablas del bote; por la hendidura entró el agua, pero despacio, alcanzamos la orilla derecha que estaba cerca, en un punto cómodo para bararlo. En pocos momentos habiamos sacado todo lo que contenía, i Vimos que en efecto una de las tablas del fondo se habia quebrado; era la tabla del medio e inmediata a la quilla. Armamos un aparejo e izamos el bote a la orilla que solo estaba a una vara sobre el nivel del agua; como habiamos tenido el cuidado de traer estopa i tablas de alerce para reemplazar las que pudiesen ponerse fuera de servicio, emprendimos en el acto la compostura.