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Pedro Puelles

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época
VI


Pedro Puelles


Vino al Perú en 1534 con el Adelantado don Pedro de Alvarado. Era un joven hidalgo de Castilla, muy pagado de sus pergaminos. Un cronista dice de él que era avariento, feroz, y de ánimo inquieto y novelero.

A poco de haber tomado servicio en el Perú, tuvo una insubordinación con Benalcázar, y éste le impuso arresto. Por eso, cuando en la batalla de Iñaquito se vió Benalcázar herido y prisionero, el hidalgo Puelles tuvo la cobardía de insultarlo. No es hidalgo quien nace hidalgo, sino quien sabe serlo.

Cuando Gonzalo Pizarro marchó al descubrimiento de la Canela, dejó en Quito á Puelles por su teniente gobernador; y Vaca de Castro, después de la batalla de las Salinas, lo nombró para que acabase de fundar y poblar la ciudad de León de Huánuco.

Sublevado Gonzalo contra el virrey Blasco Núñez de Vela, Puelles principió por servir la causa de éste; mas pronto se unió á Gonzalo, traición que inclinó por completo la balanza en favor de los revolucionarios. Puelles fué el maese de campo de Pizarro en la batalla de Iñaquito.

Después del triunfo, Gonzalo le dejó en Quito por su teniente gobernador. A este propósito dice un cronista: «Encargado Puelles del gobierno, se vieron en el cielo algunas lumbres extraordinarias y dos leones que peleaban, uno en la parte del oriente y otro en la parte del poniente, y el sol se obscureció, con otros fenómenos que fueron tenidos por los habitantes de Quito como augurios de grandes sucesos y de terribles desastres.»

Al arribo de La Gasca, empezó á palidecer la buena estrella de Gonzalo; y Puelles, á la vez que enviaba un emisario cerca del licenciado, ofreciéndole alzar bandera por el rey si se le acordaban ciertas gracias, se preparó á marchar con tropas sobre Guayaquil, que se había pronunciado contra la revolución. Pero la víspera de la marcha, y con pretexto de acompañarlo á misa, entraron varios oficiales al cuarto de Puelles, que aun no se había levantado de la cama, le dieron de puñaladas, le cortaron la cabeza y la pusieron en el mismo sitio público donde él había hecho colocar antes la del virrey Blasco Núñez de Vela.