Pedro de La-Gasca: 03

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original. Publicado en la Revista de España: Tomo XV.


II.

Hallábase aquejado el Consejo del Emperador Cárlos V con las malas nuevas que se recibian del Perú, donde ni el Gobernador Vaca de Castro primero, ni después el bravo Virey Blasco Nuñez Vela, habían podido adelantar nada en la pacificación del país, y al saberse á principios del año 1545 la desastrosa suerte de este último, vencido y muerto por Gonzalo Pizarro, determinóse enviar allí persona que tuviese más cualidades, como dice López de Gomara, de raposa que de león; y recordando la extremada prudencia y exquisito tacto del Licenciado La-Gasca, acordóse que fuese allá. Nombráronle, pues, Presidente de la Audiencia Real del Perú, con pleno poder para todo lo tocante á la gobernación de la tierra y á la pacificación de las alteraciones de ella, con facultad para indultar y perdonar todos los delitos y casos sucedidos, ó que sucediesen durante su estancia. Diéronsele además todas las cédulas y recaudos necesarios para hacer, en caso que le conviniese, gente de guerra, y amplios poderes, en fin, para obrar de la manera que á su juicio fuese más adecuada para lograr la deseada pacificación de aquellos países. Resistíase á aceptar tan arriesgado cargo, pero habiéndole escrito el Emperador desde Colonia, con fecha 6 de Agosto de 1545, que lo aceptase, hubo de resignarse á ello, contestando en Madrid á 14 de Noviembre del mismo año, por carta de la cual copiamos la siguiente cláusula: — «Conozco mis pocas fuerzas y corta industria, y que ninguna experiencia tengo de las cosas de las Indias; y conforme á esto si me faltase la vida ó salud en el camino, ó medios en los negocios, sería inútil para servir á Dios y á V. M. en ellos, y no se conseguiría el fin de la pacificación de aquella tierra. Mas considerando la determinación con que V. M. me lo manda, me pareció que sin réplica ni excusa le debía obedecer, considerando que con hacer lo que en mi fuese, tratando los negocios con la fe, verdad y limpieza que debo á Dios y á mi Principe, habré cumplido.»

Propuso el Consejo de Estado, que antes de partir para América se le honrara con una de las iglesias más ricas del reino, para que con el esplendor y autoridad de la mitra fuese en aquellas partes más respetado y seguido; pero al llegar á su noticia el acuerdo, respondió: «que la mayor dignidad que había de llevar consigo, era su hábito clerical y su Breviario.» El Emperador se conformó con este parecer, y cuando lo supo La-Gasca, dijo: «S. M. ha puesto los ojos en lo más conveniente para la conciencia de ámbos, porque cuando me honrara con una iglesia, no la pudiera aceptar, sin notorio peligro de mi alma, y nota de mal cristiano, habiendo de tener tan poca cuenta con ella en tan larga y peligrosa jornada, y tan léjos de cualquier obispado de los de España.» En lo cual mostró su gran desinterés y el desprendimiento con que en lo tocante á su medro personal procedió siempre.



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