Pensamientos (Rousseau 1824): 42

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PENSAMIENTOS MORALES.


 No puede reflexionarse sobre las costumbres, sin complacerse uno en recordarse la imagen de la sencillez de los tiempos primitivos. Es como una hermosa ribera adornada por solo las manos de la naturaleza, ácia la cual incesantemente se vuelven los ojos sintiendo un pesar en alejarse de ella.

 La única leccion de moral que conviene á la infancia, y la mas importante á toda edad, es no hacer jamas daño á nadie. El mismo precepto de hacer bien es peligroso, falso y contradictorio, si no está subordinado á este. ¿Quien es el que no hace bien? Todo el mundo lo hace, asi el malo como los demas: hace un feliz á costa de cien miserables, y de aquí vienen todas nuestras

calamidades. Las mas sublimes virtudes son negativas: son tambien las mas difíciles, porque son sin ostentacion y aun superiores al placer, tan dulce al corazon del hombre, de que otro se vaya contento de nosotros. ¡Oh, cuanto bien hace necesariamente á sus semejantes aquel de entre ellos, si hay alguno, que jamas les hace mal! ¡Que intrepidez de alma, que vigor de carácter necesita para esto! No raciocinando acerca de esta máxima, sino procurando practicarla, es como se conoce cuan grande y penoso es lograrlo.

 El precepto de no dañar jamas á otro trae consigo el de estrecharse con la sociedad humana lo menos que sea posible; porque en el estado social el bien de uno constituye necesariamente el mal de otro. Esta relacion existe en la esencia de la cosa, y nada podria mudarla. Averigüese este principio: ¿cual es mejor, el hombre social ó el solitario? Un ilustre autor dice que el malo es el que vive solo, y yo digo que quien vive solo es el bueno: si esta proposicion es menos sentenciosa, es mas verdadera y mejor razonada que la precedente. Si el malo estuviese solo, ¿que mal haria? En la sociedad es donde

prepara sus máquinas para dañar á los demas.

 Es necesario estudiar la sociedad por los hombres, y no los hombres por la sociedad; los que quieran tratar separadamente la política y la moral, jamas comprenderán ninguna de las dos. Dedicandose desde luego á las relaciones primitivas, se vé como deben ser afectados los hombres, y que pasiones deben nacer. Se vé que recíprocamente por el progreso de las pasiones estas relaciones se multiplican y se estrechan. La moderacion de los corazones hace á los hombres independientes y libres, mas bien que la fuerza de los brazos. Cualquiera que desea pocas cosas, depende de pocas personas; pero confundiendo nuestros vanos deseos con nuestras necesidades físicas, los que han hecho de estas últimas los fundamentos de la sociedad humana, han tomado siempre los efectos por las causas, y no han hecho otra cosa que estraviarse en sus razonamientos.

 No hay conocimiento moral que no pueda adquirirse por la esperiencia de otro, ó por la de uno mismo. En el caso en que es peligrosa esta esperiencia, en vez de hacerla uno mismo, se saca su leccion de la historia.

 No vayamos á buscar en los libros principios y reglas que mas seguramente hallarémos dentro de nosotros mismos. Dejemos en ellos las vanas disputas de los filósofos sobre la felicidad y la virtud: empleemos en hacernos buenos y felices el tiempo que ellos pierden en buscar como debemos serlo; y propongamonos grandes ejemplos que imitar, mas bien que vanos sistemas que seguir.

 Quien ha hecho por vivir de modo de no necesitar pensar en la muerte, la vé venir sin temor. Quien se duerme en el seno de su padre, no teme dispertar.

 Al oir las murmuraciones de los impacientes mortales, se diría que Dios les debe la recompensa ántes de contraer el mérito, y que está obligado á pagar anticipadamente su virtud. ¡Oh! seamos primero buenos, y despues serémos felices: no exijamos el premio ántes de la victoria, ni el salario ántes del trabajo. No en la lid, decia Plutarco, son coronados los vencedores de nuestros juegos sagrados, sino despues que la han corrido.

 El primer premio de la justicia es conocer que se practica.

 La paz del alma consiste en el desprecio de todo lo que puede turbarla.

 Si la razon constituye al hombre, la conciencia le dirige.

 Las grandezas del mundo corrompen el alma; la indigencia la envilece.

 Si la tristeza enternece al alma, una profunda afliccion la endurece.

 Se pierde todo el tiempo que se puede emplear mejor.

 Hacer un juramento criminal, es un segundo crimen.

 ¿Hay un estado permanente (en lo humano) destinado para el hombre? No, cuando todo se ha adquirido, es necesario perder; hasta el placer de la posesion se gasta por ella misma.

 Las pesadumbres y las penas pueden tenerse por ventajas en cuanto impiden que se endurezca el corazon á las desgracias de otro: no se sabe que dulzura es la de enternecerse por sus propios males y por los de los demas. La sensibilidad introduce en el alma cierto contento de sí mismo, que es independiente de la fortuna y de los acaecimientos.

 El país de las quimeras es en este mundo

el único digno de ser habitado; y es tal la nada de las cosas humanas, que, fuera del ser existente por sí mismo, nada hay de bello sino lo que no lo es.

 La pura moral esta tan cargada de obligaciones severas, que si se la recarga tambien de fórmulas indiferentes, casi siempre es á costa de lo esencial.

 Nadie puede ser feliz si no goza de su propia estimacion.

 Si la contemplacion de lo bello es el verdadero goce del alma, ¿como puede el malvado amarlo en otro, sin verse forzado á aborrecerse á sí mismo?

 No hay asilo seguro sino aquel en que uno puede sustraerse á la vergüenza y al arrepentimiento.

 Las malas máximas son peores que las malas acciones. Las pasiones desordenadas inspiran las malas acciones; pero las malas máximas corrompen la misma razon y quitan todo recurso para volver al bien.

 El amor propio es un instrumento útil, pero peligroso: muchas veces hiere la mano que se sirve de él, y raramente hace bien sin mal.

 El abuso del saber produce la incredulidad

lidad. Todo sabio desdeña la opinion vulgar: cada uno quiere tener una propia. La orgullosa filosofía conduce al espíritu fuerte, asi como la ciega devocion conduce al fanatismo.

 El interes particular nos engaña: solo la esperanza de lo justo no engaña.

 Tal es la suerte de la humanidad: la razon nos muestra el objeto, y las pasiones nos apartan de él.

 Fuera de lo necesario físico, todo es origen de mal: la naturaleza solo nos da necesidades en demasía, y es muy grande imprudencia multiplicarlas sin necesidad y poner de este modo su alma en mayor dependencia.

 El primer paso al vicio, es cubrir con el velo del misterio acciones inocentes: cualquiera que gusta de disfrazarse, tarde ó temprano tiene motivo para ello. Un solo precepto de moral puede valer por todos los demas, y es este: «No hagas ni digas jamas nada que no quieras que todo el mundo vea y entienda. » Por lo que á mí toca, siempre he mirado como el mas apreciable de los hombres á aquel Romano que queria se construyese su casa de modo que se viese todo lo que se hacia en ella.

 El último grado de oprobio es perder con la inocencia el sentimiento que hacia amarla.

 Hay objetos tan odiosos, que ni aun es permitido verlos á un hombre de honor: la indignacion de la virtud no puede soportar el espectáculo del vicio.

 El sabio observa el desórden público que no puede impedir; le observa, y muestra en su semblante entristecido el dolor que le causa; pero en cuanto a los desórdenes particulares, se opone á ellos ó vuelve los ojos temiendo no se autoricen con su presencia.

 Las ilusiones del orgullo son el orígen de nuestros mayores males; pero la contemplacion de la miseria humana hace siempre moderado al sabio. Se mantiene en su puesto, no se agita por salir de él, ni gasta inútilmente sus fuerzas para gozar de lo que no puede conservar; y empleandolas todas en poseer bien lo que tiene, es en efecto mas poderoso y rico de todo lo que desea menos que nosotros. ¡Ser mortal y perecedero! ¿Iré yo á formarme vínculos eternos sobre esta tierra en que todo muda ó pasa, y de la cual desapareceré mañana?

 La paciencia es amarga, pero es dulce su fruto.

 Es menester una alma sana para sentir los encantos del retiro.

 Una alma sana puede hacer gustosas las ocupaciones comunes, como la salud del cuerpo hace gustosos los mas simples alimentos.

 El entendimiento se estrecha á medida que el alma se corrompe.

 Cualquiera que se avergüenza es ya culpable: la verdadera inocencia no se avergüenza de nada.

 Todo lo que pertenece al hombre se resiente de su caducidad; todo es finito, todo pasagero en la vida humana, y aun cuando durase siempre el estado que nos hace felices, el hábito de gozar de él nos quitaría el gusto. Si fuera no muda nada, muda el corazon: la felicidad nos deja, ó la dejamos.

 La injusticia y el fraude hallan muchas veces protectores, pero jamas tienen al público de su parte: en esto es donde la voz del pueblo es la voz del cielo.

PENSAMIENTOS DIVERSOS.


 Tantos libros de historia, de relaciones de viages, como se imprimen, nos hacen descuidar el libro del mundo, ó si todavía leemos en él, cada uno se atiene á su hoja.

 No somos curiosos sino á proporcion que somos instruidos.

 La ignorancia no es un obstáculo al bien ni al mal, es solamente el estado natural del hombre.

 Jamas ha hecho mal la ignorancia: solo el error es funesto: no nos estraviamos porque no sabemos, sino porque creemos saber.

 Naturalmente el hombre piensa poco. Pensar es un arte que se aprende como todos los demas, y aun mas difícilmente.

 El estudio gasta la máquina, agota los espíritus, destruye la fuerza y adormece el valor; y esto solo demuestra que no es á propósito para nosotros.

 Nada conserva mejor el hábito de reflexionar que el estar mas contento de sí mismo que de su fortuna.

 Un tonto puede reflexionar alguna vez, pero siempre es despues de la tonteria.