Poesías de Evaristo Carriego: 01

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La vida de Evaristo Carriego queda sintetizada en la sencillez de dos fechas: 7 de Mayo de 1883, día de su nacimiento y 13 de Octubre de 1912, día de su muerte. En ese intervalo de veinte y nueve años hay que poner muchos ensueños, muchas ilusiones, ansiedad enorme de belleza, generosos impulsos de un corazón leal, para comprender esa vida, tan breve en el tiempo, tan honda en la intensidad de la labor realizada.

 Tenía de la provincia en que había nacido todo el impulso heróico y obstinado que heredara de sus progenitores, y lo que él, voluntariamente, llevado por su espíritu nativo, se esforzara en asimilar. Era, empero, neta y genuínamente, de Buenos Aires, de la gran ciudad a donde llegara con cinco o seis años de edad y de la que nunca más había de salir.

 Buenos Aires fué su patria verdadera, su escenario natural, el paisaje único que podía interpretar con la sinceridad de la similación absoluta. Y de Buenos Aires el barrio pobre, el barrio humilde, donde el conventillo pone sus notas típicas al lado de la modesta casita donde la familia bien, pero venida a menos y relegada al suburbio, pone un suave aroma de placidez burguesa.

 Evaristo Carriego ha sido el cantor de los tipos que han construído a la gran metrópoli; ha sido el evocador, en versos llenos de una rara sencillez a veces, otras de una vaga y extraña solemnidad, de esos modestísimos seres que en las grandes ciudades aplasta el dolor oculto. En sus composiciones está la vida argentina, no solamente la bonaerense, porque la creación se repite en cualquier punto de la república donde una nueva ciudad se funde y la obra recomienza.

 Pintor de las costumbres de una época, sus libros tienen derecho a perdurar en el alma de su pueblo. Esa obra que deja, empero, está destinada a un éxito más alto. No era Carriego de los que podían satisfacer su necesidad de gloria limitándola al aplauso de los suyos. Y si la muerte interceptó sus pasos, impidiéndole dar a su obra toda la extensión que a altas esperanzas correspondía, sus amigos, numerosos y fieles, han tomado a su cargo la tarea de permitir la realización de sus deseos.

 De ahí el empeño con que un grupo de camaradas realizó la compilación de estas Poesías y la adhesión espontánea de todos los que con su auxilio pecuniario se ofrecieron a sufragar los gastos de edición, de manera que el producto de la venta, sirviera para recordar, ya que honrada lo es en todos los espíritus y enaltecida queda por sí misma, la memoria del poeta.

 Obra es esta que no necesita de prólogos. Carriego era sobradamente popular en la Argentina para que nadie tenga necesidad de que la bellezas de sus composiciones hayan de señalarse a nadie. Los lectores extranjeros sólo necesitan saber que fué joven, que trabajó mucho y que murió prematuramente. Lo demás se lo dará, por añadidura, la comprensión de sus poesías, sentimentales e irónicas, valientes y mansas, tristes y alegres, en la diversidad de notas que tuvo su lira, esa lira que fué guitarra en las canciones del barrio y fué armonium para llorar en largo y ronco gemido las tristezas de las almas incomprendidas.

 Este libro no debe llevar prólogo crítico de ninguna especie. Esta es obra que camina por sus propios pies y conmueve por su propia emoción, sin intérpretes. Para los que no conocieron al poeta, nada más que las dos fechas de su vida; a todos la explicación de cómo y por qué surge a la luz esta obra, en la noble inspiración de un recuerdo que dignifica a quienes lo llevan a cabo.



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