Revista de España: Boletín 22

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Boletín bibliográfico
de Revista de España: Tomo VI#Número 22

Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.



BOLETIN BIBLIOGRÁFICO.[editar]

LIBROS ESPAÑOLES.[editar]


Escenas montañesas. — Colección de bosquejos de costumbres, tomados al natural, por D. José María de Pereda, con un prólogo de D. Antonio Trueba. — Madrid, 1864. — Un tomo en 8.° francés de 349 páginas.

Aunque esta obra tiene ya cuatro años de fecha, no la creemos excluida del círculo á que deben limitarse nuestras noticias bibliográficas, tanto porque la fama la ha tratado con poca justicia, á causa sin duda de ser nuevo su autor en la república de las letras, como porque, encerrando un interés permanente, no sólo bajo el aspecto literario, sino también bajo el histórico y etnográfico, nunca podria estimarse fenecida la ocasión de darla á conocer, y menos hoj que la Revolución de Setiembre ha venido á acelerar el movimiento de trasformacion de nuestra sociedad tradicional, hasta en los últimos rincones de la Península, y á hacer, por lo mismo, más y más necesarios libros que, cual las Escenas montañesas, ofrezcan á las generaciones futuras el retrato fiel y exacto de la que ahora está espirando, últimas reliquias de la España antigua.

El título de Escenas denota que el Sr. Pereda se propuso seguir las huellas de El Solitario y El Curioso Parlante, acabados modelos en la pintura de las costumbres populares: el adjetivo montañesas indica que el país, cuya fisonomía moral y física ha querido reproducir en sus cuadros, es aquella parte de las Asturias, vulgarmente llamada Montaña de Santander, ó autónomasticamente la Montaña, donde el tipo asturiano, notablemente modificado, aunque no del todo borrado, por la vecindad y frecuente roce con Castilla y Vizcaya y las continuas emigraciones á Andalucía, presenta un conjunto de rasgos y caracteres sumamente original, variado y pintoresco, sobre todo en las aldeas y en las clases bajas de la capital, más indóciles que la sociedad culta, como en todas partes, á la influencia cosmopolita y niveladora del presente siglo.

A dos grupos pueden reducirse los artículos del Sr. Pereda; escenas de la ciudad y escenas del campo. Forman el primero los intitulados Santander (antaño y ogaño), El Raquero, La primera declaración y La Costurera, La Leva, La Buena gloria, Las Visitas y ¡Cómo se miente! Corresponden al segundo los que llevan por epígrafe La Robla, A las Indias, La Noche de Navidad, La Primavera, Suum cuique, El Trovador, El Jándalo, Los Pastorcillos, Arroz y gallo muerto, y hasta cierto punto, El Espíritu moderno. Algunos de estos se hallan compuestos en verso; pero, aunque fácil y correctamente metrificados, y no desprovistos de gracia, distan mucho de gustarnos tanto como los en prosa, la cual admite pormenores que aquel excluye, y son como la salsa de los escritos de costumbres. ¡Cuánto no habría ganado, por ejemplo, El Jándalo, que es de los mejores, si el autor, al trazar tan característica figura, hubiese puesto á un lado las trabas del metro y de la rima!

¡Con qué gallardía campea cuando desprendido de ellas, corre suelta y desembarazadamente! Entonces demuestra el profundo espíritu de observación que posee para estudiar la vida y estilos de las varias esferas sociales; fino discernimiento para fijarse únicamente en lo que tiene de peculiar é interesante: viva imaginación y buen gusto para pintar con verdaderos y oportunos colores la realidad, sin pesadez ni prosaísmo, y para embellecerla y trasfigurarla sin mengua de la exactitud; fuerza de intuición para dar consistencia, alma, fisonomía y lenguaje propios y perfectamente distintos á las personas que describe, de modo que sean juntamente reales é ideales como el Tuerto y el tio Tremontorio de La Leva, dignos de Cervantes; habilidad extremada en el manejo del diálogo cuando el asunto y la ocasión lo piden ; naturalidad y riqueza de estilo para no desentonar los cuadros con falsas pinceladas, ni fatigar al lector con la rigidez y monotonía de las formas; y finalmente, lenguaje correcto y castizo sin afectación arcaica, esmaltado de mil frases y locuciones populares sobremanera expresivas, que en ningún género de literatura sientan mejor que en los estudios de costumbres. Quizás peque á veces de sobrado minucioso, como pecan nuestros más célebres novelistas antiguos; pero, aun en esos casos, es tal la magia de su pincel, tal la ilusión que produce, que fácilmente se le perdona aquel defecto, dado que lo sea, y no deba achacarse más bien á nuestro gusto pervertido.

Por otro concepto merece asimismo subida alabanza el libro del señor Pereda. La impresión que su lectura deja en el alma es pura y sana en alto grado. También deja otro sentimiento; el de que no sea más voluminoso; y á par de esto, el deseo de que su modesto autor siga ocupándose en obras del mismo género que le aseguran más y más el ya bien ganado título de digno émulo y legitimo heredero de Estébanez Calderón y Mesonero Romanos.


La poesía épica en la antigüedad y en la edad media. — Discursos pronunciados en el Ateneo de Madrid, por D. Francisco de P. Canalejas, Catedrático por oposición en la Universidad Central, Abogado del Ilustre Colegio de Madrid. — Tipografía de Gregorio Estrada, 1869.

Estos Discursos, que fueron ya publicados en la Revista Mensual, forman en la edición que anunciamos un elegante volumen de más de doscientas páginas, que constituyen una interesante monografía sobre la Epopeya, que es, como se sabe, el más importante de todos los géneros de poesía. No sería posible, sin escribir un tratado quizá más largo que el que nos ocupa, exponer y juzgar menudamente las doctrinas y apreciaciones que sobre esta materia emite el autor. Sólo diremos que en las seis conferencias ó discursos de que consta la obra, se expone con gran método y claridad todo lo más importante relativo á la didáctica, á la crítica y á la historia de este género de poesía.

En la primera, después de caracterizar la Epopeya, diferenciándola del drama y de la lírica, se expone el procedimiento espiritual épico, que es principalmente la apoteosis, analizando después los dos grandes poemas índicos Ramayana y Mahabaratha que pertenecen al período del renacimiento indiano, y al momento de la perfección de la lengua, que por está razón se llama sánscrito.

El segundo discurso trata de la Epopeya clásica y contiene toda la discusión relativa á los poemas homéricos y á la existencia de este poeta: ocupándose después de la época romana, en que la vida tenia una superioridad estética sobre el Arte, por lo cual La Eneida no es una verdadera epopeya, y los historiadores romanos aparecen más grandes que sus poetas.

Los elementos épicos de la Edad Media son objeto del tercer discurso, en el cual se exponen los caracteres de las épocas unitarias y de las épocas orgánicas de la humanidad y después se habla de los poemas propios de la raza germana franca, de la teutónica y de la finlandesa, ó sea del Carlovingio, de los Nivelungen y de La Kalavela.

En la cuarta conferencia empieza á tratarse de la poesía épica nacional, y después de hablar del poema de la Cruzada contra los Albigenses, y de la poesía nacional bohemia, se ocupa el autor de los elementos épicos de España, terminando el asunto en el siguiente discurso, y analizando en ambos los más importantes caracteres poéticos de nuestra nacionalidad, Bernardo del Carpio, Fernan Gonzalez y, por último, el Cid y su poema, monumento primitivo de nuestra civilización y de nuestra lengua.

El último discurso está especialmente consagrado á Dante y la Divina Comedia, expresión sintética de la Edad Media, y el punto más elevado de su poesía, que indica la transición á la época moderna por su carácter reflexivo. El Sr. Canalejas juzga, con razón, que la Divina Comedia es la última epopeja que hasta ahora ha habido, pero opina que volviendo la humanidad á una época dogmática aparecerá un Valmigni, un Homero ó un Dante que conserven en una gran epopeja su nueva vida espiritual y su triunfo sobre la materia.


Diccionario General de Política y Administración, publicado bajo la dirección de D. Estanislao Suarez Inclan y D. Francisco Barca, con la colaboración de varios jurisconsultos, publicistas y hombres de Estado. — Madrid, imprenta de la Biblioteca universal económica, 1868.

Se hace sentir generalmente la necesidad de un Diccionario, que sea para la Política y la Administración de tanta utilidad práctica como la que tuvieron el de Canga-Arguelles para la Hacienda, y el de Escriche para la Legislación, y que ocupe en las bibliotecas de los españoles estudiosos el lugar que en las francesas tiene el publicado bajo la dirección de M. Maurice Blok. Los señores Suarez Inclan y Barca se han encargado de satisfacer esta necesidad. Sus nombres eran desde luego una garantía de acierto en el desempeño de su obra; pero, no contentos con sus propios grandes recursos, han buscado la cooperación de los escritores más distinguidos como jurisconsultos, publicistas y hombres de Estado. Cada artículo de su Diccionario, entre los que son de alguna importancia, lleva al pie la firma de un autor conocido por su competencia en la materia de que trata. El de abastos está escrito por D. Lope Gisbert; el de abdicación por Don Florencio Rodríguez Vaamonde; el de abogado por D. José González Serrano; el de absolutismo por D. Laureano Figuerola; el de Academia por D. Antonio Ferrer del Río; el de acotado por D. Valeriano Casanueva; el de Adelantado por D. Isidro Autran; el de administración por D. José de Posada Herrera; el de administración militar por D. Antonio López de Letona; el de adquisición por D. Luis de Entrambasaguas; el de aduanas por D. J. M. Alonso de Beraza; el de afrancesados por D. José Arias Miranda; el de agio y agiotaje por D. Félix de Bona; el de agricultura por D. Agustín Pascual; el de agua por D. Joaquín Nuñez de Prado; el de Alcalde por D. Pedro Nolasco Aurioles; el de Alcalde de Casa y Corte por D. Juan A. de Viedma; el de Alcalde Mayor por D. Fernando Vida; el de Alvarez de Toledo por D. Juan A. de Viedma; el de América española por D. José Arias de Miranda; el de amnistía por el Marqués de Miraflores; el de amortización, por D. Ricardo Chacón; el de Aragón, por D. Antonio Benavides; el de Aranda (Conde de) por D. Antonio María Fabié; el de arbitrariedad, por D. Joaquín Escario; el de arbitrage, por D. César de Veraza; el de arbitristas, por D. Antonio Cánovas del Castillo; el de Argüelles, por D. José de Olózaga; el de archivos, por D. José Godoy Alcántara; el de armas (uso de), por D. Fermín Aldaz; el de arqueología, por D. J. M. Escudero de la Peña; el de arquitectura, por don Eugenio de la Cámara; el de ascensos militares, por D. Casimiro de Polanco; el de asistente, por D. Leonardo García de Leaniz; el de asociación, por D. Carlos Navarro y Rodrigo; el de Asociacion general de ganaderos, por D. Félix García Gómez; el de asonada, por D. Saturnino Alvarez Bugallal. Todavía estos nombres, contenidos en las treinta primeras entregas, que son las hasta ahora publicadas del Diccionario, no son sino una minoría entre los muchos, igualmente autorizados, que se hallan anunciados como coautores de este libro, que deseamos ver concluido.


Censo de la ganadería de España, segun el recuento verificado en 24 de Setiembre de 1865, por la Junta general de Estadística. — Madrid, imprenta de Julián Peña, 1868.

Es el primer trabajo de su clase publicado en España. La administración pública de los pasados siglos, que con tanto y tan funestamente excesivo celo se ocupó en fomentar la ganadería, sacrificándole con frecuencia la agricultura, la industria y la población, no nos ha dejado suficientes noticias para formar, no ya una estadística pecuaria, pero ni aun noticias medianamente exactas de su importancia numérica en aquella época. La erudita Introducción que precede á este nuevo libro de la Junta de Estadística, contiene atinadas observaciones sobre la naturaleza é historia de la riqueza pecuaria, y sobre los ventajosos resultados que ya ha dado y promete seguir produciendo el sistema de la libertad del trabajo sustituido á la antigua tiránica centralización. No está firmada esta Introducción; pero tampoco lo necesita para los que acostumbrados á estudios de semejante índole, conocen el estilo propio de una de las personas que con más constancia, laboriosidad y acierto se vienen ocupando desde hace muchos años en España en las cuestiones agrícolas y pecuarias.

Habia, según este censo, en 24 de Setiembre de 1865, en la parte española de la Península, y en sus islas adyacentes, 680.373 cabezas de ganado caballar; 1.021.512 del mular; 1.298.334 del asnal; 2.967.303 del vacuno; 22.468.969 del lanar; 4.531.228 del cabrío; 4.351.736 del de cerda, y 3.181 camellos.

Los números de propietarios eran: de caballos y yeguas, 382.753; de mulas, 518.018; de asnos, 866.696; de vacas, 754.318; de ovejas, 606.512; de cabras, 284.200; de cerdos, 1.534.454, y de camellos, 2.127.

Por el número absoluto de cabezas de ganado que hay en cada provincia, figuran como primeras: Sevilla, por los caballos; Toledo, por las mulas; Badajoz, por los asnos; Oviedo, por las vacas; Badajoz, por las ovejas; Cáceres, por las cabras; Badajoz, por los cerdos, y, respecto de los camellos, la importancia de Canarias es casi exclusiva, pues, excepto los que había en el Retiro de Madrid, y en Aranjuez, y de algo más de una docena que se contaron en cada una de las provincias de Huelva y Sevilla, casi todos los demás se hallaban en aquellas islas.

Las provincias que menor número de cabezas de ganado tienen, son: de caballos, Tarragona; de muías, Guipúzcoa; de asnos, Lugo; de vacas, Tarragona; de ovejas, Canarias; de cabras, Guipúzcoa; y de cerdos, Tarragona,

Pero considerados los números de cabezas de ganado con proporción al que hay, por término medio, en cada cinco kilómetros cuadrados, ocupan los primeros puestos: por los caballos, Alava, Coruña y Cádiz; por las mulas, las Baleares, Alicante y Madrid; por los asnos, Alicante, Almería y Málaga; por las vacas, Guipúzcoa, Pontevedra, y Vizcaya; por las ovejas, Soria, Avila y Logroño; por las cabras, Huelva, Cádiz y Cáceres, y por los cerdos, Pontevedra, Orense y Badajoz.

Propietarios de más de cien caballos ó yeguas, había: 38 en Cádiz, 36 en Sevilla, 14 en Madrid, 4 en cada una de las provincias de Barcelona, Ciudad-Real, Córdoba y Toledo, 3 en Jaén, 2 en Badajoz, Burgos, Valencia y Valladolid, y 1 en Alava, Albacete, Coruña, Gerona, Granada, Huelva, Lugo, Soria, Tarragona y Zaragoza.

Uno de los más importantes datos que resultan de esta estadística, es la proporción exigua en que aparece el ganado lanar trashumante, del que sólo se contaron 433.573 cabezas, mientras que del trasterminante se registraron 2.494.756, y del estante 18.100.640. La ganadería de la Edad Media deja aceleradamente el puesto á la única que es compatible con la mayor densidad de la población y la mayor extensión del cultivo.


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