Rimas (Victor Arreguine)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Rimas (1892) de Victor Arreguine

RIMAS






R I M A S



MONTEVIDEO
IMPRENTA CENTRAL, General Liniers 200a
1892



I


Sensación voluptuosa que tienes

Quemantes ardores de lívida fragua,

Que dibujas contornos inquietos

De cosas confusas y adustos fantasmas;

Larga onda de luz que un momento

Del cerebro los limbos inflamas,

A manera de eléctrica chispa

Que finge en la noche siluetas de Hadas;



Aletazo de génio que dejas

Tembloroso el espíritu y pasas,

Como tigre veteado que hiere

Y huraño y salvaje se oculta en las zarzas,

Audaz flecha de oro que buscas

En la noche, cruzando borrascas,

Una línea ideal que te lleve

A un blanco que herido te dé la alborada;



Fugitivo relámpago, onda

Con latidos de mar que rebrama,

Torbellino de ideas rojizas

Qué fuerza te impulsa? Qué sol es tu causa?

Intuiciones de cosas augustas

Que partiendo del centro del alma,

Presentís los misterios supremos,

Qué vínculo á mundos sublimes os ata?



Heroismo que buscas la arena

Y desierta la ves y abrasada,

Sin que un héroe se preste al combate

Ansioso de aplausos y mirtos y palmas.

Epilépticas iras de opreso

Prometeo en la parda montaña,

Que se agita sintiendo que hieren

Su mísero cuerpo cien picos de águila.



Conmoción de nerviosa corriente,

Imprevista emoción que restallas,

Como cuerda de arco tendida

Que vibra al soltarse y el dardo dispara;

Impotentes deseos gigantes

De salir de esta lucha menguada,

Donde triunfan innobles cretinos

Y ríe la infame canalla dorada.



Qué hay en mí de tenaz visionario

Que persiste en seguir la Esperanza,

Cuando todo es brutal egoismo

Y un viento de muerte marchita las almas?

Qué hay en mí de diverso que encuentro

Que mi ser al fangal no se adapta?

¿Anacrónico orgullo, atavismo

De antiguos señores? Dolores que aun sangran?


II


Qué soy? Qué valgo en el inmenso mundo,

 En la honda eternidad?

Mi vida es el espacio de un segundo,

 Un punto mí ansiedad.


Qué soy? Grano de arena en las orillas

 De ilimitado mar,

Una de tantas hojas amarillas

 Del bosque secular.

Del fondo de los tiempos he venido,

 Ignorando por qué,

Por fuerzas superiores impelido,

 A qué punto, no sé....


He venido traído en la corriente

 Del gran turbión vital,

Que lleva en sí la vida eternamente

 Y la muerte fatal.


Al vuelo de las águilas del cielo

 Mi esfuerzo comparé,

Ay! no fué cierto lo que vio mi anhelo,

 Desierto el oásis fué.


De dónde vengo? Del Misterio acaso.

 Ayer no más nací,

Mi sol mañana bajará al Ocaso,

 Que lejano creí....


Y en el Ocaso el horizonte es triste,

 Pues se duda si allá,

Tras de morir la tarde, el cielo existe

 Que vimos desde acá!


¡Oh, negra Duda, pavorosa Esfinge

 Déjame reposar....

Y si tan solo la esperanza finge

 No me impidas soñar!


III


En el Océano, bajo los trópicos

Cuando la tarde cayendo va,

Entre las verdes algas flotantes

Se ve azulada lumbre temblar!


Y por la noche, cuando desciende

Hasta las ondas, luz estelar,

Crece en la fria planicie inmensa

Y más fulgura la claridad.


Fosforecencias más deslumbrantes

Hay en los mares de la pasión,

Con los ensueños, las esperanzas,

Locas visiones, rayos de amor.


Esas estelas maravillosas

Estas mis rimas reflejarán,

Lampos de fuego que tantas veces

En mis tinieblas miré brillar.


IV


Te amo! Tu dulce nombre

En mis cantares resuene,

Entre mis rimas resalte

Cual se ha fijado en mi mente.


Sea en mis versos humildes

Lo que el zafiro de Oriente

De resplandores azules

En aurea sortija breve.


V


Tu vives en mí. Yo vivo

En tus ensueños de virgen;

Y siempre los dos tan lejos!

Y siempre los dos tan tristes!


VI


Te amo con el amor grande y profundo

De todas las edades que pasaron,

Y de todas las razas que dejaron

La huella de sus pasos en el mundo!


VII


Como un herido tigre en la espesura

 Ruje el viento al pasar,

En tanto que tu arrullo de paloma

 Se esparce en el hogar.


Los recuerdos sus alas

 De rosado matiz,

Hacia nosotros tienden suavemente

Y hacen nuestro panado revivir.


Yo junto á tí no siento

 Ni ansiedad ni dolor,

Mis manos en tus manos

Hada gentil de mi primer amor.


¿Qué importa que violenta

Fuera se oiga rugir la tempestad,

Si el santo hogar nos brinda

Supremos goces y anhelada paz?


Por siempre así nos hallen

Las horas lentas que muriendo van:

A tí, siempre á mi lado enamorada,

A mí, siempre á tu lado en el hogar.


VIII


De Delphos el Oráculo consulte

Aquel que lleno de ambicion emprende

La marcha de la vida, el vellocino

 de Oro buscando.


Yo nó. Pues sé que los propicios Hados

Me depararon una vida grata,

Junto á una Diosa, que más bella encuentro

 Que una cancion de Tíbulo.


IX


Calmo está el mar. Los confines

Resplandecen. Es la aurora.

Arder parecen los pétalos

De las campánulas rojas.


Son la sangre adolescente,

Son el rubor que se asoma

A la tierra, por que el sol,

Ya las lejanías dora.



El mar resplandece. El huerto

Está cubierto de rosas,

Apasionadas amantes

De belleza seductora.


Es el medio día. Cantan

Los pájaros en la sombra

Perfumada de los bosques

Donde susurran las hojas.



El sol va á morir. Intenso

Reflejo los campos dora.

Va el dia languideciendo,

Van avanzando las sombras....


El sol ha muerto! Se acercan

Las melancólicas horas;

Se han extinguido los cantos,

Se han marchitado las rosas....


X


¡Ay, he sufrido tanto! Tantas veces

La tempestad pasó sobre mi vida!

Que ora se muestra mi alma combatida,

Insensible á la dicha y al dolor....

Y es como un campo estéril que el incendio

Recorrió con sus rojas llamaradas,

Sombra de un viejo Eden, donde las Hadas

Mil historias contábanse de amor!


Campo estéril no más.... Que ni da espinas,

Ni flores da.... Desierto calcinado,

Al que no vienen ya, porque han pasado,

Las bellas ilusiones á soñar!

En otras horas tuvo melodías

Al brillo del crepúsculo luciente,

Hoy es un yermo pálido y doliente

Donde las Horas gimen al pasar!


XI


Aun mi alma tenia su inocencia

Como el capullo de oro su perfume,

Como la virgen tímida el rubor....

Aun era niño.... Por mi sangre jóven

No había circulado ese veneno

 Que llamamos dolor!


La mariposa aún no habia dejado

La crisálida casta en que pasara

Estados de inconciencia y de placer;

Los prados florecian. Díó á los vientos

Sus leves alas, viendo en los confines

 Un ancho sol arder....


Era el sol la pasión, á cuya lumbre

La flor despierta, y libres en las ramas

Los pájaros entonan su canción....

La mariposa loca abrió las alas

Y girando en la calma de la aurora

 Bendijo la pasión....


El sol siguió su marcha magestuosa,

Cada vez más ardiente y fulgurante,

 Por el vasto zafir....

Ebria la mariposa de alegría

En el foco de vida quemar quiso

 Sus alas y morir....


La muerte quiso hallar y halló la gloria,

Los supremos deliquios inmortales,

La hermosa realidad de la ilusión;

La delicada mano que á una lira

Arranca sus dormidos sentimientos

 En forma de canción!


XII


Cuando tu frase con pasión vehemente

Llega á mi oído como dulce ruego,

Las ideas, los soles de mi mente,

Resplandecen en círculos de fuego.

Y te comparo á la beldad gloriosa

A quien amó la griega fantasía,

Y bajo de sus aras á la Diosa

Y en ellas te coloco amada mía.


La egregia Diosa muestra descubiertos

Sus encantos, que el hombre diviniza;

Pero le faltan á sus labios yertos

Las gracias que dibuja una sonrisa.


En ella veo á la mujer arcángel.

Ostentadora de brillantes galas,

En tí la hermosa sencillez del ángel

En actitud de desplegar las alas!


XIII


 Maldigo la hora

En que vine á esta vida implacable,

De luchas sin triunfo, de nuches sombrías,

De honda miseria y vicios enjambre.


 Nací bajo un cielo

Techumbre de hermosos mirajes,

De lírios azules y verdes palmeras,

Y besos de magas y sombra de sauces.


 Entré de la vida,

Austero soldado al eterno combate,

Y tras cada intento de noble victoria

Dejé las arenas manchadas de sangre.


 ¡Oh rudo Destino

Señor de los mundos, Esfinge implacable!

Maldigo tu inmenso poder misterioso,

Del triste y confuso clamor del combate!


 Maldigo tu imperio,

No porque fortaleza me falte;

Te insulto del íondo de mi alma rebelde

Por que á la impotencia mezquino me ataste!


XIV


Te ví en la primavera florecida

 Bajo el rayo del Sol,

Y abrí á los huracanes de la vida

 Las alas de mi amor.


Ave de clima ardiente en las polares

 Densas brumas viví,

Y en la nieve proscrito mis cantares

 Entoné para ti!


Hoy siento acariciante el rumor tierno

 Del aura tropical,

Y la esperanza de un amor eterno

 Me habla del ideal.


¿Sabes cual es ese ideal bendito

 Que me envuelve en su luz?

Darte la vida, el alma, el infinito,

En cambio del amor que me das tú!


XV


En lo alto de mi ser y en lo más puro

De mi ardoroso corazón tú moras,

Y de mi alma las pálidas auroras

 Enciendes al pasar!....

Y si el ala febril de los Deseos

Con su plumaje gris mi frente toca,

La ardiente sed de mi esperanza loca

 Tú vienes á calmar!


Reinas tranquila, reposada, triste,

En el altar de la existencia mia,

Y me señalas cariñosa y pía

 La senda del deber.

A tí la fuerza que me alienta debo,

A tí los bríos y el valor templado,

La redención á tí. Lo más sagrado

 Y firme de mi ser!


XVI


Ven á mi lado, vuélveme la calma

 Que en el mundo perdí,

Antes que tienda en el espacio el alma

 Sus alas de purísimo matiz.


Quiero que aquel pasado recordemos

En que al verte, mi amor, te comprendí;

Y á la luz del recuerdo nos amemos

Con apasionamiento y frenesí.


Que se borren del mundo, en nuestra mente,

 Las dudas y el dolor,

Y disipen las nubes de mi frente

 Tus ósculos de amor.


Ven. Yo te adoro! Espléndido homenaje

A tu esbeltéz de Diosa rendirán,

Brindándote sus flores el ramaje

y las aves su cántico nupcial!


XVII


Lírios, gardénias y margaritas

El campo adornan con sus colores;

Es una fiesta donde mil citas

Se dan al borde de los alcores

Lírios, gardénias y margaritas.


Apasionada, roja, llamea

La flor ardiente de la amapola;

Cual jóven loca que amor desea

Y en danza alegre se queda sola

Apasionada, roja, llamea.


La campanilla languideciente

Junto á la casta blanca camelia

Acaso gime por un ausente?

Y es tan bonita la triste Ofelia,

La campanilla languideciente!

Guarda la rosa sus castidades,

Y ¡ay! del que intente besar sus flores

Por que desvío verá y crueldades;

Virgen huraña, con sus amores

Guarda la rosa sus castidades!


XVIII


Desde la cuna nube de infortunio

Viene nublando el cielo de mi vida,

De esta existencia mísera. Perdida

Entre el rumor del mundo, en la ansiedad.

Desde la cuna traigo un ángel malo,

Que me lleva por sendas dolorosas,

Desde la cuna siento las odiosas

Furias de la implacable adversidad.


Mágicos ideales han pasado

Por mi horizonte, espléndidos meteoros;

De los colestes y sublimes coros

Un ángel de alas blancas vino á mí;

Como un rayo de sol en niebla opaca

Aclaró mi insondable triste abismo,

Amor! dijo al pasar, y el cielo mismo

Como promesa de la suerte ví!


Amor es redención para el que sufre,

Amor es viva lumbre de los astros,

Que va dejando enardecidos rastros

En las almas caídas al pasar!....

Amor es á los tristes esperanza,

A los mártires santa verde palma,

Amor es armonia que en el alma,

Se oye perpetuamente resonar!


XIX


 Sol de eternal fulgencia,

 Caro ideal que tanto

Infatigable en mi anhelar busqué!

 Norte de mi existencia,

 Estrofa de mi canto,

Angel del cielo azul, dame tu fé!

 Negra como el delito,

 Como la mar sin calma,

Es mi noche de fúnebres negrores;

 Dame, que necesito

 Para la paz de mi alma,

La bienhechora luz de tus amores!


 Yo soy en la furente

 Batalla de la vida,

Miserable soldado sin valor;

 Ya no busco vehemente

 La palma apetecida,

No me dejes caer, dame tu amor!


 Tu amor, que tú bien sabes

 Que para mí sería

Orla de gloria, rama de laurel;

 Tu amor que yo á las suaves

 Brisas compararía

Que por la mar impulsan al bajel!


XX


¡Ah! no basta esta vida limitada

Que en el lodo del mundo se desliza

Para tan grande amor, mi bien amada.

Que donde cae el cuerpo, la ceniza

Del cadáver, no marca de la vida

 El límite postrer.


La pasión que llevamos encendida,

Los más santos y férvidos anhelos,

No mueren con la carne adolorida.

Morír es despertar bajo otros cielos,

Tras larga noche de infinitos duelos

 Radioso amanecer!




Rimas pg 22.jpg