Rivero

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El Museo universal (1869)
Rivero

Nota: se ha conservado la ortografía original.

RIVERO.

Damos en el presente número el retrato del alcalde y presidente del Ayuntamiento popular de Madrid, don Nicolás María Rivero, reelegido por aclamación para tan importante cargo, en el año que comienza, y en cuyo puesto, desde los primeros dias de la revolución, ha venido prestando señaladísimos servicios. No pudiendo extendernos á hacer una biografía completa de este patricio distinguido, nos limitaremos á presentarle bajo el aspecto principal de su vida pública en sus tres fases de jurisconsulto, orador y hombre político. En este último concepto, sabido es que no podría escribirse la historia de la organización de la democracia española, y de su activa propaganda comenzada ostensiblemente en 1849, sin reconocer en todos sus períodos la acción enérgica, la inteligente dirección y la gran perseverancia del señor Rivero, que en la prensa, en las academias, en el parlamento, de palabra y por escrito, en la lucha violenta de las armas y en el palenque de la discusión pacífica, siempre se halló en la brecha, manteniendo, con varonil elocuencia, y con tanta entereza como tenacidad, los derechos naturales del hombre, que son el fon do esencial del dogma democrático.

Nicolás María Rivero, alcalde de Madrid

DON NICOLÁS MARÍA RIVERO. (DE UNA FOTOGRAFIA DE JULIA )

Como orador parlamentario no fue me nos notable que por las dotes de organizador de partido. Observador profundo de los hombres y de las cosas, elevado en sus apreciaciones, dotado de admirable intuición política, severo en las formas, poderoso en la argumentación y formidable en la polémica, sus discursos han producido siempre honda sensación en la cámara, y arrancado el aplauso y llevado la convicción al ánimo de sus mismos adversarios. No es de los diputados cuya voz resuena de continuo en los ámbitos de la asamblea de los legisladores. Escoge el tiempo, elige la ocasión, aprovecha el ¡momento oportuno, gran secreto de los verdaderos hombres políticos; pero cuando toma la palabra, es para dar un golpe seguro y alcanzar un triunfo verdadero. Sus discursos sobre la imprenta, sobre los acontecimientos de Loja, sobre el reconocimiento de Italia, y la cuestión de Méjico, son documentos notabilísimos que descollarán siempre en la historia de la política española y en los fastos de la elocuencia parlamentaria.

Su reputación como jurisconsulto ha llegado á la altura de la de aquellos mas distinguidos en el ilustre foro español; y aunque las vicisitudes políticas y las persecuciones de que ha sido objeto por parte de gobiernos intolerantes, no le han permitido dedicarse con espacio y reposo á la practica de la jurisprudencia, su conocimiento del espíritu de las leyes y su recto y elevado criterio al interpretarlas, le han con quistado un envidiable puesto entre los notables jurisperitos de nuestra época.

El triunfo de la revolución ha venido á presentar nuevos é importantes aspectos y cualidades de su carácter, poniendo de manifiesto que existen en su organización con admirable equilibrio, así la presteza para concebir, como la energía para ejecutar; así las dotes especulativas como las prácticas, y por igual manera la elevación de inteligencia que el conocimiento minucioso y vario de los detalles y de las circunstancias.