Rozas cautivo: 2

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


II

Recuerda la tradición que un viernes trece, Diciembre de 1783, caía postrado de un bolazo en la frente, el Mayor de milicias don Clemente López Osornio.

Cerca del palenque, frente á las poblaciones de su Estancia, Rincón de López, se encontró cubierto por el del padre, el cadáver de su hijo Andrés, á quien defendió hasta el último aliento.

La invasión de indios fué aquel año terrible y devastadora.

Pasado el Río Salado, sólo se divisaban por todas partes ruinas humeantes por el gran malón.

Lo que poco se recuerda es que, el mismo día y más de cien leguas al Sur, por otro certero tiro de bolas que le maniatara ambos brazos, dejándole indefenso, caía también cautivo el Alférez don León Ortiz de Rozas.


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El 3 de Enero de 1785, salía del fuerte de Patagones don Francisco Javier Piera, al comando de cincuenta soldados, hacia las tribus más cercanas, refugio de cuatreros y desertores. No había transcurrido veinte días cuando, derrotados sus exploradores en los desfiladeros de la sierra, apenas escapó el que llevara el cuento.

De notar fué que contra las órdenes superiores y advertencias de subalternos más prácticos, desoyendo los consejos de la prudencia, iniciara Piera su injustificada invasión.

Confirmando una vez más que á la crueldad unida va la cobardía, á este jefe, que tan inhumanamente había pasado á cuchillo toda una tribu el año anterior, no sólo se le aflojaron los calzones, sino que cayó muerto de susto, al saber la pérdida de su hermano, Oficial de vanguardia.

La situación era bien afligente; pero quedaba Gómez, á quien no se le cayeron, porque llevó durante toda la vida bien puestos los muy ajustados que por entonces se usaban.

Este Oficial en quien recaía el mando, no era hombre de atortolarse, y no obstante quedar á pie en media pampa, rodeado de indios, su prudencia y serenidad salvó á los que la impericia de su jefe dejaba á punto de perecer en el desierto.

Improvisado un atrincheramiento al pie de la Sierra de la Ventana, mientras que entretenía á los indios con parlamentos, acechaba la ocasión de hacer salir algún chasqui bajo las sombras de la noche, pidiendo auxilios á Patagones. Aunque pocos ó ninguno aguardaba de la tierra, puso su confianza en Dios, y esperó...

Era de los soldados cristianos que, como los oficiales de Belgrano posteriormente, tanto enseñaban á un tiempo la carga del fusil en once veces, como el rosario en cinco paternóster.

Con esta ciega confianza en el buen Dios de su destino, al venir el dia, y cuando acababa sus devociones matinales, se le presentó un indio como llovido del cielo, y la lenguaraz Catalina, trayendo papelito que habla (papel pintado, carta ó comunicación). El Cacique mandaba decir que todos los cristianos habían sido derrotados, que pasaría a degüello los cautivos y también á los de ese campamento, si no se retiraban prontito. Que fuera el Capitán grande y el cirujano, para tratar de las paces y auxiliar á los heridos.

Genuina muestra de la correspondencia de cautivos, transcribimos la carta del Piera cautivo, al Piera muerto, copiada del diario militar de Gómez:

«Querido hermano: Estoy bueno, á Dios gracias, y cautivo en poder de Catruén, el que me considera en ciertas cosas; pero estoy esclavo en poder de todos los del toldo. En fin, hazte cargo cual será nuestra miseria; pero no debes darte por entendido de nada de esto, pues me han encargado todo lo contrario, y así me conviene. Avisa á Buenos Aires de nuestra infelicidad y la de Rozas, que está aquí en poder del Cacique Negro; los demás están con Dios.

«Me mandarás un barrilito de vino, un par de arrobas de yerba, el tabaco que tiene Varena, catorce ó diez y seis cuadernillos de papel, una muda de ropa, el poncho y cuentas de las que tienen en los cajones, para pasarlo menos mal. Y así conviene los trates bien, y les digas que te digo que me tratan como á ellos. Mándame uno ó dos reales de jabón, para lavar; y mándame, ¡por Dios! todo cuanto te pido, y te puedes retirar que no te puedan hacer daño; y reza; y encarga nos encomienden á Dios, por los cautivos y muertos, por nuestra redención, y á Dios que te dé feliz viaje y á todos los compañeros. Yo me quedo á poca distancia.

Domingo Gabriel Piera.


P. D. — Creía que á Gómez lo hacían para Río Negro, para ir á traer la paz. Trata bien á éstos y di que te digo bien de todos; y no hay que hablar porque hay ladinos; y será para nosotros un infierno. La dicha Catalina es sobrina del gran Cacique, regálala bien; y mándame un tintero con pluma para escribirle al Virrey.»