Sentencia del TOF 3 dictada en el caso del atentado contra la AMIA el 29 de octubre de 2004 (104)

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  • TÍTULO I. LA CAUSA POR EL ATENTADO
    • CAPÍTULO VI. Carlos Alberto Telleldín
        • B) Extracción del motor
          • 2) La prueba
            • b) La quemada


Laura Marcela Scillone admitió haber visto, antes del atentado, una camioneta Trafic, quemada y oxidada, frente a la casa y taller de su ex concubino Cotoras, quien, por su actividad como mecánico, estaba vinculado con Carlos Alberto Telleldín. Explicó que, por comentarios de su pareja, se enteró que dicho vehículo lo llevó Telleldín a efectos de extraerle el motor, el que luego retiró en un automóvil Escort.


Por su parte, Ana María Boragni expresó que vio una camioneta totalmente incendiada, adquirida por su marido, en la puerta de la casa de Guillermo Cotoras, suponiendo que fue llevada hasta allí por un remolque de Monjo o algún otro contratado por su esposo.


Aseguró que en una oportunidad acompañó a su marido al taller, presenciando -mientras cebaba mate- la extracción del motor de la camioneta por parte de Cotoras. Puntualizó que la tarea demandó “un par de horas largas” y que la llevaron a cabo en la vereda, de noche, utilizando alargues para iluminar, sin recordar si Hugo Pérez se encontraba en esa ocasión.


Agregó que el motor extraído, si bien no presenció la maniobra, fue colocado en el baúl de su Escort, tras lo cual se dirigieron hacia su domicilio en atención a lo avanzado de la hora; indicó que al día siguiente el motor fue llevado al taller de Nitzcaner. Precisó que la extracción se realizó cinco o seis días antes del 10 de julio, con el propósito de limpiar y reactivar el motor.


Creyó recordar que el utilitario poseía tubos de gas; pese a que dijo desconocer qué pasó con ellos, apuntó que en su domicilio tuvo un par de cilindros que luego vendió, sin poder precisar de qué camioneta provenían.


Boragni, además, dijo desconocer el destino que se le dio a la carrocería quemada o a la documentación de la camioneta, aunque mencionó que, habitualmente, si tenían reparación eran llevadas a un taller camino a Ruta 8.


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