Siluetas parlamentarias: 06

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


CARLOS TAGLE[editar]


Tagle no es el intérprete de la Comisión de Presupuesto.

Es el Presupuesto mismo.

Esto será plagiar á Lamartine; pero ¡que diablos! la contrefaçon mas que la signature, es la garantía de bondad de una frase como de una mercadería.

Sobre todo, no me propongo deshojar palabras, sino destilar sus jugos en el alambique de la sana crítica. No me gusta el oficio de herbolario; mas me place la ciencia del farmacéutico.

Mi retorta es el tintero; mi serpentín la pluma; la tinta, el escipiente; mi pensamiento, el correctivo; y este papel, el recipiente!

¿Y la base, es decir, la sustancia principal?...

El Diputado Tagle!

Su barba entrecana, partida á la federala, es la línea indecisa que, imprimiendo nuances de gravedad al semblante, representa el anillo del crepúsculo vespertino de la vida, momento nupcial de los resplandores de la edad viril y la penumbra della piú estrema etá.

Si el Presupuesto hubiese de criar patillas, las tendría como Tagle.

No es invención jóven del régimen económico de los Gobiernos; pero tampoco es viejo, cuando hasta las viudas «en estado de merecer» no vacilan en hacerle la corte.

Seria, pues, entrecano y de fisonomía simpática, como el cordobés Tagle.

Llámase estrictamente Presupuesto al cálculo aproximado de los gastos que ocasiona á los pueblos el lujo de ser gobernados.

Algunos le llaman Cálculo de Recursos, lo que es un grandísimo disparate.

Pero, hasta por ahí!... Cálculo de Recursos de la Nación, no es la verdadera palabra; pero mas de exacto tiene si se refiere dicho cálculo á los recursos de los empleados y de sus respectivas familias.

Y bien! Hasta bajo este punto de vista, el Diputado Tagle es idéntico al Presupuesto.

Como que su aire es hasta cierto punto paternal, cuando atiende á los humildes prostulantes de futuros aumentos en sus recursos presupuestados para el año subsiguiente...

Cada mueca de Tagle equivale á un guarismo mayor de segundo ó tercer órden que viene á reemplazar á la cifra correspondiente de un salario, como sucede con los números fugitivos de los relojes de nuevo sistema.

Y cada sonrisa del Hombre-Presupuesto es el augurio feliz de un item cuyo feto robusto arrancará el doctor Tagle de las entrañas de una silenciosa votación parlamentaria.

¿Qué es el Presupuesto para los que nada tienen que ver con alguna de sus partidas?

Un trozo literario tan insípido como la compulsa de los balances de un fallido, ó como la lectura imposible de la lista de ropa que un macho desconocido ha entregado á su lavandera.

Mas bien dicho, el Presupuesto impreso, es Tagle oido, ó por lo menos trascrito taquigráficamente en La Nación ó en el Diario de Sesiones.

Pero el Tagle orador, es cosa que capítulo aparte merece.

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Al revés de los demas oradores, á Tagle le pasa que solo lo escucha quien interés tiene en oirlo.

Los empleados de las reparticiones nacionales siguien fielmente el turno que corresponde á sus sueldos en la «órden del día» para asistir al debate en que el miembro informante de la Comisión de Presupuesto fundará la justicia de tal aumento, y la necesidad de cual nuevo destino.

Los oficiales francos y de la guarnición hacen un paréntesis á las caprichosas combinaciones callejeras de los tiros de sus miradas y los de sus tizonas, para no perder una sola suerte de lidia entre el Ministro de Marte y el primer espada de la cuadrilla financiera de la Cámara.

Y los apoderados, amigos y parientes (por órden de interés) de las pensionistas civiles y militares, no pierden una sola frase de las sacramentales del Periquito Sarmiento que abre ó cierra las puertas del Presupuesto á nuevas afines en décimo grado de alguno de los tantos servidores de la Pátria, que canoniza deplorablemente el senador jujeño señor Tello.

Pero fuera de ese variable auditorio del Diputado Tagle, su palabra no decide la concurrencia de ningun parroquiano de las tribunas reservadas ó de la barra.

Tampoco tiene el diputado cordobés esos recursos oratorios que, como bruscas inyecciones de morfina, escitan el sistema nervioso de los oyentes, sacándolos inopinadamente de la apatía derramada por un exordio aburridor.

Ni la voz de Tagle, suficiente apenas para ser escuchada por el que la atienda, se presta para los golpes de efecto, ni posee un timbre suave y agradable, pero ni tampoco un estilo que aligere el peso de la elocución.

Habla como conversa. Esto suele constituir un género oratorio, bastante fecundo en labios de Wilde, de Posse, de Mansilla y de Calvo.

Pero Tagle no sabe ó no quiere esplotarlo.

De ahí que su frase, llana y concisa, se resiente de falta de desenvoltura, trabada por las exigencias reglamentarias.

Tiene mayor colorido la palabra de Tagle, ribeteada con un tonillo poco perceptible, fácil y comprensible, á veces vehemente, -cuando charla en los corrillos de antesalas, ó cuando discute con sus colegas ó con el Ministro de Hacienda en el salón de las Comisiones.

No es el Diputado que defiende sus modificaciones á los cálculos financieros del Ejecutivo.

Es el mismo Presupuesto que defiende la integridad de sus partidas, ó que pugna por arrojar de su seno algun item intruso é inconveniente.

Su pasión por las partidas del Presupuesto tiene un estimulante criollo: el cimarrón de antesalas ó de la sala de Comisiones.

Creo que Tagle llegará á ser jubilado algun día, de sus tareas económicas, mediante la módica asignación de un inciso de Secretaria, con tres item: un tercio de yerba, dos mates en servicio activo y diez en disponibilidad, y dos ordenanzas de turno.

Toda para «servicio de mate» del miembro informante de la Comisión de Presupuesto!

Para el Hombre-Item, los guarísmos son los productos de la digestión de la yerba-mate.

Y no se crea que hago el elogio del Diputado Tagle, refundiendo en su personalidad concreta, esa entidad abstracta que forman los guarismos de la inversión de la renta pública. Nuestros Presupuestos son regularmente malos. Su pecado, como el del hombre, es original: procede de las entrañas ministeriales en que se desarrolla su embrión.

El Diputado Tagle, como los preceptores de la raza humana, se ha echado encima la tarea de corregir esa criatura que se llama «Proyecto de Presupuesto».

Y para todo el mundo, el maestro se refleja en el discípulo, hasta que ambos acaben por identificarse....

Como el Presupuesto en Tagle, aunque este no se haya dado cuenta del fenómeno.

Sinó, bien que haria mucho mas por mejorar la fisonomia abigarrada de su pupila, es decir de la Ley de Gastos y Recursos de la Nación.

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El Diputado Tagle no podría ser clasificado entre los oradores economistas de Timón.

No es «de los que hacen las cosas en grande, y que rebajarian ochocientos mil de un millón, aunque se llevase la trampa á la justicia, al ejército, á la marina y á los servidores públicos.»

Ni de los que, «procediento de un modo mas parcimonioso, quieren cercenar cincuenta céntimos de un sueldo de dos mil francos.» Pero tampoco es de los «buenos economistas» al decir de Cormenin, -de los que apuntan el cañón del impuesto á los bolsillos del rico y no á los del pobre, que prefieren los gastos productivos á los improductivos, y los intereses generales á los particulares: los de un vecindario á los de un personaje, los de una Provincia á los de un vecindario, y los de la Nación á los de una Provincia.

Poco se cura el Diputado Tagle de las leyes que la ciencia económica ha establecido para el régimen de la Hacienda pública.

Acepta el sistema de antaño en punto á la preparación de los presupuestos, y solo se desvela con la cifra, con el detalle, con el item.

Hasta hoy no se le ha ocurrido nada luminoso que señalase nuevos rumbos al plan anual de los Gastos y Recursos del Estado.

Mas crédulo que Santo Tomás, doy de barato al Diputado Tagle la competencia extraordinaria y el talento que, en materias económicas, le atribuye la mayoría de sus colegas.

Pero, debo confesarlo, no conozca siquiera una de esas inspiraciones, tal vez algo ideales, que no escaseaban en el ex-Ministro Plaza, y que contribuyeron no poco á su rápida y feliz ascención bajo la presidencia del doctor Avellaneda. Se dirá, y es cierto, que Tagle fué el hacha parlamentaria que, cayendo sobre las concepciones económicas de Plaza, partieron al autor, derribándolo del Ministerio y suministrándole oportunidad para ir á llorar sus perdidas ilusiones ante la tumba colosal de los Faraones.

Pero la justicia me obliga á rectificar.

Uno de los proyectos de Plaza, aquella famosa escala de sueldos, obedecía á un principio económico superior al que rige la actual y disparatada distribución del salario oficial.

Y como tratándose de hombres y negocios públicos es lícito examinar las intenciones, bueno es recordar que la victoria del Diputado Tagle consolidó la influencia que la Comisión de Presupuesto debe á su eficaz iniciativa en los aumentos de asignaciones y creaciones de empleos.

Entre tanto, el doctor Plaza no aumentó el catálogo de sus numerosos errores, atribuyéndose en esa ley el papel de dispensador que quitaba al Consejo de los Cinco, presidido por el Diputado Tagle.

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Un buen día ocurriósele al Diputado Tagle que su querido Presupuesto no era bebé para ser aguantado por los cinco miembros de la Comisión encargada de presentarlo á la Cámara.

Se solicitó un refuerzo, y diez Diputados fueron designados para remontar la Comisión de Presupuesto

Era una chambonada en un economista, ignorar el consejo eminentemente práctico de Swift: la bondad de un servicio está en relación inversa con el número de sirvientes.

Por esto ó por lo de mas allá, el Diputado Tagle no tardó en pedir que le sacasen las diez ruedas con que habia cometido el error de complicar la rotativa del Presupuesto.

Y no ha faltado quien diga que tal complicación solo trabó la omnipotencia del Dr. Tagle en el seno de su famosa Comisión.

En efecto, el mayor mérito de loo trabajos del Diputado por Córdoba, consiste en conexionar los eslabones de la gruesa cadena del budjet, en dar al conjunto un barniz de uniformidad, y en la manera clara y precisa con que informa á la Cámara sobre todas y cada una de las partidas.

Luego, nada perdia distribuyendo el enorme trabajo menudo de la Comisión, entre catorce en vez de cuatro diputados.

¿Qué hacerle?... Vaya ese tornasol de egoísmo en cambio del fondo de independencia, raro en miembros de la «izquierda dinástica», que deja percibir en las discusiones parciales del Presupuesto.

Cruza mandobles con todos los Ministros desde el temible Señor de los Ejércitos, hasta el meticuloso blanco de las quejas de alcaides y de guardas, de directores é inspectores de rentas.

Por su inclemencia con los Ministros de Hacienda, creeríase que Tagle se afana por ganarles el asiento....

Pas si béte! Su cariño á Racedo será el único motivo capaz de llevarlo «temporalmente» de su butaca legislativa al sillón de Ministro... de la Guerra!

Pero basta de Tagle. Su perfil ha hecho demorar la salida de otros que están marcando el paso impacientes, detrás de la tela de mi taller chinesco.

Pst! aguárdese un instante!

Dos palabras...

El examen honrado es valor amonedado.

Cada juicio imparcial es moneda con anverso para el mérito, y reverso para los defectos.

Cierto es que hay monedas de oro, plata, cobre, nickel y platino.

Las hay de todo tamaño y aleación. La mía será chica, de cobre, de feo cuño; pero es de ley.

Sobre todo es metálico. Vale mas que cualquiera de esos billetes de «elogio forzoso», sin reverso, cuya impresión y circulación fomenta el Gobierno.

En cuanto al dueño del cuño, no se preocupe, -desde que el hombre privado no se ocupa del idem-idem.

Solo en este caso, es de rigor hacer saber que quien ofende es capaz de hacerlo.

Pero para la crítica razonada basta suscribirla con un mote subalterno y colaborativo.

Au revoir.


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