Sobre la naturaleza de las cosas: 02

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Libro II
Pág. 02 de 06
Sobre la naturaleza de las cosas Tito Lucrecio Caro


Revolviendo los vientos las llanuras 1

 Del mar, es deleitable desde tierra
 Contemplar el trabajo grande de otro;
 No porque dé contento y alegría
 Ver a otro trabajado, mas es grato
 Considerar los males que no tienes:
 Suave también es sin riesgo tuyo
 Mirar grandes ejércitos de guerra
 En batalla ordenados por los campos:
 Pero nada hay más grato que ser dueño 			10
 De los templos excelsos guarnecidos
 Por el saber tranquilo de los sabios,
 Desde do puedas distinguir a otros
 Y ver cómo confusos se extravían
 Y buscan el camino de la vida
 Vagabundos, debaten por nobleza,
 Se disputan la palma del ingenio,
 Y de noche y de día no sosiegan
 Por oro amontonar y ser tiranos.
 ¡Oh míseros humanos pensamientos! 				20
 ¡Oh pechos ciegos! ¡Entre qué tinieblas
 Y a qué peligros exponéis la vida;
 Tan rápida, tan tenue! ¿Por ventura
 No oís el grito de naturaleza,
 Que alejando del cuerpo los dolores,
 De grata sensación el alma cerca,
 Librándola de miedo y de cuidado?
 Vemos cuán pocas cosas son precisas
 Para ahuyentar del cuerpo los dolores,
 Y bañarle en delicias abundantes,				30
 Que la naturaleza economiza.
 Si no se ven magníficas estatuas,
 De cuyas diestras juveniles cuelguen
 Lámparas encendidas por las salas
 Que nocturnos banquetes iluminan,
 Ni el palacio con plata resplandece,
 Ni reluce con oro, ni retumba
 El artesón dorado con las liras;
 Se desquitan, no obstante, allá tendidos
 En tierna grama, cerca de un arroyo, 				40
 De algún árbol copudo sombreados,
 A cuyo pie disfrutan los placeres
 Que cuestan poco; señaladamente
 Si el tiempo ríe y primavera esparce
 Flores en la verdura de los campos:
 Maligna fiebre no saldrá del cuerpo
 Si en púrpura y bordados te revuelves
 Con más celeridad que si encamares
 Entre plebeyas mantas y sayales.
 Porque si la fortuna, el nacimiento, 				50
 El esplendor del trono hacer no pueden
 A nuestro cuerpo bienaventurado,
 Presumimos que al ánimo tampoco;
 Si no es que acaso cuando tus legiones
 Veas que hierven por los anchos valles
 En simulacro y ademán de guerra;
 Cuando veas que el mar tus velas cubren,
 Y que le hacen gemir por todas partes,
 Te figures con esto que aterrada
 La superstición huye con espanto 				60
 Del ánimo, y el miedo de la muerte
 Deja entonces el pecho descuidado.
 Pues si vemos que son ridiculeces
 Y vanidades estas cosas todas;
 Y a la verdad los miedos de los hombres
 Y los cuidados que les van siguiendo
 No temen el estruendo de las armas
 Si las crueles lanzas; audazmente
 Se sientan con los reyes y señores:
 Ni sus fulgentes púrpuras respetan, 				70
 Ni sus diademas de oro; único fruto
 De la ignorancia dudarás que es todo,
 Nuestra vida en tinieblas sepultada.
 Así como los niños temerosos
 Se recelan de todo por la noche,
 Así nosotros, tímidos de día
 Nos asustamos de lo mismo a veces
 Que despavorir suele a los muchachos:
 Preciso es que nosotros desterremos
 Estas tinieblas y estos sobresaltos, 				80
 No con los rayos de la luz del día,
 Sino pensando en la naturaleza.
 Sígueme siempre tú, y escucha ahora
 Cuál es el movimiento con que engendran
 Y a los cuerpos destruyen los principios
 De la materia, y cuál es el impulso
 Y cuál la rapidez que hace que vuelen
 Por el espacio inmenso sin descanso.
 Porque seguramente la materia
 No es una masa inmóvil, pues que vemos 			90
 Disminuirse un cuerpo, y de continuo
 Manando, se consumen a la larga
 Y el tiempo nos los roba de la vista;
 Se conserva sin pérdidas la suma:
 Empobreciendo un cuerpo, los principios
 Van a enriquecer otro, y envejecen
 Los unos para que otros reflorezcan;
 Ni en un sitio se paran; de este modo
 El universo se renueva siempre,
 Y se prestan la vida los mortales; 				100
 Crecen unas especies y se acaban:
 Y en poco tiempo las generaciones
 Se mudan y la antorcha de la vida
 Cual ágiles cursores se transmiten.
 Si piensas tú que los principios pueden
 Cesar, y que cesando engendran nuevos
 Impulsos, la verdad de ti se aleja:
 Pues movidos en medio del vacío
 Los principios, es fuerza que obedezcan
 O a su gravedad misma, o al impulso 			110
 Quizá de causa externa; desde arriba
 Precipitados, pues, encuentran otros,
 Que a un lado los apartan de repente;
 No es maravilla, porque son pesados,
 Durísimos y sólidos, y nada
 Les pone estorbo alguno por su espalda.
 Y para que del todo te convenzas
 De que generalmente los principios
 Están en movimiento, ten presente
 No darse lugar ínfimo en el todo, 				120
 Donde se paren los primeros cuerpos,
 Porque inmenso, infinito es el espacio.
 No reposan jamás en el vacío
 Los principios: por su naturaleza
 En movimiento siempre variado
 Unos a gran distancia son lanzados,
 Otros se apartan menos, y se enlazan
 En el choque. Si es breve su distancia,
 Y se repelen poco, y su tejido
 Se liga íntimamente, constituyen 				130
 Las rocas solidísimas, y el hierro,
 Y una corta porción de otras substancias
 De esta naturaleza: si, al contrario,
 El choque los rechaza y los dispersa,
 Y los hace vagar por el espacio,
 En largos intervalos, nos ofrecen
 Del Sol la luz brillante y aire raso.
 Y vagan además por el vacío
 Muchos que están privados de juntarse,
 O que jamás pudieron agregados 				140
 Entrar en el concorde movimiento;
 De lo cual una imagen y figura
 Continuamente hiere nuestros ojos,
 Cuando del Sol los rayos se insinúan
 De través por las piezas tenebrosas.
 Si reparas, veras cómo se agitan
 Átomos infinitos de mil modos
 Por el vacío en el luciente rayo:
 Y en escuadrones, en combate eterno
 Se dan crudas batallas y peleas, 					150
 Y no paran jamás: ya se dividen,
 Y ya continuamente se repliegan.
 De aquí puedes sacar que en el vacío
 Eternamente los principios giran:
 Un efecto vulgar puede servirnos
 De modelo y de guía en cosas grandes.
 En los rayos del Sol rápidamente
 Movidos estos cuerpos, fijar deben
 Nuestra atención, pues su girar eterno
 Prueba un choque secreto y clandestino 			160
 De los átomos: muchos se extravían,
 Como verás, a un golpe imperceptible;
 Retroceden, y aquí y allí se lanzan
 En toda dirección por todas partes:
 Los principios se mueven por sí mismos
 Y dan el movimiento a aquellos cuerpos
 Que se componen de una masa fina
 Y análoga a sus débiles esfuerzos;
 Los últimos atacan a los cuerpos
 Un poco más groseros; de este modo 				170
 De los principios nace el movimiento,
 Y llega a los sentidos de seguida,
 Hasta que los corpúsculos se mueven
 Que en los rayos del Sol vemos nosotros,
 Sin que podamos ver quién los agita.
 Y la movilidad que la materia
 Comunica a los cuerpos, oye, ¡oh Memmio!
 Cuán asombrosa es: cuando derrama
 Primeramente nueva luz la aurora
 Por las tierras, y cuando revolando 				180
 En bosques retirados varias aves
 Llenan la soledad y el aire tierno
 De voces armoniosas, ¡cuán de pronto
 El sol nacido suele en este tiempo,
 Esparciendo sus rayos abundantes,
 Adornar con su luz naturaleza!
 Todos lo vemos y nos es muy claro:
 No obstante, estos corpúsculos lucientes
 Que el Sol nos manda, por vacío espacio
 No atraviesan; su marcha se retarda 				190
 Dividiendo los fluidos del aire:
 Y como no son átomos aislados,
 Sino especie de masas y hacecillos,
 Encuentran en sí mismos y por fuera
 Causas que los detengan en su marcha.
 Al contrario, son sólidos y simples
 Los átomos que cruzan el vacío
 Sin peligro de obstáculos externos.
 Forman ellos un solo y mismo todo,
 Y juntando el esfuerzo de sus partes 				200
 Hacia el único blanco de su impulso,
 Deben aventajar en ligereza,
 Y con mayor presteza ser movidos,
 Que los rayos del Sol, y en igual tiempo
 Deben correr mucho mayor espacio
 Que cuando el Sol se lanza por el cielo.
 Pues nadie supondrá que los principios
 Pudieran por sí mismos detenerse
 Ni entre sí calcular el movimiento
 Y concertar un plan perfecto y sabio. 				210
 En vano algunos necios imaginan
 Que sin la ciencia y numen de los dioses,
 Tantos efectos producir no puede
 La materia arreglados y precisos,
 Ni las vicisitudes de estaciones
 Y los varios productos de la tierra:
 Ni el suave impulso del amor que mueve
 Por medio del deleite a los mortales,
 Ni el divino placer que da la vida,
 Y a propagar les lleva las especies 				220
 Porque el género humano no se extinga.
 Fingen ellos ser obra de los dioses
 Y producción divina todo esto:
 Muy engañados van en su sistema.
 Aunque ignoraran la naturaleza
 De los principios, sin embargo, osara
 Con la vista del cielo comprobarte
 Y con otros fenómenos que el mundo
 No ha sido por los dioses fabricado,
 Pues es tan deficiente e imperfecto; 				230
 Yo te lo aclararé más adelante:
 Explicaremos al presente, Memmio,
 Lo que resta decir del movimiento.
 Presumo ya ser tiempo de probarte
 Que no puede subir con fuerza propia
 Ningún cuerpo hacia arriba: no te engañen
 Las llamas, pues que suben aumentadas;
 Y los frutos hermosos de los campos
 Y los árboles crecen hacia arriba,
 Cuanto pueden hacer los cuerpos graves 			240
 Por dirigirse abajo. No de suyo,
 Por una fuerza externa sí, los fuegos
 Saltan a las techumbres de las casas
 Y devoran las vigas y tirantes
 Rápidamente; como nuestra sangre,
 Saliendo de las venas, salta lejos
 Y de púrpura un chorro al aire esparce
 ¿No ves también con cuanta fuerza el agua
 Despide los maderos y las vigas?
 Pues aunque muchos y robustos brazos 			250
 Por hundirlos derechos se revienten,
 El agua con más ímpetu los echa,
 Y hacia arriba los lanza, y por de fuera
 La mayor parte asoma y sobresale;
 No dudamos que todos estos cuerpos
 Bajan por el vacío cuanto pueden.
 Así también deben subir las llamas
 Por una fuerza extraña, aunque su peso
 Las haga que desciendan cuanto pueden.
 ¿No ves que los nocturnos meteoros 				260
 Largos surcos de fuego van trazando
 Hacia cualquiera parte do les abre
 Naturaleza misma algún sendero?
 ¿Qué estrellas y luceros caen en tierra?
 El mismo Sol desde los altos cielos
 Derrama su calor por todas partes,
 Y sus rayos esparce por los campos:
 Luego abajo se inclinan sus ardores.
 Por medio de las nubes vuela el rayo;
 Con ímpetu se arroja desprendido 				270
 Unas veces aquí, y acullá otras;
 Y el rayo sin cesar hiere la tierra.
 Y has de entender también, ínclito Memmio,
 Que aun cuando en el vacío se dirijan
 Perpendicularmente los principios
 Hacia abajo, no obstante, se desvían
 De línea recta en indeterminados
 Tiempos y espacios; pero son tan leves
 Estas declinaciones, que no deben
 Apellidarse casi de este modo. 					280
 Pues si no declinaran los principios,
 En el vacío, paralelamente,
 Cayeran como gotas de la lluvia;
 Si no tuvieran su reencuentro y choque,
 Nada criara la naturaleza.
 Y si alguno creyere por ventura
 Que los cuerpos más graves, cuanto tienen
 Mayor velocidad de movimiento,
 Tanto mejor en línea recta pueden
 Caer sobre los cuerpos más ligeros, 				290
 Y engendrar con su choque movimientos
 Creadores de seres, se extravía
 De todos los principios racionales.
 Es verdad que en el aire o en el agua
 Aceleran los cuerpos su caída
 Según su pesadez, porque las aguas
 Y el fluido del aire a todo cuerpo
 No pueden resistir del mismo modo;
 Ceden más fácilmente a los más graves,
 Mas no sucede así con el vacío; 					300
 Ninguna resistencia opone al cuerpo;
 A todos igualmente les da paso:
 Por lo que los principios, desiguales
 En sus masas, moverse en el vacío
 Deberán todos con igual presteza.
 No pueden, pues, los cuerpos más pesados
 Caer encima de los más ligeros,
 Ni por sí engendrar choques que varíen
 Sus movimientos, para que por ellos
 Forme los seres la naturaleza. 					310
 Por lo cual, yo repito ser preciso
 Que declinen los átomos un poco,
 Para que no parezca introducimos
 Movimientos oblicuos, que reprueba
 La razón verdadera; es evidente,
 Y ven los ojos, que los cuerpos graves
 Seguir no pueden dirección oblicua
 En su caída; pero ¿qué ojo agudo
 Verá que no se apartan de la recta?
 En fin, si siempre todo movimiento 				320
 Se encadena y en orden necesario
 Hace siempre que nazcan unos de otros;
 Si la declinación de los principios
 Un movimiento nuevo no produce
 Que rompa la cadena de los hados,
 De las causas motrices trastornando
 La sucesión eterna, ¿de do viene
 El que los animales todos gocen
 De aquesta libertad? ¿De dónde digo,
 Esta voluntad nace que arrancada, 				330
 A los hados nos mueve presurosa
 Do el deleite conduce a cada uno?
 Además de que nuestros movimientos
 Ni a tiempos ni a lugares se sujetan
 Determinadamente; su principio
 Es nuestra voluntad; de allí se extienden
 Por los miembros. ¿No ves que en el momento
 Que se abre la barrera, los caballos,
 Ansiosos de volar en la carrera,
 No lo pueden hacer tan prontamente 				340
 Como su ardiente espíritu codicia?
 Las moléculas todas esparcidas
 Por los miembros es fuerza que se junten
 Y se agiten por todo nuestro cuerpo,
 Si han de seguir del alma los deseos.
 Ya ves que el movimiento su principio
 Tiene en el corazón, y que procede
 De la voluntad misma: de aquí gira
 Por todo el cuerpo y miembros ciertamente.
 No sucede lo mismo cuando andamos 			350
 Impelidos de alguna fuerza extraña
 Y superior; que entonces nuestra masa
 Es arrastrada contra nuestro gusto,
 Hasta que por los miembros reprimiere
 La voluntad extraños movimientos.
 Ya ves también, que aunque una fuerza extraña
 Obligue a andar a muchos mal su grado;
 En nuestro pecho, sin embargo, queda
 Un poder que combate y hace frente,
 A cuyo arbitrio muda la materia 				360
 De dirección, sus ímpetus refrena,
 Y la hace que por fuerza retroceda.
 Esta verdad te obliga a que confieses
 En los principios diferente causa
 De pesadez y choque: de ésta nace
 La libertad, porque nosotros vemos
 Que nada puede hacerse de la nada.
 La pesadez impide ciertamente
 Que todo movimiento sea efecto
 Como de fuerza extraña: mas si el alma 			370
 En todas sus acciones no es movida
 Por interior necesidad, y si ella
 Como vencida llega a ser substancia
 Meramente pasiva, esto es efecto
 De declinar los átomos un poco
 Ni en tiempo cierto, ni en lugar preciso.
 Jamás la suma de los elementos
 Más densa fue o más rara que al presente,
 Pues ni se aumenta ni se disminuye:
 Por lo que el movimiento que ahora tienen, 		380
 En los pasados siglos le tuvieron,
 Y siempre le tendrán en adelante:
 Y los cuerpos que suelen producirse,
 Producidos serán del mismo modo,
 Y existirán y crecerán robustos,
 Y tendrán cualidades convenientes
 A su naturaleza. Es imposible
 Que a la suma trastorne fuerza alguna,
 Ni se da puerta por la cual se huyan
 Y escapen de la masa los principios; 				390
 Ni con incursión súbita en el todo
 Penetrar pueden átomos extraños,
 Que, trastornando la naturaleza,
 Todos los movimientos extravíen.
 No es de maravillar que los principios
 Estando en continuado movimiento,
 Parezca estarse quieto el Universo,
 A excepción de los cuerpos que le tienen
 De suyo propio; pues sentidos nuestros
 No pueden percibir los elementos; 				400
 Por lo que si su masa es invisible,
 Debe serlo más bien su movimiento,
 Puesto que la distancia nos oculta
 La agitación de cuerpos más sensibles:
 Porque frecuentemente las ovejas
 Paciendo alegres pastos por los cerros,
 Trepan por do las llaman y convidan
 Las frescas hierbas, quo el rocío esmalta,
 Mientras que los corderos hartos juegan
 Y topan blandamente; lo cual todo 				410
 Vemos confusamente desde lejos:
 Parece la verdura del collado
 Contrastar la blancura del ganado.
 Y cuando desplegadas las legiones,
 Numerosas también, cubren los llanos
 Haciendo simulacros de batallas,
 Y en torno dan carreras los corceles,
 Y sacudiendo con esfuerzo y brío
 Traspasan de repente inmensos campos;
 El brillo de las armas sube al cielo, 				420
 Reluce con el bronce todo el suelo,
 Y resuena la tierra con los pasos
 De soldados valientes, y los montes,
 Heridos del clamor, lanzan los gritos
 Las estrellas: sin embargo, inmóvil
 Parece estar aquella muchedumbre
 Mirada de la cumbre de algún monte,
 Y ser el brillo propio de la tierra.
 Ora procede que tu mente indague
 Las cualidades de los elementos, 				430
 Cuán diferentes sean en sus formas
 Y cuál la variedad de sus figuras:
 No porque haya un gran número que sea
 De formas diferentes; mas los seres
 Que ellos componen nunca se asemejan:
 Tampoco esto es extraño, pues he dicho
 Ser su número inmenso, ilimitado;
 No deben, pues, tener las mismas formas
 Exactamente con igual contorno.
 Considera además la raza humana 				440
 Y mudos nadadores escamosos,
 Y los hermosos árboles, y fieras,
 Y variedad de aves que frecuentan
 Los sitios deleitosos de las aguas,
 Las riberas y fuentes y lagunas,
 Y las que corren bosques solitarios
 Con raudo vuelo; en general compara
 Los individuos de cualquier especie,
 Y encontrarás en ellos diferencia:
 El hijo no podría de otro modo 					450
 Conocer a la madre, ni ésta al hijo;
 Vemos que se conocen mutuamente,
 Como el hombre conoce sus hijuelos.
 Porque frecuentemente degollado
 En los hermosos templos de los dioses
 Cae el becerro al lado de las aras
 Turicremas, brotando de su pecho
 La sangre un río ardiente: deshijada
 La madre, empero, aquí y allí corriendo
 Por verdes bosques, va estampando en tierra 		460
 Las hendidas pezuñas, registrando
 Con ojo ansioso todos los parajes,
 Por si en alguno a su perdido hijo
 Puede topar; parándose a menudo,
 Llena de quejas el frondoso bosque
 Y el establo revee continuamente,
 Clavada con la pérdida del hijo.
 Ni las hierbas lozanas con rocío,
 Ni tiernos sauces, ni la orilla amena
 De ríos espaciosos la deleitan, 					470
 Ni la infunden olvido de su pena:
 Ni por risueños pastos el aspecto
 De los demás becerros a otra parte
 La distraen y la alivian del cuidado:
 ¡Tan propio y conocido es lo que busca!
 Conocen además los tiernos chotos
 Con voz temblosa a las cornudas madres
 Y balantes corderos topadores:
 Y así, guiados por naturaleza,
 A mamar corren las lecheras ubres. 				480
 Por fin, el trigo, aunque parece el mismo,
 Alguna diferencia hay en sus formas;
 Del mismo modo, vemos que las conchas
 Hermosean el seno de la tierra
 Por donde el mar la embebedora arena
 De corva playa alisa con las ondas
 Suaves. Luego deben los principios
 Andar bajo de formas diferentes
 En el vacío por naturaleza,
 Puesto que ellos no han sido fabricados 			490
 Por el arte con formas peculiares.
 Ya nos es fácil explicar la causa
 De insinuarse mejor fulmíneo fuego
 Que el nuestro producido de las teas:
 Porque puedes decir que se componen
 Los fuegos celestiales de los rayos
 De átomos más sutiles, que se cuelan
 Por poros que no puede entrar el fuego
 Que hacemos, de las leñas y las teas.
 ¿Por qué, en fin, a la luz da paso el cuerno 			500
 Y se la niega al agua? ¿No se forma
 La luz, acaso, de átomos más finos
 Que los que forman a las aguas bellas?
 Se cuela en un instante por el filtro
 El vino, y el aceite gota a gota;
 Porque éste se compone de principios
 Más densos, más unidos y enlazados,
 Con tanta prontitud no se separa,
 Pasando lentamente por el filtro.
 La miel y leche deliciosamente					510
 Por otra parte el paladar recrean;
 Pero el amargo ajenjo y la centaura
 Silvestre punzan con sabor ingrato:
 De modo que conoces fácilmente
 Que son lisos y esféricos los cuerpos
 Que nos causan sabores agradables;
 Que la amargura y aspereza nacen
 Del conjunto de átomos torcidos
 Que, fuertemente unidos, acostumbran
 Abrirse paso al paladar, rompiendo 				520
 Los órganos del gusto con su entrada.
 El placer y el dolor, últimamente,
 Que los cuerpos excitan en nosotros
 Nacen de la figura diferente
 De sus principios; ni el rechino ingrato
 De la estridente sierra te figures
 Que elementos le engendran y producen
 Tan finos como son las consonancias
 De cítara armoniosa, que despiertan
 Los dedos de los músicos expertos. 				530
 Tampoco debes dar la misma forma
 A los átomos fétidos que vienen
 De un cadáver quemado, a los que exhalan
 En el teatro aromas de Cilicia,
 Y los olores del pancreo, ungüento
 Que embalsama los templos de los dioses.
 Ni los bellos colores se componen
 De los mismos principios, si recrean
 La vista, o si la punzan de manera
 Que nos hacen llorar, o la torcemos, 				540
 Por ser horribles y de hedionda forma:
 Luego todos los cuerpos que recrean
 Y halagan los sentidos son formados
 De los átomos finos; y al contrario,
 Los cuerpos que son ásperos, molestos,
 De elementos más rudos o imperfectos.
 Hay principios también que no son lisos
 Perfectamente, ni del todo corvos,
 Sino erizados de salientes puntas
 Que regalar más bien que dañar pueden 			550
 Los sentidos: se cuenta en esta clase
 La fécula y la ínola gustosa.
 Y últimamente, las ardientes llamas
 Y los hielos de invierno a los sentidos
 Punzan con aguijones diferentes;
 Esta verdad el tacto nos demuestra:
 El tacto, el tacto, sí: ¡deidades santas!
 Del cuerpo este sentido se declara,
 Ya cuando se insinúa un cuerpo extraño,
 Ya cuando nos molesta causa externa: 			560
 Cuando recrea Venus enviando
 Semilla creadora, o cuando el choque
 Nos inquieta turbando la armonía,
 Y confunde el sentido; como puedes
 Hacer tú la experiencia, si una parte
 Hirieres de tu cuerpo con la mano:
 Luego las diferentes impresiones
 De los objetos deben explicarse
 Por las distintas formas de los átomos.
 Deben los cuerpos duros y compactos 			570
 Tener unos principios más corvados,
 Más unidos, ramosos y enlazados,
 Cuales son, entre otros, los diamantes,
 Que se burlan de golpes repetidos,
 El duro pedernal y el fuerte hierro,
 Y bronces rechinantes de los quicios.
 Empero aquellos líquidos formados
 De cuerpo fluido deben componerse
 De partes alisadas y redondas,
 Puesto que no pudiendo entrelazarse 				580
 Glóbulos de esta clase, también ruedan
 En un plano inclinado fácilmente.
 Los fluidos que ves en un instante
 Disiparse fugaces como el humo,
 Las nieblas y las llamas, no se forman
 De lisos y redondos elementos,
 Puesto que el cuerpo hieren y se punzan,
 Y penetrando los peñascos, deben
 Agudos ser, no corvos sus principios,
 Y les daremos puntas más que ganchos. 			590
 No debes admirarte cuando veas
 Cuerpos a un tiempo fluidos y amargos,
 Como el agua del mar, pues se componen
 De unos átomos lisos y redondos
 Los fluidos, mezclándose con ellos
 Punzantes elementos, causadores
 De dolor: sin embargo, no es preciso
 Sujetarlos por medio de corchetes;
 Basta que sean redondos y escabrosos,
 Que a un mismo tiempo hacia adelante pueden 		600
 Rodar y causar daño a los sentidos.
 Para que te convenzas de la mezcla
 De los principios lisos y angulosos,
 Que causan la amargura de Neptuno,
 Contemplemos sus partes separadas:
 Filtrándose en el seno de la tierra,
 Endúlzanse las aguas, y se cuelan
 En depósitos dulces: sus principios
 De mayor aspereza se detienen
 En los conductos por donde han pasado. 			610
 A esta verdad juntemos también otra
 Que está unida con ella y lo comprueba:
 Y es, que son limitadas las figuras
 De los principios; sin lo cual debieran
 Los átomos tener una grandeza
 Ilimitada, pues tan chicos cuerpos
 Pueden variar poco sus figuras:
 Tú debes contemplarlos divididos
 En tres, o bien en más mínimas partes:
 Tal vez cuando las hayas colocado 				620
 De cuantos modos puedas de alto a bajo,
 Pasa las de la izquierda a la derecha;
 Cuando, por fin, hubieres acabado
 De combinar del modo que gustares,
 Si variar quisieres las figuras,
 Es preciso que añadas partes nuevas
 Y otras del mismo modo al infinito.
 Las formas de los átomos no puedes
 Multiplicar sin que el volumen crezca,
 Ni atribuirles formas infinitas 					630
 Sin que les des grandeza ilimitada:
 Todo lo cual probé ser imposible.
 Ya las telas riquísimas de Oriente,
 La púrpura brillante Melibea
 Teñida con las conchas de Thesalia,
 Y el pomposo espectáculo que ofrece,
 De los pavones la risueña gracia,
 Sobrepujados luego se rindieran
 Al fulgor de más vívidos colores;
 Y el olor de la mirra fastidiara, 					640
 Y el sabor de la miel, y el armonioso
 Cisne, y de Febo los divinos cantos,
 Con infame silencio callarían,
 Pues sin interrupción se sucedieran
 Las sensaciones mucho más gustosas.
 Y en las desagradables cualidades
 Llegáramos también al infinito:
 Porque los ojos, la nariz y oídos
 Y el gusto siempre sensación ingrata
 Tendrían que sufrir; mas los efectos 				650
 Siendo contrarios, y teniendo el todo
 Límites ciertos por entrambos lados,
 Es preciso confieses las figuras
 De los átomos ser también finitas.
 Por último; hay distancia limitada
 Desde el calor hasta los hielos fríos,
 Del invierno, y así reciprocando,
 Frío y calor ocupan los extremos;
 Por grados llena en medio la tibieza
 El intervalo que hay; es limitada 				660
 La cualidad sensible de los cuerpos,
 Pues que por ambas partes los limitan,
 De aquí el fuego, de allí el rígido hielo.
 Siendo, pues, limitadas las figuras
 De los átomos, debe ser su copia
 En cada clase de ellas infinita:
 Lo inferimos así forzosamente,
 porque sin ello fuera la materia,
 Contra lo que probamos, limitada.
 Prosigamos ahora declarando 					670
 En pocos versos, y con dulce estilo,
 Cómo el gran todo a conservar alcanza
 De átomos la infinita muchedumbre
 Por tan continuos choques agitada.
 Si ves unas especies reducidas,
 Y observas tú que la Naturaleza
 Es en su producción menos fecunda;
 En otras tierras y en remotos climas
 Ellas las multiplica y las completa:
 Tal es aquel cuadrúpedo disforme, 				680
 El elefante, armado con su trompa,
 De cuya inmensa copia la India forma
 Trincheras de marfil impenetrables:
 Cuadrúpedos que apenas conocemos.
 Si por acaso en la Naturaleza
 Ha habido un solo cuerpo que no tuvo
 Igual en todo el mundo; mas no siendo
 Infinitos los átomos, no puede
 Existir ni crecer ni alimentarse
 El cuerpo que esos átomos formaron. 				690
 Supongamos dispersos en la suma
 De un cuerpo los principios limitados:
 ¿De qué modo podrán ellos juntarse
 En un piélago vasto de materia?
 ¿Con qué fuerza, en qué sitio, de qué modo
 En tanta confusión podrán unirse?
 No tienen medio alguno de enlazarse.
 Pero como después de un gran naufragio
 Lejos suele arrojar el mar los barcos,
 La proa, las entenas, gobernalles 				700
 Y mástiles nadantes, y las jarcias
 Flotando por las costas de las tierras,
 Porque vean y aprendan los mortales
 Esta lección terrible, y huir quieran
 Las insidias y fuerzas y el engaño
 De la pérfida mar, y no la crean
 Cuando con engañosa calma ríe;
 Si concibes así los elementos
 Con número finito y limitado,
 Del mismo modo nadarán dispersos 				710
 Por su misma materia rebatidos
 Eternamente, sin jamás unirse:
 Mas si acaso un momento se enlazasen,
 Esta unión no podrá llegar a colmo
 Y crecimiento; mas diariamente
 Vemos las formaciones y progresos
 De todo cuerpo: luego los principios
 Vemos con claridad ser infinitos,
 Pues que conservan las especies todas.
 Así los movimientos destructores 				720
 No pueden destruir perfectamente,
 Ni acabar para siempre con los cuerpos;
 Así los movimientos creadores
 No pueden darles duración eterna:
 Desde la eternidad viven en lucha
 Con el mismo poder ambos principios:
 Victorias y derrotas continuadas
 De unos y otros alternan; juntos andan
 La muerte y el vagido que levantan
 Los niños cuando ven la luz hermosa: 			730
 Ni tras el día se siguió la noche,
 Ni tras la noche aurora, sin que oyesen
 Vagidos lastimosos confundidos
 Con llantos compañeros de la muerte,
 Y secuaces de tristes funerales.
 Conviene que con rasgos indelebles
 Este principio en la memoria grabes:
 No haber un solo cuerpo conocido
 En su propia interior naturaleza
 Que de una especie sola de principios 			740
 Se forme; ni ninguno que no conste
 De mezcla de principios; cuanto un cuerpo
 Tiene más propiedades, más difieren
 En número y figura sus principios.
 Porque primero abraza en sí la tierra
 Los elementos de los grandes ríos,
 Que el mar inmenso sin cesar renuevan.
 Tiene también los fuegos subterráneos,
 Que la abrasan a veces encendidos:
 Y el ímpetu del Etna se enfurece 				750
 Con vivas llamas: tiene las semillas
 Con que pueda criar la raza humana,
 Y árboles ledos y lucientes frutos:
 Blandas hojas también, y alegres pastos
 Encierra en sí, que de alimento sirvan
 A las fieras que habitan las montañas.
 Razón por qué ella sola fue llamada
 La gran madre de dioses y animales,
 Criadora también de nuestro cuerpo:
 Los antiguos poetas doctos griegos 				760
 La cantaron subida sobre un carro,
 Dos leones uncidos agitando;
 Dándonos a entender que en el espacio
 La tierra suspendida, no podía
 Tener más firme base que a sí misma:
 Y las fieras al yugo sujetaron,
 Porque los beneficios de los padres
 Deben triunfar aun de los fieros hijos;
 De corona mural la rodearon,
 Porque de plazas fuertes y ciudades 				770
 Toda la redondez está cubierta:
 Y al presente ciñendo esta diadema,
 Con terror de los pueblos paseada
 La imagen es de la divina madre:
 Varias gentes la llaman madre Idea,
 Conforme a los antiguos sacrificios,
 Y en su séquito van catervas frigias,
 Porque dicen que allí la agricultura
 Tuvo su origen y de allí triunfante
 Se extendió por el orbe; son castrados 			780
 Los sacrificadores, porque quieren
 Significar que deben ser tenidos
 Por indignos de dar a la luz bella
 Unos vivos retratos de sí mismos
 Aquéllos que faltaren al respeto
 De sus padres, modelos de la diosa,
 Y los que ingratos con sus padres fueren.
 En sus manos resuenan los tambores
 Estrepitosos, y los retumbantes
 Címbalos, y amenazan las trompetas 				790
 Con un sonido ronco, y estimula
 La flauta en tono frigio los furores;
 Y empuñan lanzas, de la muerte indicios,
 Para llenar de espanto a los ingratos
 Y a los pechos impíos con la diosa.
 Por lo que en tanto que la estatua muda
 En las grandes ciudades paseada
 Ofrece a los mortales en secreto
 El rico manantial de sus favores,
 Arrojan al momento por las calles 				800
 Riquezas y dinero a manos llenas;
 Llueven flores y rosas, sombreando
 A la madre y brillante comitiva.
 Un batallón armado, que los griegos
 Llaman Curetas frigios, retozando
 Con pesadas cadenas se sacuden:
 Y bailan al compás, y alegres miran
 La sangre que les corre, y agitando
 Con furor los terríficos penachos
 De sus cabezas, traen a la memoria 				810
 Los Curetas dicteos, que ocultaron
 En Creta aquel vagido, según dicen,
 De Jove un tiempo, mientras que giraban
 En leve danza, armados los infantes
 En torno al niño, y a compás herían
 El bronce estrepitoso por el miedo
 De que Saturno no le devorase
 Con su diente cruel, y eternamente
 Hiriese el tierno pecho de la madre:
 Por eso la acompaña gente armada; 				820
 Cual si quisiera predicar la Diosa
 Que con las armas y el valor defiendan
 Los hombres a su patria, y sean a un tiempo
 El amparo y la gloria de sus padres.
 Esta ficción tan bella y tan galana
 La razón verdadera la reprueba;
 Pues la naturaleza de los dioses
 Debe gozar por sí con paz profunda
 De la inmortalidad: de los sucesos
 Humanos apartados y distantes; 				830
 Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
 Por sí mismos, en nada dependientes
 De nosotros: ni acciones virtuosas
 Ni el enojo y la cólera los mueven.
 Ciertamente la tierra en todo tiempo
 Carece de sentido, y ella misma
 Debe las producciones que tenemos
 De átomos a la varia muchedumbre
 Que en su seno contiene. Mas si alguno
 Quiere más que se llame al mar Neptuno 			840
 Y a las mieses poner nombre de Ceres,
 Y si el nombre de Baco prefiriere
 A aquel vocablo propio que tenemos,
 Concedamos también llamar la tierra
 Con el nombre de madre de los dioses,
 Aunque tal madre fabulosa sea.
 Así, por lo común apacentados
 En unos mismos prados grey lanuda,
 La prole belicosa del caballo
 Y ganados cornudos, bajo un clima, 				850
 Y su sed apagando el mismo río,
 Son, no obstante, diversas sus especies,
 Y la naturaleza de sus padres
 Conservan, imitando sus costumbres:
 Tanta es la diferencia de las hierbas,
 Tan grande la del agua de los ríos.
 Además, que los huesos, sangre, venas,
 El calor, la humedad, nervios, entrañas,
 Todo animal componen; y diversas
 Entre sí son tan sólo estas substancias 			860
 Por la diversidad de sus principios.
 Los cuerpos combustibles a lo menos
 Contienen los principios de la llama,
 De la luz, de las chispas y ceniza,
 Y del humo. Tu mente si escudriña
 Los cuerpos todos, todas las substancias,
 Encontrará que envuelven las semillas
 De muchas cosas, y figuras varias.
 Ves, en fin, que gran número de cuerpos
 Son a la vez del gusto y del olfato 				870
 Percibidos: cual suelen en los templos
 Expiatorias víctimas que inmola
 El criminal ansiado a las deidades.
 Luego los elementos de los cuerpos
 Difieren entre sí; pues los olores
 Penetran en los órganos por donde
 No penetra el sabor del alimento.
 Y el gusto y el sabor de los manjares
 Por vías muy distintas se introducen:
 Nacen de las figuras diferentes 					880
 De los principios estas cualidades;
 Pues que se juntan diferentes formas
 En un solo montón y su tejido,
 De principios mezclados conste el cuerpo.
 Y aunque también en estos versos míos
 Observes que las mismas letras vienen
 En la composición de muchos nombres,
 Es forzoso, no obstante, reconozcas
 La diferencia que hay entre las letras
 De versos y palabras; pues que tienen 			890
 Muchas letras comunes, y a las veces
 Los componen los mismos elementos,
 Mas la totalidad no es resultado
 De este mismo conjunto; así los cuerpos
 En la naturaleza diferentes,
 Aun cuando tengan átomos comunes,
 Diferir pueden entre sí las masas:
 Y con razón diremos que los hombres,
 Los frutos y los árboles hermosos
 No constan de los mismos elementos. 			900
 No creamos que puede mutuamente
 Toda especie de átomos unirse;
 Pues se verían monstruos de continuo,
 Existirían hombres medio fieras,
 Y de un animal vivo nacerían
 Frondosos ramos; se unirían substancias
 Terrestres a marinas; las quimeras,
 Lanzando fuego de su horrible boca,
 Todas las producciones de la tierra
 Devastarían: mas si nada de esto 				910
 Se hace claramente, pues los cuerpos,
 Formados todos de elementos fijos,
 Por una cierta fuerza creadora,
 Vemos que pueden conservar su especie
 Particular conforme van creciendo,
 Preciso es que este orden se conserve:
 Porque cada animal saca los jugos
 Que le son más análogos al cuerpo
 De todos los sustentos que le nutren,
 Y le dan movimientos convenientes: 				920
 Empero las moléculas extrañas
 Que no han podido unirse, ni animarse,
 Ni consentir vitales movimientos,
 Naturaleza las arroja al suelo,
 O por una inacción se libra de ellas.
 Mas por si acaso juzgas que a estas leyes
 Sólo los animales se sujetan,
 En toda producción verás lo mismo;
 Porque como entre sí difieran todas,
 Es necesario que sus elementos 					930
 De diversas figuras se compongan:
 No porque de figuras diferentes
 Haya muchos principios; antes nunca
 Pueden enteramente parecerse
 Los individuos que resulten de ellos.
 Y así, esta diferencia de principios
 Establece también otra forzosa
 En las distancias, choques, direcciones,
 En encuentros, uniones, movimientos:
 Por estas cualidades, no tan sólo 				940
 Distinguimos los cuerpos animales,
 Antes el mar distinguen de la tierra,
 Y el cielo de la tierra diferencian.
 Escucha los discursos indagados
 Con mi dulce trabajo: no te engañes
 Quizá creyendo que los cuerpos tienen
 El color negro, blanco, o cualquier otro,
 Por ser así también sus elementos;
 Pues ningún color tienen los principios
 Que sea semejante o diferente. 					950
 Si acaso te parece no poderse
 Concebir sin color los elementos,
 Estás muy engañado; pues los ciegos
 De nacimiento, que jamás la lumbre
 Del Sol sus ojos vieron, con el tacto
 Conocen, sin embargo, desde niños
 Los cuerpos de ningún color teñidos;
 Así también formarnos una idea
 Podemos de los cuerpos primitivos
 Sin que tengan colores. Finalmente: 				960
 Cuando tocamos por nosotros mismos
 A obscuras cualquier cuerpo, no sentimos
 De qué color o tinte está teñido.
 Juntemos el discurso a la experiencia:
 Pues de todo color seguramente
 Se muda en cualquier otro, los principios
 No deben padecer estas mudanzas;
 Inmutables serán forzamente;
 A no ser que la suma se aniquile:
 Pues traspasar no puede cuerpo alguno 			970
 Los límites que tiene, sin que deje
 De ser lo que antes era; por lo tanto,
 No atribuyas color a los principios;
 No sea que el gran todo se aniquile.
 Si ha negado, además, naturaleza
 A los primeros cuerpos los colores,
 De formas diferentes los adorna
 Que producen matices variados
 De infinitas maneras. Mucho importa
 Considerar la situación y mezcla, 				980
 Y aquellos movimientos respectivos
 De los átomos pueden fácilmente
 Dar la razón por qué los cuerpos mismos
 Que mostraban poco antes color negro,
 De repente le cambian en blancura
 Marmórea: cuando vientos furibundos
 Revolvieron los mares, por qué causa
 Blanquean como mármoles sus ondas:
 Puedes dar por respuesta que en un cuerpo
 Si los principios negros a la vista 				990
 Se confunden, se alteran y trastruecan,
 Y huyen algunos de ellos de su puesto,
 Puede la superficie de este cuerpo
 Llenarse de blancura relumbrante;
 En vez de que si fueran azulados
 Los principios del mar, no blanquearían;
 Pues de cualquiera modo que perturbes
 Los cuerpos azulados, jamás pueden
 Blanquear como el mármol reluciente.
 Mas si el color del mar puro y sin mezcla 			1000
 Resulta de elementos que contengan
 Colores diferentes, como varias
 Figuras y otras formas, se hace un todo
 Cuadrado y uniforme: convenía,
 Puesto que en el cuadrado se distinguen
 Muy diversas figuras, que se viesen
 Así en el mar como en los otros cuerpos
 Que tienen un color puro y sin mezcla,
 Colores varios y entre sí diversos.
 Además, las figuras diferentes, 					1010
 Nada estorban, ni impiden el que tenga
 El todo exteriormente producido
 Forma cuadrada, mas la diferencia,
 En el color elemental destruye
 La total unidad de los colores.
 Se destruye la causa que movía
 A suponer principios colorados,
 Porque lo blanco y negro no resulta
 De blancos o de negros elementos,
 Antes bien de la mezcla diferente 				1020
 De colores; puesto que la blancura
 De átomos sin color es fácil nazca
 Mejor que de lo negro o su contrario.
 Pues si la luz produce los colores,
 Y su impresión no admiten los principios,
 El color en los átomos no cabe;
 ¿Qué color podrá haber en las tinieblas,
 Pues que en la misma luz se altera y cambia
 Conforme son heridos los objetos
 Por los oblicuos o directos rayos? 				1030
 No de otro modo que el collar brillante
 De las plumas que adornan la garganta
 De las palomas a las veces luce
 Con encarnado brillo de rubíes,
 Y a veces entrevera el color verde
 De la esmeralda con azul celeste:
 Y del pavón la cola, si embestida
 Es de copiosa luz, del mismo modo,
 Según sus diferentes posiciones,
 Muda colores; luego nacen éstos 				1040
 De la caída de la luz: no pueden
 Existir sin la luz, por consiguiente.
 Afectan la pupila el color blanco,
 El negro, u otro de distinto modo.
 Nada importa saber qué color tengan
 Los cuerpos que tocamos; su figura
 Es lo más esencial: los elementos
 Necesidad no tienen de colores,
 Pero sí de figuras variadas,
 Que exciten sensaciones diferentes. 				1050
 Pero si los colores de principios
 No están sujetos a figuras ciertas,
 Y una cualquiera forma de elementos
 Recibir puede los colores todos,
 ¿Por qué los cuerpos que resultan de ellos
 No son privilegiados igualmente?
 ¿Por qué el color señala las especies?
 Nos deslumbraran, pues, con blancas plumas
 En su vuelo los cuervos de ordinario,
 Y de negro color, o variado, 					1060
 Negros por lo común fueran los cisnes.
 Y cuanto más los cuerpos dividamos
 En partes muy menudas, verás cómo
 Se mueren y se acaban los colores:
 Por eso el oro reducido a polvo,
 La púrpura hilo a hilo deshilada,
 Pierden su brillo y resplandor del todo:
 De aquí puedes sacar que los principios
 Dejan todo el color primeramente
 Que en el estado de átomos se vean. 				1070
 Y pues forma visible no atribuyes,
 Ni sonido ni olor a todo cuerpo,
 Porque no todos a la vista hieren
 Ni afectan al oído ni al olfato,
 Debemos concluir que algunos de ellos
 No constan de color, así como otros
 No conocen olores ni sonidos:
 Un ánimo sagaz concebir puede
 Los cuerpos sin color, del mismo modo
 Que de otras cualidades despojados. 				1080
 Pero no pienses que naturaleza
 Haya negado sólo los colores
 A los principios; el calor y el frío,
 La tibieza también: y de sonidos
 Estériles, y ajenos son de jugos:
 Ningún olor exhalan de sí mismos.
 Así, cuando compones una esencia
 De mirra y olorosa mejorana
 Y de la flor de nardo, que trasciende,
 Tú la echas un aceite que no tenga 				1090
 Olor alguno ni al olfato envíe
 Aura suave, porque no corrompa
 Con su hedor los perfumes de las flores
 Su vapor, que ha subido en demasía.
 Y carecen, de olores y sonidos
 Los átomos que forman a los cuerpos,
 Porque de sí no pueden enviarlos;
 Ni son sabrosos, fríos, ni calientes,
 Ni tibios, sin aquellas cualidades
 Que causan la ruina de los cuerpos, 				1100
 La flexibilidad y la blandura;
 Corruptibilidad tener no pueden,
 Fragilidad, ni mezcla de materia
 Y de vacío, si a naturaleza
 Queremos dar eternos fundamentos
 En los que siempre estribe y se conserve,
 Y al aniquilamiento no se rinda.
 Sin embargo, es preciso que confieses
 De átomos insensibles ser formados
 Todos los cuerpos que de sentimiento 			1110
 Están dotados; la experiencia misma
 Apoya esta verdad, no solamente,
 Sino que te conduce por la mano
 Y te muestra nacer los animales
 De insensibles recónditas semillas.
 Así que vemos del hediondo cieno
 Nacer gusanos vivos cuando ha sido
 Podrida con las lluvias abundantes
 La húmeda tierra: vemos transformados
 Todos los cuerpos; árboles y ríos 				1120
 Y los prados risueños se convierten
 En ganados, y en nuestros mismos cuerpos
 Transfórmase el ganado, y a menudo
 Con nuestro cuerpo auméntanse los bríos
 De alimañas y de aves carniceras.
 Así convierte la naturaleza
 Todos los alimentos en substancias
 Vivas, del mismo modo que transforma
 Áridos leños en fogosas llamas.
 Y ¿dudarás acaso cuánto importa 				1130
 Considerar la mezcla de los átomos,
 Su posición y mutuos movimientos?
 ¿De qué naturaleza son los cuerpos
 Que el mismo ánimo agitan y conmueven,
 Y en él excitan varias sensaciones,
 Si niegas que produce la materia,
 Insensible por sí, sensibles seres?
 Es cierto que las piedras y los leños,
 Aunque la misma tierra se les una,
 No pueden producir el sentimiento 				1140
 De la vida: por eso no pretendo
 Que los átomos todos sean capaces
 De componer en un momento seres
 Sensibles, pero creo de importancia
 Atender a su número y grandeza,
 su orden, su figura y movimiento,
 Y situación; pues nada de esto vemos
 En troncos y terrones: sin embargo,
 Por medio de las lluvias, corrompidos
 Estos cuerpos, parecen gusanillos, 				1150
 Porque sus elementos, removidos
 Con esta novedad, se unen de modo
 Que deben engendrar los animales.
 En fin, cuando establecen que resulta
 La sensibilidad de los principios
 Sensibles, y que aquéstos son formados
 De otros también sensibles, hacen luego
 Substancias blandas, pues que está juntada
 La sensibilidad con las entrañas,
 Nervios y venas, y procede todo 				1160
 De cuerpos blandos y perecederos.
 Pero aunque sin embargo concedamos
 Una existencia eterna a estos principios,
 O ellos deben tener el sentimiento
 En una parte, o ser animalejos:
 Mas no pueden sentir por sí las partes,
 Y el sentimiento de los otros miembros
 No se les comunica, ni la mano
 Separada del cuerpo, ni una parte,
 En alguna manera siente aislada: 				1170
 Luego ellos son perfectos animales,
 Dotados de absoluto sentimiento:
 Pues ¿cómo se podrán llamar principios,
 Y cómo evitarán ellos la muerte,
 Siendo animales como aquellos otros
 Que vemos perecer todos los días?
 Pero aunque concedamos ser posible,
 ¿Su conjunción engendrará otra cosa
 Que un pueblo numeroso de animales?
 Así como los hombres, los ganados, 				1180
 Y alimañas por medio de la Venus
 Engendran hombres, fieras y ganados.
 Pero si acaso dejan los principios
 Su propio sentimiento, y toman otro,
 ¿Por qué razón tal cualidad les dimos
 Para quitarla luego por inútil?
 Pues si vemos los huevos de las aves
 En volanderos pájaros mudarse,
 Y en gusanos hervir la tierra cuando
 Por abundantes lluvias fue tomada 				1190
 De podredumbre: luego nacer pueden
 De átomos no sensibles sentimientos.
 Y nadie piense que nacer pudiera
 El sentimiento de lo no sensible
 Por alguna mudanza que se hace,
 Como del animal en la nacencia
 Antes que salga fuera, pues más claro
 Vemos que la radiante luz del día
 Que no se verifica nacimiento,
 Sino después de formación interna, 				1200
 Ni se cumple en el ser mudanza alguna
 Sin una asociación antecedente.
 De modo que no existe sentimiento
 Antes que el animal formado sea;
 Porque antes de formarse andan dispersos
 Por el aire y las aguas los principios,
 Y por la tierra y fuego: no han tenido
 Reunión, ni vitales movimientos,
 Ni choques de aquel modo conveniente
 Que inflame los sentidos luminosos, 				1210
 Que al animal custodian y defienden.
 Y si un choque más fuerte y poderoso
 Que el que puede sufrir su resistencia
 Aflige al animal en un instante,
 Y confunde a la vez las facultades
 Del ánimo y del cuerpo; y los principios
 El desorden disuelve, y se suspenden
 Del todo los vitales movimientos,
 Hasta que la materia sacudida
 Rompe del alma los vitales lazos, 				1220
 Y por todos los poros la echa fuera
 Estando derramada por el cuerpo:
 ¿Qué puede producir un igual choque,
 Sino alterar y disolver los cuerpos?
 A las veces sucede, si el ataque
 Es menos violento, que los restos
 De vital movimiento vencen, triunfan
 Y calman los desórdenes del choque,
 Y vuelven nuevamente a sus conductos
 Las partes ordenadas que dominan 				1230
 Ya casi a destructores movimientos
 Señores de la máquina, y encienden
 El sentimiento ya casi perdido.
 Por lo que el alma de las puertas mismas
 De la muerte a la vida es revocada
 Primero que ceder a los impulsos
 Que ya casi a la muerte la arrastraban.
 Pues sentimos dolor en nuestro cuerpo
 Cuando de la materia los principios
 De alguna fuerza extraña conmovidos 			1240
 Por las vivas entrañas, por los miembros
 Se agitan en desorden; y tenemos
 Blando deleite cuando a su orden vuelven:
 Inferimos de aquí, que los principios
 Ni dolor ni deleite por sí tienen;
 Supuesto que de partes no se forman,
 Cuyo desorden pueda atormentarlos,
 O algún fruto coger de alma dulzura;
 Insensibles por tanto son los átomos.
 Si hemos de dar sensibles elementos, 				1250
 En fin, al animal para que sienta,
 Será forzoso, pues, que los principios
 Constitutivos de la raza humana
 Den grandes carcajadas, y que bañen
 Con abundantes lágrimas el rostro
 Y que penetren los secretos grandes
 De la sabiduría, y que analicen
 Sus propios elementos componentes:
 Pues siendo en su estructura semejantes
 A todos los mortales, deben ellos 				1260
 Resultar de diversos elementos,
 Y éstos de otros principios, de manera
 Que nunca puedas encontrar el término;
 Yo no me cansaré; siempre que digas
 Reír, hablar y discurrir un cuerpo,
 Es preciso que tengan sus principios
 Las mismas facultades; mas si vemos
 Ser esa pretensión una locura
 Y un gran delirio, y si reír se puede
 Sin principios risueños, si se puede 				1270
 Discurrir y explicarse sabiamente
 Sin sabios y elocuentes elementos;
 ¿Por qué seres sensibles no podrían
 Resultar de principios insensibles
 Que carezcan de todo sentimiento?
 Todos, en fin, del aire somos hijos;
 Él es el padre universal, de todos;
 Y alma tierra la madre: recibiendo
 De lo alto en gotas líquidas las aguas,
 Preñada, pare los hermosos frutos 				1280
 Y árboles ledos, y la raza humana
 Y pare toda especie de animales
 Cuando les da alimentos con que todos
 Apacientan sus cuerpos, y disfrutan
 De dulce vida y sin cesar propagan:
 Por lo que con razón madre es llamada.
 Los cuerpos que han salido de su seno
 Los vuelve en sí a abrazar; y la materia
 Enviada del aire es recibida
 En el espacio etéreo nuevamente: 				1290
 No dudes ser eternos los principios,
 Porque nosotros sin cesar los vemos
 Dejar la superficie de los cuerpos,
 Y a las veces nacer y morir luego:
 No destruye la muerte los principios
 Así como los cuerpos; su tejido
 Rompe tan solamente, y los reforma,
 Y nuevas formas y colores nuevos
 Hace que estén tomando de continuo;
 Los obliga también en un instante 				1300
 A dar y recibir el sentimiento.
 Bien sabes tú cuán importante sea
 Mirar el orden, mezcla y movimientos
 Recíprocos que tienen los principios.
 Pues lo mismo producen mar y cielo,
 La tierra, ríos, sol y las semillas,
 Árboles y animales. De igual modo
 Que en mis versos contemplas diferente
 La combinación y orden de las letras;
 Pues aunque las palabras se componen 			1310
 En parte de los mismos elementos,
 En el orden difieren solamente:
 Así en los cuerpos de Naturaleza
 Si cambian las distancias, direcciones,
 Uniones, gravedades, orden, choques,
 Colocación, reencuentros y figuras,
 Serán los resultados muy diversos.
 Aplícate ahora a la sabiduría,
 Pues deseo que entiendas las verdades
 Nuevas que va a exponer ante tus ojos 			1320
 Con nuevo orden de cosas: sin embargo,
 Como tan fácil opinión no haya
 Que no sea difícil adoptarla
 Al principio, y nada hay tan admirable
 Y tan extraordinario en sus principios
 Que con el tiempo deje de admirarse:
 Si el color puro y claro de los cielos,
 Y el que contienen los errantes astros,
 De sol y luna el brillo luminoso,
 Si fuera todo junto presentado 					1330
 A los mortales por la vez primera,
 Como si lo pusieran de repente
 Y de un golpe a su vista, ¿qué podría
 Decirse comparable a estos objetos?
 ¿O qué nación osara la primera
 Creer posibles cuadros tan grandiosos?
 Ninguna a mi entender: ¿mas quién podría
 Sentir ahora admiración tamaña?
 De la hartura de ver ya fatigados
 Nadie se digna levantar sus ojos. 				1340
 A la luciente bóveda del cielo.
 Deja de desechar, despavorido
 De aquesta novedad, la razón misma;
 Pésalo tú con juicio más delgado
 Abraza mis verdades si son ciertas,
 O ármate contra ellas, si son falsas;
 Con la razón el ánimo examina
 Lo que hay del otro lado de los muros
 Del orbe, en los espacios infinitos.
 Hasta do quiera penetrar la mente, 				1350
 Y el espíritu libre remontarse.
 Primero, como dije, es infinito
 El gran todo hacia arriba. y hacia abajo,
 Por izquierda y derecha a todos lados:
 Así lo aclama la experiencia misma,
 Y lo declara la naturaleza
 Del infinito: luego si un espacio
 Se extiende ilimitado a todas partes,
 Si semillas sin número movidas
 Por este espacio inmenso nadan siempre 			1360
 Desde la eternidad con mil figuras,
 ¿Es probable que no se haya criado
 Mas que el cielo y el orbe de la tierra;
 Que estén en los espacios ulteriores
 Innumerables átomos ociosos;
 Habiendo especialmente fabricado
 Este mundo por sí naturaleza,
 Y los mismos principios de los cuerpos
 De suyo por acaso reunidos
 Con choques y continuos movimientos 			1370
 Enteramente inútiles y vanos
 Masas particulares produjeron
 Como mar, tierra, cielo y animales?
 ¿Quién no ha de confesar racionalmente
 Que forma la materia reunida
 Otros muchos compuestos como éste,
 Que el aire abraza en su recinto inmenso?
 Cuando además materia en abundancia
 Está dispuesta, y un espacio pronto
 A recibirla, ni su movimiento 					1380
 Impide algún estorbo, es claro deben
 Formarse seres; y hay tan grande copia
 De principios, que no pueden contarlos
 Aunque se junten mil generaciones:
 Y si para juntarse en otra parte
 Tienen la fuerza y la naturaleza
 Igual a los principios de este mundo,
 Es preciso confieses que las otras
 Regiones del espacio también tienen.
 Sus mundos, varios hombres y animales. 			1390
 Además de esto, en la naturaleza
 No hay un solo individuo de su especie
 Que nazca y crezca único y aislado,
 Y que no forme parte de una clase
 Muy numerosa: en especial observa
 Animales y fieras montaraces,
 Hombres y mudos peces escamosos,
 Todos los cuerpos de las varias aves;
 Por lo menos diremos precisados
 Que el cielo, tierra, mar, el sol y luna, 				1400
 Y todo cuanto existe no son cuerpos,
 E individuos únicos aislados;
 Antes llegan a ser innumerables,
 Porque su duración es limitada,
 Y porque nacen como las especies,
 Que constan de infinitos individuos.
 Después del día genital del mundo,
 Cuando mar, tierra y sol también nacieron,
 Alrededor del mundo y por defuera
 Depositó la Suma en emisiones 					1410
 Átomos y semillas infinitas,
 Con las que el mar y tierra se aumentasen,
 De do el cielo tomara la materia
 Que sus altos palacios sustentase
 Tan lejos de las tierras, y saliese
 El aire sin cesar; pues que de todos
 Los puntos del espacio se reparten
 Los acrecentamientos de principios
 Con el choque, y se juntan a substancias
 De su naturaleza; se une el agua 				1420
 Al agua, tierra a tierra, el fuego al fuego,
 El aire se une al aire; hasta que todos
 Los seres ha llevado al fin postrero
 De su crecer la poderosa madre
 Que todo lo creado perfecciona:
 Esto se verifica si repara
 En proporción las pérdidas del cuerpo:
 La vida entonces queda en equilibrio
 Por un momento, y la naturaleza
 Refrena con su fuerza el crecimiento. 				1430
 Pues los cuerpos que ves engrandecerse
 Con un feliz aumento, y levantarse
 Lentamente y por grados al estado
 De madurez, adquieren más que pierden:
 Mientras todo el sustento fácilmente
 Circula por las venas, los conductos
 Ni son tan anchos y diseminados
 Que gasten y disipen mayor parte
 De la que ellos reciben: concedamos
 De los cuerpos las pérdidas ser grandes, 			1440
 Hasta llegar a su postrer aumento:
 De allí las fuerzas, el valor y brío
 Se debilitan insensiblemente,
 Y siempre el animal se desmejora,
 Pues las emanaciones son mayores,
 Cuando al postrero crecimiento llega,
 Cuanto es mayor la masa de los cuerpos
 Y mayor su extensión: no girarían
 Todos los alimentos por las venas,
 Ni con facilidad: naturaleza 					1450
 No puede reparar con mano franca
 Los hilos abundantes de materia
 Que sin cesar escapan de los cuerpos.
 Perecen, sí, de cierto enrarecidos
 A fuerza de manar, sucumben todos
 los eternos choques: pues les faltan
 En su vejez por fin los alimentos,
 Y en esta postración jamás descansan
 Los objetos externos de acabarlos.
 Y domarlos con choques destructores. 			1460
 Así también los cercos del gran todo
 Por todas partes se vendrán abajo,
 Reducidos a pútridas ruinas;
 Porque todos los cuerpos necesitan
 Ser con los alimentos reparados,
 Renovados también, y sostenidos:
 En vano es todo, porque los conductos
 Por do el sustento pasa, no están siempre
 Aptos a recibir lo necesario,
 Ni la naturaleza suministra 					1470
 Todo lo que hace falta. Y ya arrugado
 De vejez está el mundo, y tan cansada
 La tierra, que no pare más que apenas
 Ruines animales, la que un tiempo
 Parió fecunda todas las especies,
 Y dio robustos cuerpos a la fieras.
 Pues la cadena de oro, yo no creo
 Que haya del alto cielo descolgado
 Las mortales especies en los campos:
 Ni azotadoras olas de peñascos 					1480
 Ni el mar las produjeron: las criara
 La misma tierra, empero sustentadas
 Al presente por ella; y de su grado
 Ella crió además los frutos bellos,
 Y viñedos gustosos a los hombres,
 Suaves frutos y risueños pastos.
 Ella misma ofreció primeramente
 Producciones, que apenas nos concede.
 Llegar a colmo a fuerza de trabajo:
 Consumimos los bueyes y gastamos 				1490
 Los fuertes brazos de los labradores;
 Hierro apenas se encuentra para el campo;
 Tanto se desmejoran las cosechas,
 Y tanto van creciendo los trabajos:
 Ya cuántas veces labrador anciano
 Suspira meneando la cabeza
 Al ver frustados todos sus afanes;
 Y si el pasado tiempo parangona
 Con el presente, alaba de ordinario
 La suerte venturosa de sus padres: 				1500
 Se caen continuamente de sus labios
 Aquellos siglos bienaventurados
 En que los hombres de piedad henchidos,
 Más felices, con menos heredades,
 Recogían cosechas abundosas
 De aquellos pegujales miserables:
 No ve que poco a poco todo cuerpo
 Se va menoscabando, y que se estrellan
 Contra el tiempo los seres fatigados.
 Si estas verdades tienes bien grabadas, 			1510
 Libre al momento es la naturaleza,
 De soberbios señores despojada;
 Ella misma por sí rige su imperio,
 Sin dar parte a los dioses. Pechos santos
 De las deidades que en eterna calma
 Pasan vida pacífica y serena,
 Decid: ¿quién de vosotros dará leyes
 Al Universo, y sus valientes riendas
 Es capaz de llevar entre sus manos?
 ¿Y hace a la vez rodar todos los cielos? 			1520
 ¿Y quién con los influjos celestiales
 En general las tierras fertiliza,
 Y hace que en todo tiempo nos socorran?
 ¿Quién suspende las nubes tenebrosas,
 Del cielo atruena la mansión serena,
 Y lanza rayos que regularmente
 Los propios templos vuestros arruinan,
 Y su furor en vano desenvuelven
 En desiertos, y pasan con frecuencia
 Al lado de los hombres criminales 				1530
 Y al virtuoso, al inocente matan? 				1531


<<<

I - II - III - IV - V - VI

>>>