Tirsis, ¡ah Tirsis!, vuelve y endereza

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¡Tirsis!, ¡ah, Tirsis! vuelve y endereza
de Francisco de la Torre


  ¡Tirsis!, ¡ah, Tirsis! vuelve y endereza
tu navecilla contrastada y frágil
a la seguridad del puerto; mira
     que se te cierra el cielo.

  El frío Bóreas y el ardiente Noto
apoderados de la mar insana
anegaron agora en este piélago
     una dichosa nave.

  Clamó la gente mísera y el cielo
escondió los clamores y gemidos
entre los rayos y espantosos truenos
     de su turbada cara.

  ¡Ay!, que me dize tu animoso pecho
que tus atrevimientos mal regidos
te ordenan algún caso desastrado
     al romper de tu Oriente

  ¿No ves, cuitado, que el hinchado Noto
trae en sus remolinos polvorosos
las imitadas mal seguras alas
     de un atrevido mozo?

  No ves que la tormenta rigurosa
viene del abrasado monte, donde
yaze muriendo vivo el temerario
     Enzélado y Tipheo

  Conoce, desdichado, tu fortuna
y prevén a tu mal, que la desdicha
prevenida con tiempo no penetra
     tanto como la súbita.

  ¡Ay, que te pierdes! vuelve, Tirsis, vuelve,
tierra, tierra, que brama tu navío,
hecho prisión y cueva sonorosa
     de los hinchados vientos.

  Allá se avenga el mar, allá se avengan
los mal regidos súbditos del fiero
Eolo con soberbios navegantes,
     que su furor desprecian.

  Miremos la tormenta rigurosa
dende la playa, que el airado cielo
menos se encrueleze de contino
     con quien se anima menos.

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