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Una lágrima sobre la tumba de Berro

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época

GUIRNALDA POÉTICA



UNA LÁGRIMA

SOBRE LA TUMBA DE BERRO.


Oh vida ingrata la del triste vate
Que una por una disiparse mira,
Las esperanzas que con sueños de oro
         Le adormecian.

Mision amarga la que el cruel destino
Imprime ufano en su escabrosa via
Cuando á que llore la ilusion que pierde
         Tenaz le obliga.

Y el vate llora.... su consuelo es ese,
Acaso estéril, pero su alma henchida
De tanta pena, en soledad derrama
         Lágrimas pias.

Llanto y suspiros que la noche oculta,
En el silencio de su sombra amiga,
—Cuando el oido del que llora no oye
         Fria sonrisa.

Esa sonrisa desdeñosa, amarga,
Que el fuego santo de la mente enfria,
Que hiela el eco de la voz del vate,
         Cuando suspira.

Esa sonrisa tan cruel, que ahoga
Gratos sonidos de armoniosa lira
Que las miserias condolida canta
         De nuestra vida.

Oh Dios! si al hombre que tu fé venera,
Y á quien la duda sin cesar agita,
No lo sostiene tu poder inmenso,
         Señor, vacila.

Porque el combate que su pecho sufre
Y que carcome su lozana vida,
Oh Dios, se aumenta y cada sol acrece
         Su noche umbria.

Ayer el llanto humedeció mis ojos,
Que derramaron en la tumba fria
De virjen pura, que ofreciera acaso
         Durable dicha;

Pero fué el llanto que el cristiano vierte,
Cuanto ante el cielo su cerviz humilla,
Y acata ciego sus supremos juicios
         Y se resigna.

Fué una plegaria que exaló mi labio,
Una armonia que elevó mi lira,
Que crei dejara algún consuelo leve
         Al alma mia

Mas ay! ahora desengaño amargo
Vuelve á arrancarme una ilusión querida,
Que de la patria una esperanza bella
         Esteriliza.

¿No basta acaso que el azote duro,
Que la discordia con crueldad agita
Nos arrebate los objetos caros
         De nuestra vida;

Y unas tras otras abatiendo vaya
Con mano aleve y con cerviz impía
Nobles cabezas, de la patria orgullo,
         De Dios benditas?

No: que sin duda en el excelso cielo
Existe amarga maldicion escrita,
De desventuras que apurar debemos
         En esta vida.

Y ay! del que duerme entre dorados sueños,
Ay del que en dulces ilusiones fia,
Si una por una, marchitarse todas,
         Luego las mira!

Que ese vacío que nos dejan ellas,
Sino hay fé pura en la piedad divina,
Lo siente el alma que en temor y dudas
         Triste vacila.

¿No era el consuelo, la esperanza no era,
De aquesta tierra de venturas digna,
Esa existencia que en la tumba vemos
         Hoy, abatida?

El que á la patria consagró los himnos
Suaves, sonoros, de su dulce lira,
El que lloraba cuando al hombre débil
         Llorar veía:

Que derramaba celestial consuelo.
Con sus cantares, en el alma aflicta,
Ha enmudecido y nos ofrece solo
         Yertas cenizas?

Sus tiernos cantos se estinguieron ora,
Mas no los ecos de su voz querida,
Que son acentos que bondoso y pio
         El cielo envia.

Y hoy que ya el polvo de la tumba ahoga
El sufrimiento que agostó su vida,
Hoy que la muerte de los hombres deja
         Inútil la ira:

La indiferencia estenderá su velo
Aun mas pesado que la loza fria,
Sobre el sepulcro que por siempre encierra
         Su tierna lira?

Cómo!—el olvido será el solo premio
Del hombre justo que su afan dedica
A alzar su mente hasta el excelso trono
         Y allí la fija?

Que allí estudiando la verdad oculta,
Hondos misterios penetrando asidua,
Pide al Dios bueno para el hombre mísero,
         Ventura y dicha?

Oh! no, la tumba en su eternal silencio,
Si enciera avara tanta frente altiva,
No ahoga en ellas sensaciones gratas
         Que trasmitían.

No, tierno vate.... tu recuerdo, siempre,
Será memoria al porvenir querida,
Y á aquellas almas que sus dulces versos
         Adormecían.

Y yo que en ellos el consuelo hallaba,
Y que á tus horas ya son mas las mias,
Deja que riegue con copioso llanto
         Tu loza fría.

Montevideo, Octubre 1º. de 1841.


Número 818 del «Nacional» — 5 de Octubre de 1841.